• Kinn

Queja a mi lector ausente

Empiezo, como debe ser, por el primer recuerdo y un comentario agradable:


Recuerdo el día en que este librero de color amarillo y restaurado de a cachos se convirtió en mi nuevo hogar. Me pareció muy interesante el tipo de vecinos con los que me tocó convivir, sin duda una gran variedad de físicos e historias: algunos de mis admirables compañeros tenían ya ciertas huellas de su paso por la vida de las personas, otros tantos parecían intactos a pesar de haber recorrido también el camino de la lectura en cualquier lugar posible; los hay unos más coloridos, otros más sencillos; algunos de alargada figura y otros tantos chaparros y fornidos. Las historias que somos y contenemos son muy variadas, cada una de nuestras puertas son capaces de transportar a mi lector a distintos mundos de fantasía, suspenso, comedia, amor, tristeza u odio; están los que te explican acerca de un tema específico o te cuentan de algo que pasó hace mucho, otros que te hablan acerca de la vida o se cuestionan un fin, los hay capaces de romper un corazón o consolar al alma, a lo mejor ambos. Aquellos que tienen de todo un poco y te hacen sentir igual.


La persona dueña de este pequeño universo es bastante curiosa, posee un gran amor por la lectura y adopta plantas en exceso, mueve las cosas de lugar –y jamás recuerda dónde las pone–, adorna la habitación sin un orden aparente, disfruta de limpiar, pero casi nunca dobla su ropa. Y he notado que a mi lector se le han ocurrido las ideas más locas de acomodo; por colores, en orden alfabético, por tamaños, temáticas, editoriales, autores, e incluso una vez quiso acomodarnos por año de publicación –no funcionó–. Aún sigo a la espera de qué otra cosa se le va a ocurrir hacer con nosotros. Siempre me es entretenido observarle.


Ahora, paso a la parte importante, en donde aprovecharé este espacio para externar una queja, una queja a mi lector ausente:


No se cuestione que aprecio en demasía su amor por los libros y la lectura, pero es que es inadmisible, absolutamente reprobable. Verás, mi lector, si bien es una persona encantadora e inteligente, tiene un pequeño problema: no sabe controlarse al adquirir libros. No es que me moleste que cada vez haya menos espacio en el librero y que se apilen más de dos libros encima de mí, entre más seamos, mejor. Realmente mi queja y preocupación recae en el hecho de que mi lector no ha terminado de leer un libro, ni empezado el otro que tenía pendiente, ¡cuando ya está comprando otro! He aquí la razón de llamarle un lector ausente.


Qué difícil es comprender ese actuar, ¿por qué haría algo como eso? Supongo que ahora más que una queja, quisiera saber la razón. No es como si tuviera la habilidad de leer más de uno a la vez, ¿o sí?


¿Será que es un método de tortura nuevo del que mi amigo torturitas no pudo enterarse?, ¿las personas gustan de acumular y hacer promesas de que “ya merito” leerán aun cuando saben que la cotidianidad y responsabilidades no le dejan el tiempo necesario? Ciertamente desconcertante.


La espera como tal no es molestia, pues esta calma es muy característica de mi existencia, hay libros que han dormido y esperado durante siglos. Cuando yo llegué aquí, a mi lector le tomó dos semanas el empezar a conocerme, tardes muy alegres en su compañía, por cierto. Pero últimamente, ¿estaría bien denominarlo “el mal que aqueja a mi lector” ?, la situación ha empeorado. Resulta que descubrió una oferta en alguna librería de la localidad y, ¡ha traído a casa más libros! No he de mentir, se le notaba gran emoción mientras buscaba un espacio donde acomodarlos, y eso me hace feliz, pero de nuevo no entiendo porqué continúa haciendo eso, ¡la lista de libros por leer aumenta! Siento que me transformo en libro de terror cuando de intentar entender a las personas se trata.


A veces quisiera poder enfrentarme a este mal en pro de mis compañeros que pacientemente esperan al lector ausente, armarme de valor como en las historias de muchos aquí y simplemente decir: ¡hey, deja de comprar más libros y primero termina los que tienes pendientes por leer!


Siento que mis páginas se estremecen en puro nerviosismo de siquiera pensarlo.

En fin, he aquí mi queja que no es tanto queja sino que duda. Esperando que esto sea solo un mal que aqueje a mi persona lectora… ¿Te imaginas que más personas hagan esto? ¡Qué escandaloso, completamente inadmisible!

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