La sombra del mártir

Actualizado: hace 4 días



ACTO 1 ESCENA 1 (El Narrador se encuentra en la tabla iluminado con una luz tenue mientras camina por todo el espacio del escenario). NARRADOR (Su tono es sobrio pero burlesco; sus movimientos son lentos y tranquilos, marcha de un lado a otro como si buscase algo que no quisiera encontrar, observa al público con repudio y burla). (Inicia viendo hacia abajo, como si hablase con sus pies) En ocasiones las sombras dicen más que la afamada y tan bien vista luz en la que los bellos cuerpos, las almas puras y la perfección brillan de tal manera que deslumbran a quien se disponga a contemplarles, por capricho, admiración o curiosidad. (Alza la vista y observa a su alrededor) El alma que es capaz de alzar la vista para ver de lleno a la perfección, peca de carecer de toda gracia en contraste a la que irradian los faros solemnes que se alzan por doquier, (se pone en cuclillas y ve a su alrededor con miedo) se da cuenta pues, de que su ser es totalmente opuesto a la sublime luz (se levanta y coloca sus manos tras de sí mientras ve al público), halla en el reflejo el delirio de la mentira; trata de encontrar admiración para poder alzar sus ánimos y estos le motiven a creer que él también es portador de luz. Sin embargo, (comienza de nuevo su marcha de un lado a otro) su interior, su ser, carece de todo rayo de luz, es una pieza de carbón inservible en la que ni una chispa de luz puede emanar a pesar de que se esmere en la tarea de contemplar a las grandes iluminarias. Su alma y su ser no brillan, ni brillarán; mucho menos destacan ni destacarán, porque en él impera la total imperfección. El fétido estigma de la diferencia, la misma que le hace evidente la cruenta realidad en la que, sin quererlo ni desearlo, el vertedero oscuro donde todo lo malo, repulsivo y asqueante, es arrojado, olvidado y omitido, se hará de su ser. Le hará silencioso por más que grite y suplique ayuda, por más tormentos que viva y exprese, las farolas perfectas que circundan su mundo, las gentes normales y de buenos ropajes o modales le omitirán, le ignorarán por miedo a enfrentarse a una realidad en la que todo ser está dispuesto a pertenecer si emprende la marcha de la comparación, del autocuestionamiento, si hace caso de las miradas y frases que oscurecen el alma a pesar de que ésta pueda ser tan radiante como un sol. Son aquellas grandes y sublimes gentes que se jactan de sapientes, brillantes, conocedoras del mundo y del todo, las que reprenden a las almas que, por abominación física o gustos ajenos a los suyos, se vuelven sus sombras; se vuelven en el entorno oscuro al que tanto adoran pertenecer, porque sólo en medio de la oscuridad que ellas mismas generaron, es donde pueden brillar y destacar. (Se apagan las luces y el narrador ve de forma seria y con odio a la audiencia). ESCENA 2

En la ciudad de México, colonia Morelos (1910). (Las acciones se desarrollan en un espacio abierto).i JENARO (Su postura es encorvada, en su mirada y habla se manifiesta preocupación. Sus movimientos son torpes y arrastra los pies. En la mano izquierda porta una carta). Espero que mamá y papá me esperen para cenar, no he tardado tanto, ¿o sí? Sólo fueron dos horas, quizás un poco más, debo tener más cuidado para la próxima, aunque no creo que sea necesario, seguro no habrá próxima vez. CIUDADANO 1 (Junto a otros tres ciudadanos caminan aprisa. El ciudadano 1 y 2 cargan baldes con agua; el 3 un cesto y el 4 unos arrapos). ¡Estorbo, sácate de aquí, quítate! (los otros tres le rechiflan a Jenaro). JENARO (Al quitarse del camino por donde van a pasar los ciudadanos se cae, y rápidamente va a sentarse en una banca. Ante el llamado de atención luce asustado, pero cambia este comportamiento por uno inconforme, luego a uno melancólico y por último a uno alegre).


