Nunca noté que hasta los jaguares tienen miedo ni mucho menos llegué a presumir del pueblo de dónde vengo. Por pena me escondía los jobos que brotaban de mis brazos cuando era temporada y nunca acepté que de vez en cuando me gusta acomodarme el cabello hacia atrás porque me han dicho que me parezco a Papá.
La lluvia parece ser una buena excusa para dejarse llevar, continuar pensando una y otra vez hasta el punto de sentirse simplemente agotada, exhausta, cansada. Ella, se encierra, se cubre, se ensimisma.
A todos aquellos que hoy ven salir el sol en otras latitudes, lejos del cielo que los vio nacer; que emigraron tal como lo hacen las aves y las mariposas, a esos está dedicado A siete mil.