LA FOTOGRAFÍA COMO POSTURA POLÍTICA: Una mirada feminista de la fotografía

Actualizado: 17 mar 2021

Entrevista a Daniela Moctezuma*


Daniela Moctezuma, mujer, feminista, joven de 23 años que lleva desde los 15 disparando, aprendiendo esa otra forma de comunicarse con el mundo, me comparte una frase:

La fotografía es la inmortalización de un momento que tiene la función de preservar la memoria y esta inmortalización sucede gracias a la luz que está presente siempre en los hechos, en las personas, en los objetos que se desean inmortalizar”.

A partir de esa afirmación empieza una entrevista que más que entrevista es una conversación, una charla en donde ella me habla sobre la fotografía como lenguaje y forma de mirar e interpretar el mundo, el autorretrato, la fotografía como postura política y sobre una mirada feminista de la fotografía. Escucho y pregunto de vez en cuando, curioso; dialogamos; aprendo en silencio. No hay preguntas, tampoco es un monólogo. Mas bien es un intercambio, como la fotografía. Aquí el testimonio. (Lo guinda es de ella):


¿Qué queremos guardar en la memoria? ¿Cómo queremos que sea preservado, mirado a través del paso del tiempo, como un instante congelado? Revivir momentos, sentimientos, sonidos. Hay de disparos a disparos y el de una cámara fotográfica es uno que atraviesa el alma para guardarla dentro de una burbuja de luz. La fotografía registra instantes, instantes como piedras lúcidas, a veces de colores, que construyen la estructura de nuestro mundo. Piedras como estructuras que habrá que derribar para volver a construir, restituir, piedras para arrojar lejos y que impacten en un río desencadenando ondas visuales que muevan la aparente calma. La fotografía como lenguaje propio y lenguaje político que comunica, que informa, que cuestiona, que permanece.


La fotografía es una forma de mirar el mundo, concebirlo, pensarlo, materializarlo, una forma de entenderlo, una forma de comunicarnos con similares y diferentes. Es también la creación de un lenguaje propio que sucede a través de la imagen. Un lenguaje de la imagen que es propio.


Me inquieta. ¿Cómo construir un lenguaje más allá de las palabras? Uno que, tal vez, comunica más que la escritura. ¿Cómo es posible abandonar la palabra escrita y leer, en silencio, la luz, la imagen, los gestos? Leer los momentos; más mágico aún: leer los sentimientos. Se lo pregunto a Daniela y me responde:


Lo fundamental para crear un lenguaje propio para la foto es identificar qué es lo que te está moviendo a hacer foto. Qué es lo que te está haciendo tomar una cámara y hacer un disparo. En ese lenguaje hay que ser bien conscientes de que no podemos abarcar todo y nosotras tenemos que ubicar nuestra posición y saber de qué nos toca o de qué podemos hablar desde esa posición. No intervenir con lenguajes que les corresponden a otras personas. Una vez identificada en donde estás tú como fotógrafa, de qué quieres hablar y por qué lo quieres hablar, entonces buscar esa mirada, esa escucha activa (…) a partir de ahí ir formando el discurso, el lenguaje de tus fotos, incorporando tres sentidos: la mirada, el oído y el habla.


Entiendo, entonces, que la fotografía va más allá de la mirada, que la fotografía es una conexión profunda con nuestro entorno, con aquello que nos toca, suave o violentamente; entiendo, también, que el cuestionamiento no es solo hacia la realidad establecida, el status quo, sino también hacia nosotras mismas como personas. La fotografía aparece de tal manera como un intercambio entre el mundo externo, circundante, y el interno que nos absorbe. Intercambio entre lo que fotografiamos, a quien fotografiamos y el “nosotrxs”.




La fotografía es un proceso de intercambio, sobre todo cuando se trata de personas, y un acto de escucha activa.


Y es que, ¿cómo fotografiar aquello que no podemos escuchar como resuena en nuestro corazón? Intercambio es conexión y al conectar sucede el disparo estelar:


Decido hacer una foto porque de alguna manera conecto con lo que decido fotografiar o con quien decido fotografiar. Conectar significa que hay un entendimiento con la persona que fotografío y conmigo como fotógrafa. En el intercambio entre las personas esto se logra generando un espacio seguro. Esas fotos, en primer lugar, no pueden suceder si no estás en un espacio seguro para la persona fotografiada y para ti. En segundo lugar, activando todos los sentidos al mismo tiempo: ser capaz de observar las particularidades de esa persona que vas a fotografiar, dialogando con ella y en ese diálogo encontrando un punto en común. Decido disparar cuando yo conecto con el sentimiento de esa persona a quien estoy fotografiando.

