Hacia un nuevo sentimiento patriótico

De las tradiciones más fuertes en muchas fuerzas armadas1 está el lema “Scientia Deo et Patria servire”, es decir, “Servir a Dios y la Patria”. Es un precepto tan arraigado en la cultura occidental, que incluso santo Tomás lo refiere en su famosa Summa: “Después de Dios, a los padres y a la patria es a quien más debemos2”.


El amor a la patria es algo complicado. Antes, e incluso ahora todavía con ciertos matices, es algo visto como una virtud. Una que se suma al respeto por los padres y, claro, el reconocimiento a los ancestros. Pero tanto el patriotismo, como el amor y respeto por los ancianos en lo general, ha ido perdiendo vigencia hoy día3.


La RAE, en su primera definición4, nos dice que la patria es “Tierra natal o adoptiva ordenada como nación, a la que se siente ligado el ser humano por vínculos jurídicos, históricos y afectivos”. De la patria, en lo general, hemos recibido un idioma, un lugar concreto en dónde vivir, una tradición cultural, una pertenencia y un sentimiento de “arraigo”. Y, aunque la RAE menciona en su definición “o adoptiva”, por lo regular, sentimos o hacemos sentir que alguien puede experimentar patriotismo solo si nació en dicho lugar. En una menor escala, podemos mencionar a los gatos, mote con el que son conocidos los madrileños, pero del que son dignos solo si nacieron en la capital, y únicamente si sus padres son oriundos también de la ciudad. Nacer en determinado lugar te da un derecho sobre otras y otros, uno que sobrepasa el sentimiento o pertenencia que alguien pudiera experimentar por un sitio al que llama patria.


Pero vivimos en un mundo globalizado, en un contexto en donde las fronteras, aunque existen y son marcadas, cada vez también se diluyen de formas extraordinarias. Podemos encontrarnos con personas que “son de un país”, pero de padres extranjeros, incluso con múltiples nacionalidades, con raíces que escalan de polo a polo y en la que cada vez es más complejo establecer un patrius potestas5 definitivo. Y es entonces, cuando nos preguntamos, ¿es coherente con la contemporaneidad el sentimiento patriótico?


El siglo XXI nos ha traído consigo una ola de cambios y deconstrucciones. Estamos cada vez, afortunadamente, más incómodos con el patriarcado, buscamos sacar a la luz el lugar de muchas mujeres que fueron ocultadas de la historia, rechazamos el colonialismo y apoyamos la diversidad. Entonces ¿el patriotismo debe de relegarse también?


¿Por qué deberíamos sentir gratuidad -y un amor casi ciego- por una tierra que, sin mérito alguno, y sin pedirlo, nos ha heredado nuestra identidad sin incluso habernos constituido como personas racionales y autónomas? ¿Qué le da a la patria el derecho de ser amada, y a nosotros, qué nos obliga a hacerlo?


Cuando salimos del país, o de esa ciudad en la que crecimos, nos sentimos raros. Ya sea que lo hagamos por unos días, o por un periodo determinado, ser extranjero -y ser tratado como tal- es algo que no se puede explicar, se tiene que vivir, y quizá ahí es cuando eso que llamamos patria -o tierra- cala más hondo. Pero una cosa puede ser la añoranza por en dónde no estamos, y otra, ese sentimiento u obligación de izar la bandera por lo más alto, diciendo con orgullo de dónde somos.


¿Tenemos de seguir haciéndolo?


En los deportes, principalmente en la tauromaquia, aunque ahora también se emplea en el fútbol, existe algo llamado “villamelón”, un término que se usa6 de forma peyorativa para señalar a alguien que solo participa de la actividad por moda o tendencia, o incluso, quiénes solo apoyan a su equipo en las buenas rachas. Curiosamente, también existen patriotas villamelones.


Muchas personas llegan a criticar el nacionalismo como un producto de procesos coloniales, como un elemento que fomenta la xenofobia y que obstaculiza el pensamiento global, pero, el día de la fiesta nacional (o conmemoración de la Independencia), no dudan en salir con su bandera, para ondearla, y gritar “¡viva!” Otros tantos, pasan todo el año viviendo sin más, pero el “mes patrio” está cargado de consumismo, buscando llenar el coche o su lugar de trabajo con una bandera y así demostrar que son muy patrios.


Pero, ¿será?


Es verdad que esto pasa con todas las fiestas, desde el trillado san Valentín, hasta el día de la madre o el día del trabajo; solo solemos “vivir” el día de con intensidad, mientras el resto del año lo que festejamos o celebramos, pasa de largo. Nos enseñan solo a conmemorar, a vitorear, o nos enaltecen con recuerdos heroícos7 pero realmente nunca hay un verdadero trasfondo y el “amor a la patria” es algo que debe ser, porque así tiene que ser, sin un por qué real que lo defina, o, en el peor de los casos, sin un amor auténtico pues este amor a tu país solo se hace latente, en la mayoría de los casos, el día de, y nada más.


