top of page

Capítulo 5. Quiebre


Un negro penetrante oscurecía la noche mientras una lluvia ligera, casi imperceptible, refrescaba el ambiente. Los nulos rastros de luz provenían de los focos de las casas y competían con las chispas que salen del transformador lleno de diablitos.

            La noche tenía algo de enigmático, una celebración sin festejo y cada explosión eléctrica eran los cohetones saliendo al cielo. Lo único que se pudo sacar de cierto en esta misteriosa madrugada, de jueves a viernes, fueron los múltiples disparos que sacaron de este plano a Tomás Quintero. El asesinato no pasó desapercibido, formó parte de la farándula de los pobres y de la colección hemerográfica dedicada sólo a Tierra Caliente.

            Tomás Quintero, informaba la nota roja, había dejado viuda a su señora de 24 años y huérfanos de padre a dos niños pequeños. El joven señor, de 27 años, no había soportado 4 tiros de bala y un corte de arma punzo cortante realizado en su área abdominal, que iba de las costillas a punto de tocar la pelvis. Se estipula que murió a las dos horas de recibir los mortales ataques, aunque no se sabe con exactitud ya que la ambulancia llegó bien entrada la tarde del viernes.

            Se entrevistó a varios invasores para poder estipular el motivo de tan salvaje ataque, aunque muchos prefirieron no dar cuenta de nada. Los reporteros, ante tal actitud, prefirieron especular. Escribieron que no era otra cosa más que un asalto que se salió de control. Aunque uno de ellos, el del periódico más amarillista y manchado en sangre, propuso que era posible que la muerte violenta era resultado de los problemas que venía acarreando la colonia ilegal desde hacía bastante tiempo; se desechó la propuesta al comprobar el consumo elevado de alcohol en la víctima y todo terminó siendo un pleito entre borrachos.

            El caso sigue impune, nunca se encontró un culpable (¿acaso se intentó encontrar alguno?) y pasó  a formar parte de los cientos de archivos muertos de la policía.

            Aunque efectivamente no es posible desechar la versión de que Quintero estaba embriagado hasta las naguas, y encerrado en el Dollar d´Oro aquel fatídico día, no fue ese el error mortal que lo llevaría a la muerte, como no lo fue un asalto ni un pleito cualquiera. Lo que lo llevó a la tumba fue su lengua, comenzar a hablar de más sobre una cuestión espinosa: la colonia y la regularización; no sólo eso, sino también sobre el hombre que lo estaba llevando a cabo. Sin embargo, su error se volvió más grave porque a quienes les decía todas estas cosas era a los seguidores de Don Lalo y a su íntimo, Trinidad.