La fotografía como reflejo, quizá como un espejo. “Cuando encuentras eso alrededor que te inquieta, algo que además es cercano a ti, algo con lo que compartes experiencia, algo con lo que compartes sentir, cuando encuentras eso en la foto que estás tomando, estás tomando a esa persona o a ese momento que estás fotografiando y, al mismo tiempo, te estás fotografiando a ti. Es un sentido de otredad: cuando ves en otra persona algo que tú también estás sintiendo, algo que también estás pensando, algo que también te está doliendo, esa otra puedes ser tú. Ahí está el sentido de toda la foto. Cuando en una foto puedes verte a ti como fotógrafa y como persona y a lo que estás decidiendo fotografiar.


FOTOGRAFÍA FEMINISTA:


Si la fotografía habrá de cuestionar, si a través de ella se crea un lenguaje, un discurso, y a la hora de disparar debe de haber una conexión con el sentimiento, con las personas y con el entorno entonces los “feminismos y las formas de fotografiar van de la mano”:


El feminismo es un posicionamiento político como mujer y en el sentido de la lucha, también es una lucha política. Para mi foto el cuestionamiento nació a partir de que llegó el feminismo a mi vida. De otra forma no sé cuánto tiempo hubiera tardado en llegar.


Y es que, como mujer, y casi como en todos los ámbitos de la sociedad regida por un sistema patriarcal, los retos que se enfrentan en la fotografía son mayores, incluso desde el proceso de nombrarse como fotógrafas:


La fotografía es un campo donde los roles de género están muy marcados y sobre todo cuando intentas ejercer fotografía que sale de lo privado, una fotografía que te obliga a estar en las calles, a hacer ese trabajo rudo que muchas veces se le otorga solo a los hombres la capacidad para hacerlo. El proceso para reconocerte como fotógrafa se relaciona directamente a eso porque tus compañeros son hombres, y son hombres que se denominan como fotógrafos con base en la capacidad física que tengan. El estándar, o la vara, va de acuerdo a la capacidad física que tienen los hombres sin tomar en cuenta que esas capacidades físicas también pueden ser de las mujeres, como la fuerza y la agilidad para correr, el dominio de lo técnico. En la fotografía son muchas las barreras que se tienen que ir rompiendo para que tú te puedas denominar como fotógrafx y cuando eres mujer son el doble de barreras, porque no es solamente contra lo que dicen que es la fotografía que tú tienes que cumplir, sino remar en contra de todos esos hombres que no quieren dejar un espacio porque siempre fue un espacio masculino. Yo, incluso después de cinco años haciendo fotografía, no me presentaba como fotógrafa porque algo dentro de mí, al estar en un campo de hombres y sobre todo porque mis compañeros eran hombres, me decía que me faltaba algo que ellos ya tenían y yo no, que tenía que ver con la experiencia, con el dominio de la técnica, con la capacidad física, y no me presentaba como tal hasta que me comencé a rodear, en vez de hombres fotógrafos, de mujeres fotógrafas. En ese grupo de mujeres fotógrafas no se medía ni tu fuerza para ver cuánto equipo cargabas ni las reglas fotográficas que tuvieras en la cabeza, era la sensibilidad para tomar la foto, la búsqueda de la toma, el acercamiento a esa toma. Fue a partir de ahí que empecé a perder el miedo a nombrarme como fotógrafa porque yo me di cuenta que eso ya lo tenía, y que no reconocerme como fotógrafa hacía que, si de por sí somos pocas, fuéramos menos. Por cada mujer que le da miedo denominarse como fotógrafa a pesar de hacer un trabajo fotográfico, es un espacio y nombramiento que se está perdiendo, porque al final somos muy pocas y si tú tienes miedo de nombrarte fotógrafa vamos a seguir siendo pocas.




Pero ¿qué es la fotografía feminista? Me pregunto, y la voz que escucho me responde:


La fotografía feminista es aquella que busca la dignidad de las mujeres, que en un contexto machista es lo primero que te quitan. La fotografía fue ejercida y planteada por los hombres, porque desde los inicios de la fotografía eran quienes tenían el poder de ser fotógrafos. Las mujeres hacían foto, pero la hacían escondidas porque no era una actividad que se asemejara a su rol. Esas reglas fotográficas, esas dinámicas, fueron planteadas por los hombres. La fotografía feminista es el cuestionamiento a eso que los hombres dijeron que era ley. Es aquella en donde el centro de tu fotografía es la dignidad de la mujer, esa que al sistema patriarcal y a un contexto machista no le interesa porque es lo primero que les quitan a las mujeres. Además, es esa fotografía que transmite la urgencia de mirar hacia eso que nos está atravesando a todas, de acuerdo a las especificaciones de cada una, pero que al final de cuentas nos está lastimando a todas. La fotografía que toma en cuenta esas dolencias, esa inequidad, esa desigualdad de las mujeres, puede ser una fotografía feminista.


