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Tengo un árbol

Actualizado: 20 jun 2023

Tengo un árbol, de extrañas flores rojas, textura escamosa y frijolitos rojos como fruto. Colorín le dicen.


Tengo un árbol


Lo encontré un día caminando cerca de aquella casa en la que viví 3 buenos años, etapa hippie quizá…


-y -dicen- que abrazar árboles te recarga de energía.


Me daba pena la neta, así que fui a una calle poco transitada y a siete pasos a mi izquierda- siempre a mi izquierda -lo encontré.


Había basura entre sus ramas y vi caídas otras pocas por algún rayo o un conductor pendejo…pa’ saber.


Lo vi un poco, lo toqué, sentí su textura entre mis manos y lo abracé de forma un tanto fugaz

-        No estuvo mal m

e dije, y retomé mi paseo orgullosa quien sabe de que y con mis perritos de compañía


Volví al día siguiente, me di cuenta que eran dos árboles, traté un poco de quitarles la basura y – no recuerdo cuando- pero tomar sus frijolitos del piso se me fue haciendo costumbre.


Con el tiempo, los abrazaba sin importar las miradas curiosas, comencé a hablar con ellos, contarles cosas, pedir permiso, agradecer sus frutos y de cuando en cuando le hablé a la gente de aquella amistad y viceversa.


Sus semillas se fueron haciendo mi amuleto y nunca faltaron en mi altar, solía regalarlas a quienes me causaban buena impresión, mis seres queridos y sobre todo a mis amores: protección, abundancia, magia…


-        Y dicen que si los llevas en tu bolso, nunca te faltará dinero.


Los llevaba conmigo a mis pequeños viajes- terrenales y no- los aventaba en cuatro direcciones al entrar: para avisar que llegué, para que me protejan y- por si me pierdo- me muestren mi hogar.


 …y juro por mi vida que aquel día 22, aventando 5, me cumplieron un milagro- pero esa es otra historia.


Alguna vez, me dijeron que de esos árboles se componían los bosques encantados y yo quise creer que sí.


-        Tienen propiedades mágicas mi señorita y son capaces hasta de matar un ser humano- me dijo un marinero que también amé.


Pasó el tiempo y mi hogar cambió de ubicación, no recuerdo si hubo despedida, pero tengo bien presente esa emoción y cariño de encontrarme a otros de su especie.


Hoy, no abrazo árboles, no hay altar ni hogar- físicos- hay por ahí’ un puñito de frijoles rojos entre mis pertenencias que hoy ordeno a la par de mi vida antes de volver a avanzar.


Hoy, me preparo para la primavera, retomo andanzas y enseñanzas, limpio mi tierrita y me dispongo a echar raíces. Hoy, soy ese árbol que tengo sin poseer.


Y rindo homenaje al aprendizaje que hay detrás de cada pequeña cosa y del simple acto de amar por amar y decidir que tienes un árbol por lo bello que despertó.


Tengo un árbol, o será que él me tiene a mi?... Y colorín colorado, está historia ha comenzado…a florecer.


-        Este fragmento se guarda en la eternidad, pum pum pum, hoy amo, hoy abrazo

“et benedictus fructus ventris tui”

 

Gracias por existir

 

 

 

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