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¿Para qué me siento a leer?

En este número dedicado al día del libro más allá de hablar del tema en sí, es decir, de libros y de autores, quisiera acercarme un poco a otra parte fundamental de la ecuación: los lectores. Y, para no ir tan lejos, me gustaría compartir un poco de mi experiencia como tal.


¿Cómo empezar?


Un buen inicio para esto podría ser escribir aquí sobre qué es lo que espero de un libro, o qué es lo que busco cuando trato de tomar uno y darle rienda suelta a mi lectura. Para mí un libro es una oportunidad. Una puerta que se abre permitiendo el paso a cualquier aventurado listo a cualquier propuesta. Pero esas aventuras no son para todos, las hay muy diversas. Cabe hasta la posibilidad de que haya un libro para cada persona del mundo.


Abriéndome un poco, ha habido en mi vida muchos momentos de encrucijada. Situaciones claves en las que me he encontrado buscando respuestas, alivio y apoyo. Aunque suene a cliché, he podido encontrar todo ello en libros oportunos. Libros que han llegado a mí porque los estaba buscando, alguien me los recomendó o por casualidad. Porque, no me dejará mentir usted que lee, el libro es un consuelo.


Siempre es un consuelo leer sobre algo similar de lo que se está pasando. Saber que hay otro alguien en el mundo que experimentó en la lejanía algo parecido. Es eso mismo lo que me absorbe y hace desear leer. Leer hasta el cansancio, en el metro, en la espera, en el insomnio, en los momentos muertos del día.