La fotografía que conecta con los sentimientos y vivencias de otras mujeres, que cuestiona al sistema patriarcal y que crea, así, un lenguaje propio.

En contraposición a la fotografía feminista se encuentran todas estas reglas impuestas por el machismo a través de los hombres que le arrebatan la dignidad a las mujeres:


Las reglas fotográficas planteadas por los hombres son reglas que obedecen más a la inmediatez que a los procesos. Son reglas en las que se valora más lo técnico que lo humano. Son reglas que muchas veces ponen al fotógrafo en un papel invasivo con quien está fotografiando. Son reglas que le otorgan un poder al hombre, o a quien dispara, que una vez obtenido no hace que se le cuestione. Son reglas que también buscan sacar provecho de la fotografía.

En la fotografía la dignidad de las mujeres ha sido arrebatada por los hombres cuando se nos quita la capacidad para representarnos a nosotras mismas, cuando se nos coloca como un objeto de consumo, cuando nos estilizan y nos cambian físicamente a algo que fuera agradable para ellos, cuando una lucha por los derechos la reducen a actos vandálicos y exigencias que para ellos son irracionales y cuando, además de todo esto, vulneran nuestra seguridad y nuestra integridad a través de las fotografías.


Pero en un campo artístico dominado por reglas masculinas, hacer fotografía feminista se presenta como un reto por demás humano en el que no solamente se aprende, sino, sobre todo, se desaprende:


Una no nace como fotógrafa feminista. Si decides educarte en la fotografía, lo más probable es que al inicio lo hagas bajo la hegemonía de la mirada masculina. Es muy probable que tú tengas arraigada esa mirada a pesar de que habites el cuerpo de una mujer, que tu mirada esté educada a través de lo que los hombres plantean. Puedes habitar el cuerpo de una mujer, pero tener una mirada masculina, por eso hay que desaprender. Eso que te enseñaron de la foto, cuando intentas hacer una fotografía feminista, tienes que desaprenderlo, aprender lo otro. Ahí es cuando se empieza a plantear el camino que te sensibiliza para poder ejercer una mirada desde lo femenino. Cuando tienes esa sensibilización, cuando ves en el otro lo que tú eres, es cuando tú puedes notar la diferencia entre una fotografía tomada por un hombre y una fotografía tomada por una mujer.




(Y específicamente hablando sobre las fotografías de mujeres tomadas por hombres)


La diferencia entre una mirada masculina y una femenina es la sensibilidad y el sentimiento de otredad que tú puedes tener con otra persona, es la sensibilidad obtenida de la experiencia de tu propio cuerpo. Cuando una mujer fotografía a otra mujer tiene una experiencia compartida en ese cuerpo. Ese entendimiento corporal genera una sensibilidad específica entre mujeres, cosa que no pasa cuando un hombre fotografía a una mujer. No tiene la experiencia del cuerpo vivido. Hay sensaciones, cambios y vivencias que por más que el hombre fotógrafo escuche e intente empatizar con ellas, no las ha vivido en carne propia.


Siguiendo la pauta que las respuestas de Daniela Moctezuma han marcado, el cuestionamiento te lleva a conectar con aquello que mueve, con el motivo y el origen de la decisión de lo fotografiado, y así, la creación de un lenguaje propio, de un discurso que busca reinterpretar desde otras miradas aquello que permanecía oculto, lo oculto que no va a permanecer más sin luz, esa luz que retrata; lo oculto que fue escuchado en silencio durante años y que hoy brilla en forma de disparo que grita:


Hubo muchos temas que a las mujeres nos fueron negados, incluso en expresión artística, no solamente en la expresión social: de menstruación no se podía hablar en la calle, o de posparto, o de lo difícil de la lactancia, o de los cambios del cuerpo en la maternidad, o de los vellos corporales; de eso no se podía hablar en la sociedad, pero no solamente en la sociedad, sino tampoco en el medio artístico. En esa creación legítima de lo que tú sientes tampoco era permitido, aun siendo la esencia del arte que es manifestar el sentir de quien está creando, ya sean inconformidades, sentimientos, como forma de protesta, pero que viene de una parte muy esencial del ser humano que es el sentir (…) Cuando yo empecé a consumir lo que podía considerarse como fotografía feminista, y dentro de esta, el autorretrato, me di cuenta que había muchas mujeres haciendo foto de aquello que les habían negado a hacer… En primera se te negó fotografiarte, pero en segunda, ya que te dejaron, tenías que fotografiar lo que ellos (los hombres) consideraban la feminidad y los temas permitidos.


