Mi viaje de regreso a ti

La arena tan blanca y fina de la playa cubre mis pies, juego a esconderlos debajo de un gran montículo de arena que yo misma he construido. Los mantengo ocultos, al instante los agito con fuerza y vuelvo a enterrarlos una y otra vez. La arena brillante se cuela entre mis dedos, los muevo para quitarla; aunque como una niña traviesa los meto de nuevo hasta el fondo donde no puedo verlos. La brisa agita mi cabello con fuerza haciéndolo cubrir mi rostro. El sol y su deliciosa tibieza me fascinan.

Hoy es un día maravilloso el cielo brilla esplendorosamente. Sin embargo, no hay mucha gente en la playa. Eso me gusta; no hay bullicio, solo el vaivén incesante de las olas con su acogedor sonido hacen que sea el lugar perfecto para mí.

Hace mucho tiempo que no viajaba a ninguna parte o no al menos de esta forma; pero me entusiasma iniciar este recorrido, este mi viaje de regreso a ti. Aunque te confieso, es confuso. Creo haber olvidado detalles, hay cosas que quizás nunca ocurrieron tal y como las recuerdo. Otras me han acompañado a lo largo de los años como grandes tesoros; memorias invaluables de tiempos compartidos, experiencias únicas y aquel dejar de vernos sin mayor explicación.

Esta mañana no he querido despertarte, entiendo que mi llegada seguramente te ha trastocado. He salido al balcón sigilosa para contemplar el amanecer y ha sido un instante mágico tanto como volver de regreso a ti. Entre tanto, pienso que siempre me gustó escribir y leer sentada frente al mar contemplando el horizonte. De hecho era una de las cosas que más me gustaba y que extrañaba hacer desde hace mucho. Pero aquí estoy nuevamente disfrutando de este inmenso placer. La tarde no se ha hecho esperar. No lo había notado, he perdido la noción del tiempo, me he dejado llevar. Me levanto, caminar descalza por la playa al atardecer me agrada tanto. Voy dejando mis huellas, el agua toca mis pies. Mi vestido se salpica y vuela con el viento, jugando travieso con él. Todavía hay algunas personas en la playa. Te veo venir hacia mí. Tu rostro muestra una hermosa sonrisa, brillan tus ojos; pareces un niño, has empezado a correr extendiendo tus brazos. Finalmente llegas hasta mí y me abrazas con fuerza, ríes y me besas sin parar. Cierro los ojos rememorando entonces aquellos besos que hace tanto nos dimos.

Ha oscurecido y miles de lucecitas iluminan la noche. Nunca antes vi un cielo tan hermoso colmado de tantas estrellas, me parece que puedo tocarlas. Es tarde, empezamos a caminar de vuelta al apartamento. Me muero de hambre, el día en la playa me ha despertado el apetito. Jamás hemos cenado juntos. Hay tantas cosas que no hemos hecho nunca; hay tantas que quiero contarte, tantas que deseo vivir contigo. Quiero saber más de ti, de hecho quiero saberlo todo de ti; charlando contigo hasta que nos sorprenda el amanecer. Pero ya habrá tiempo de todo eso y más. Apenas llegué hace un par de días y aún no deshago mis maletas. Ha sido todo tan repentino: el viaje, mi regreso o mejor podríamos llamarlo: nuestro comienzo. En fin, el tiempo irá colocando cada cosa en su lugar.

Hace algunos años, por momentos me imaginaba algo así, pero no es fácil abandonar lo que nos ata, deshacer el nudo y emprender el vuelo. Arriesgándose a vivir un sueño. Por eso emprendo este viaje de regreso a ti, en busca de aquello que creí perdido. Apostando hallar a tu lado eso que algunos llaman Felicidad.

Se ha hecho muy tarde ya, es más de media noche pero no quiero irme a dormir. Te tomo de la mano y nos sentamos en el sofá. Me acurruco junto a ti apoyando mi cabeza sobre tu hombro. Dulcemente me acaricias besando mis labios y mi frente. Cierro mis ojos y simplemente me entrego al placer de tenerte.

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