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Un viaje en mi sueño

Actualizado: 2 jun 2022

Toc… toc…

Una puerta sonó. “Pase”, dije con voz serena pues sabía que era mi padre. “¿Ya lista?”, me dijo él mientras asomaba su cabeza haciendo viscos. Solíamos mi padre y yo salir cada fin de semana a un lugar que se le ocurriera, en donde siempre nos la pasábamos platicando de cualquier cosa.

En el transcurso del camino siempre ponemos música. Algo que me fascina de mi padre es que tenemos un gusto musical similar, por lo que ambos disfrutamos de cualquier melodía que pongamos. A veces él pone una, otras yo, pero nuestra favorita siempre será Silent lucidity de Queensryche.

Ese día me llevó a un pueblito, muy bello y misterioso a la vez, pues tenía un aspecto algo terrorífico, sin embargo, me agradaba. Tenía algunas casas muy coloridas, otras muy opacas, empero, todas hacían juego consigo mismas. Había arboles viejos y grandes. Flores en algunas ventanas. El camino pétreo hacía que fuéramos saltando un poco en el coche. Decidí abrir la ventana y la ráfaga golpeó mi cabellera, haciendo que ésta se esponjara un poco y mis bucles perdieran cierta dureza.

“Me gusta más tu cabello así, esponjadito”, mencionó mi papá mientras conducía. “Gracias, a mí no tanto, pero de verdad me agrada mucho el aire”, respondí. “No sé, yo creo que te ves hermosa, hija, muy hermosa. Recuerdo cuando tú mami tenía el cabello así… ahora lo prefiere lacio”, comentó mi papá y sonreímos ambos.