AUTORRETRATO:


Si existe un lenguaje creado a través de la fotografía y el autorretrato en una forma de hacer foto, entonces existe un lenguaje fotográfico creado a partir del autorretrato. El lenguaje es político y el feminismo es un movimiento y una lucha política que busca poner siempre en el centro la dignidad de las mujeres. ¿Cómo se crea un lenguaje a través del autorretrato capaz de englobar todo esto?


Hacer autorretrato es hablar de todo eso que a mí y a mi cuerpo me hicieron callar. Fotografiar todo eso que en un momento me dijeron que no se podía fotografiar. Ahora puedo porque sé que es mi cuerpo y yo soy la que voy a decidir sobre él. Ese es mi lenguaje: fotografiar de mi cuerpo aquello que me dijeron que no podía fotografiar. Por ejemplo, fotografiar la menstruación es algo que me cuestiona a mí y que es algo que invita a cuestionarte, porque un proceso tan natural como la menstruación -y que lleva a cabo la mitad de la población mundial- es algo de lo que no se puede hablar, y mucho menos se puede fotografiar porque incluso muchos lo llaman “desecho” cuando no es un desecho, es parte de un proceso corporal.



Cuestionar, conectar, crear, inmortalizar.


La foto también es inmortalizar sentimientos. Los sentimientos se ven en el rostro. Los rostros hablan sin palabras y eso en un retrato se nota.


Y si la fotografía es memoria, es congelar un momento en específico, un instante; el autorretrato es guardar una parte de ti, de tu cuerpo, de tus sentimientos, de tu memoria dentro de otra memoria, una que permanece en el tiempo, un recuerdo presente, un instante para siempre.


El autorretrato es la forma de comunicación que he tenido con lo que hay dentro y fuera de mí, es un lazo entre lo sentimental y lo físico de mi propio cuerpo, y es el medio por el que me he conocido a mí misma en diferentes etapas de mi vida y con el que hoy, al mismo tiempo, puedo recordarme en otros momentos.

Siempre me ha gustado confrontarme a mí misma y esa confrontación la llevé a la foto, a algo que no necesariamente sea para compartir, sino un registro de mí, algo que después de unos años me ayude a darme cuenta de cómo me veía yo en otro momento de mi vida porque era lo que había perdido. Fue cobrando más sentido cuando empecé a explorar y a entender la capacidad de fotografiar sentimientos y momentos específicos de tu vida a través del autorretrato. A través del autorretrato busco saber escucharme y la forma más efectiva de representar ese sentimiento o ese pensamiento.



Después de todo entiendo que la fotografía es una invitación a escuchar, a confrontar la realidad desde múltiples miradas, a dialogar con el entorno a través de nuestros sentidos (así, en plural), a conectarnos con otros, otras, otres, y con nosotrxs mismxs; arte para preservar la memoria, es un continuo aprendizaje y desaprendizaje, cuestionamiento perpetuo; eco de nuestras vivencias. Expresión de sentimientos, momentos y posturas políticas. Fotografiar también es hacer política desde el lente.


Una postura política en la foto se construye priorizando aquello que no me es ajeno; poniendo la necesidad de inmortalizar ese momento como algo de primer lugar, la necesidad de compartirlo, de plasmarlo, de todo lo que logra una foto, que eso es lo que logra expresar un posicionamiento político de una foto y de quien está fotografiando; y siempre teniendo al centro de todas las fotografías, sobre todo en las que hay personas o si vas a retratar un hecho, la dignidad.




*Daniela Moctezuma es fotógrafa desde los 15 años. Sus fotos han formado parte de exposiciones colectivas -físicas y virtuales- siendo las más recientes “Miradas 8M” y “RE, Arte contra la violencia de género. Desde 2017 trabaja con temáticas relacionadas a los derechos humanos generando material visual para la promoción de los mismos. Es feminista y ha cubierto manifestaciones relacionadas al movimiento en México y en Argentina; también ha generado series fotográficas en las que busca dar un espacio a la voz de las mujeres. Su material fotográfico sobre manifestaciones feministas ha sido publicado en medios como Reforma, Carta Blanca, Portal y Pasadizos. Actualmente da asesorías en línea a mujeres que desean iniciar en la fotografía, sobre todo con autorretrato y fotografía con enfoque feminista, hace parte a través de prácticas profesionales de la organización audiovisual feminista La Sandía Digital A.C.


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