Vivimos, como dije antes, en un mundo globalizado e hiperconectado. Esto trae consigo muchos beneficios: nos permite abrir los ojos a nuevas realidades, e incluso, a identificarnos con otras. Aunque esta identificación no siempre es bien vista, y sobre todo, no es aceptada.


En México tenemos una palabra: malinchismo8. Esta hace alusión a la Malinche, una mexica que fue intérprete, amante y consejera de Hernán Cortés, y que gracias a sus servicios tuvo un papel relevante en la conquista española de México. Una persona malinchista es alguien que, según la RAE, muestra apego a lo extranjero, o en el menor de los casos, un desapego por lo propio. Renegar, pues, de ”lo tuyo”, de tu país, de tus raíces, está mal visto. Ver lo extranjero con admiración, respeto o incluso anhelo te deja mal parado ante la sociedad porque estás “agrediendo” a tu país al despreciarlo.


Aunque existe el otro polo, el nacionalismo extremo. Este que ve con recelo lo extranjero, y lo ataca o lo discrimina por el mero hecho de ser diferente. Se puede ver desde cosas tan extremas como un bloqueo comercial del país hacia lo del otro, como en el trato o las miradas que le damos a aquellos que osan visitar el país.


Ambos, al ser extremos, están mal, y son peligrosos porque, incluso pasando de largo el hecho de que la xenofobia acaba en cosas terribles9, esta nos priva de algo maravilloso: la interacción con lo diverso, el convivir con lo diferente, el abrir “tu mundo” al infinito. Y es que, de verdad, el poder relacionarte con personas de todo el globo, el lograr tener “acceso” a otras culturas, el coger un avión y “borrar” fronteras, es un regalo maravilloso que deberíamos de valorar y apreciar.


Aunque “pertenecer” es algo propio del ser humano10 , muchas veces al centramos tanto en lo que no es símil pasamos de largo a la otredad. Y, si bien, obviamente lo que es igual nos es más cómodo y natural -o más fácil de comprender- el permitirnos salir de esa zona de confort para adentrarnos a mundos opuestos, y atrevernos no a juzgar sino a comprender las diferencias, nos permitirá avanzar como sociedad.


Sí, claramente habrá siempre en nosotros un sentimiento de gratitud y dependencia hacia nuestra patria, nuestra tierra, hacia ese lugar en donde nacimos, crecimos o nos desarrollamos, pero es momento de entender que hay algo más que eso, que tenemos una casa común11, y que esta debería ser realmente la que haga una catarsis en eso que llamamos patriotismo.



Notas


[1] Latorre, A. (1989, febrero). El comandante y su responsabilidad. Revista Marina, 2(89). https://revistamarina.cl/revistas/1989/2/apaull.pdf


[2] Sum. Theol. II-II, q. 101, a. 1


[3] Palacios, A. (2015, 10 junio). Irrespeto hacia la tercera edad, una lacra social. FIAPAM. Recuperado 16 de septiembre de 2022, de https://fiapam.org/irrespeto-hacia-la-tercera-edad-una-lacra-social/


[4] Real Academia de la Lengua Española. (s. f.). Patria | Definición. RAE. Recuperado 16 de septiembre de 2022, de https://dle.rae.es/patria


[5] Poder del padre: poder que vincula al padre en general a aquel que él ostenta por su calidad de padre.


[6] S/A. (2014, 5 julio). Y tú, ¿eres un villamelón? El Financiero. Recuperado 16 de septiembre de 2022, de https://www.elfinanciero.com.mx/brasil/y-tu-eres-un-villamelon/


[7] Arredondo, M. (2022, 13 septiembre). Niños héroes: el mito de Juan Escutia, el niño que murió arropado por la bandera mexicana. Independent Español. Recuperado 16 de septiembre de 2022, de https://www.independentespanol.com/noticias/america-latina/ninos-heroes-mexico-chatapultec-escutia-b2166345.html


[8] Real Academia de la Lengua Española. (s. f.). Malinchismo | Definición. RAE. Recuperado 16 de septiembre de 2022, de https://dle.rae.es/malinchismo


[9] El racismo nazi | Enciclopedia del Holocausto. (s. f.). Recuperado 16 de septiembre de 2022, de https://encyclopedia.ushmm.org/content/es/article/nazi-racism


[10] Huerta, A. (2018). El sentido de pertenencia y la identidad como determinante de la conducta, una perspectiva desde el pensamiento complejo. IE Revista de investigación educativa de la REDIECH, 9(16), 83-97. Recuperado en 16 de septiembre de 2022, de http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S2448-85502018000100083&lng=es&tlng=es


[11] Fernández, D. (2015). Presentación de la Carta Encíclica Laudato si’ Sobre el cuidado de la casa común. Sustentabilidad Ibero. Recuperado 16 de septiembre de 2022, de https://sustentabilidad.ibero.mx/assets/files/LAUDATO-SI-CUIDADO-CASA-COMUN.pdf