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Último recuerdo, última cena

La comida es uno de los actos universales que todos los humanos compartimos a lo largo de la historia, se le puede llenar de sentimientos y forman toda clase de experiencias, puede ocurrir en cualquier lugar con ciertos horarios y normas, pero hay un grupo de personas que experimentan una comida diferente y única a la de los demás: los condenados a muerte en prisión.


En la antigüedad, la última cena de un condenado variaba según la nación, como en Francia, donde se les daba solamente un poco de alcohol porque el condenado se enteraba de su ejecución minutos antes; en Estados Unidos, donde es más común que se de a conocer, cada estado la ofrece antes de la ejecución, pero no se aceptan peticiones extrañas; en Florida es comida local y bajo los 40 dólares, en Oklahoma debe ser un platillo que no supere los 15 dólares y en Luisiana cenan con el alcalde de la prisión. En 1963 en Nueva York se abolió la pena de muerte, pero poco antes fue la última ejecución, en donde se permitía que escogieran lo que quisieran, hasta cigarros. Generalmente no se permite que pidan tabaco o alcohol. Se da la comida horas o días antes, pues se daban situaciones en las que iban perdiendo el apetito. En algunos estados los condenados comen su última cena solos en la celda, en otros se permite que los acompañe otro reo.