Sí, señor, disculpe… Estos chingados indios son como animales, se parecen a los negros, los dos creen que se las pueden de a todas, serán dueños de algo, ¡de naigra han de ser, namás sirven para hacer tortillas y jalar como mulas! (Ve la carta). Mi Mariana tan chula que está, y tan bien que escribe. Ojalá y pudiera escribir como ella, pero namás naigra, ni pa ´eso salí bueno, pero qué se le ha de hacer, con la chusma que me tocó de parientes no puedo hacer nada más que aprender lo que me enseñe mí papá, para terminar igual que él de seguro, a pasar penas y quesque pescar alguna vieja, ¿pero pa qué? Yo me las quiero ingeniar solito o seguir los pasos de Luis. (Suspira y se lamenta mientras lee la carta). Ni siquiera un terrenito pa´ nosotros dos pude conseguir; se va a ir pal norte, para ver qué pesca de seguro. Ni modo, eso me pasa por menso, por no querer hacerle un chamaco desde hace rato, ya quesque toca, pero nada. (Mira hacia arriba, toma aire y se reincorpora) Pero es que si ella supiera cuánto la quiero, (suspira) yo no quiero niños ni nada, no me nace hacer eso, me siento bien así con ella, sin escuincles que anden jodiendo a cada rato. (Guarda la carta y se va caminando, pero se detiene en la esquina del recinto. La luz le ilumina y continúa diciendo). A veces creo que no es lo mío eso de andar ahí de pica flor, pero nunca pensé cómo decírselo, no me nace tocarla ni nada, a duras penas y puedo darle un beso. (Suspira) Ojalá se pareciera más a su primo Luis, tan lindo que es conmigo siempre, lo malo es que también se irá (se frota la cara con ambas manos), voy a extrañar la chorcha que echábamos, sus canciones y todo lo que él hacía o hacíamos (ríe) quesque se va a casar dice. Está bien menso, si bien sabe que no puede ni quiere, a él le gustan otras cosas.


(Se lame los labios y comienza a jugar con la carta). Todavía me acuerdo de esa vez que tomamos harto pulque ahí en su casa, o de la vez que juimos a dar ahí con unos bien trajeados (ríe). Ay, ese Luis tan coqueto que es, pero ni modo, le quiere jugar al muy macho, a ver si le sale en la mera hora, capaz y ya hasta se le olvidó como ser machito. Yo creo que se va a rajar y se regresa (mira de nuevo hacia arriba) o quién sabe, lo mejor sería que estuviese lejos (molesto arremete mientras sostiene con fuerza la carta) porque en una de esas las chingadas viejas chismosas empiezan con sus pendejas, ¡ahí sí que los dos nos metemos en un lío, y de los grandes!, ¡no me puedo permitir eso, no soy tan recio como para aguantar si me dan en la santa! Mejor que se quede bien lejos y ya, (ve la carta maltratada) ¡ah! y pues Marianita también, ya se encontrará algo más mejor. (Guarda la carta en su bolsillo y se va con rapidez). ESCENA 3

En la casa de los padres de Jenaro. (La escena se desarrolla en un cuarto con pocos muebles). MAMÁ (Mientras entabla diálogo con Jenaro, se encuentra con las manos en una cubeta, las saca y se seca en su ropa). ¿Cómo te fue mijo, ya viniste de con Mariana?, ¿qué te dijo la niña? JENARO (Primero saluda a la mamá, y responde de forma seria-molesta. Se sienta en una silla). Bien, mamá, gracias. Pus me dijo que ya mero se va, ya le anda por irse y que siente una gran culpa por irse así sin más, que ojalá y la alcance por allá, que qué mal por no tenerle un lugar donde estar.


MAMÁ (Le dice a Jenaro a manera de lamento). ¡Ay, mijo! Si ya te he dicho que aquí la podemos recibir sin problemas. Esta es su casita, modesta y todo, pero aquí pueden estar y tener a sus chamacos. Tu papá y yo ya vamos de salida y esto es pa ti mijo, aprovecha caray. Namás que es eso sí, la Mariana aquí se va a poner a trabajar porque pues para eso estamos, para cuidar de la casa y de los chamacos. (Ve de reojo a Jenaro) Ira nomas, ¿pos qué andabas haciendo, ¿qué te pasó? Traes bien sucios tus pantalones, a ver quítatelos, que ahorita mesmo te los lavo. JENARO (Le contesta a la mamá con hartazgo) Mamá, pero ya te dije que yo no quiero nada de eso, además ella tiene su casa, está bien con sus papás y lee mucho, ella qué va a hacer aquí con… con nosotros que tenemos esto de milagro. Además… no me gusta tanto estar con ella. MAMÁ (Le responde a Jenaro en el mismo tono de lamento) Pero mijo, es importante que ya te comprometas con alguien, mira que los años pasan y Dios no perdona, acuérdate que debes tener harta chamaca para que te cuiden. Demuéstrales a tus tíos que eres bien macho y así ya no te anden molestando, que buena razón tienen eh, nada más te conozco a esa chamaca; ve a tu primo Marco, anda ahí de coqueto con quién sabe cuánta chamaca, en una de esas se anda casando y tú nada de nada, ni novias, ni chamacos y creo que ni amigos, nada más sales para ver a Mariana o a Luis, que por cierto ya te he dicho que no te andes tanto con él, qué va a pensar su familia, ten tus distancias mijo, ese muchacho se me hace bien rarito. (Ve con pena a Jenaro) Lo bueno que también se va mijo, aquí ya sabes cómo se cuecen las habas, todo el mundo sabe todo, hasta con quién andas y dónde; no quiero que nos anden ahí levantando falsos y diciendo quién sabe qué cosas.


JENARO (Le responde a la mamá molesto). Sí mamá, voy a hacerte caso. MAMÁ (Le dice a Jenaro con visible hartazgo). Pues más te vale mijo, porque una que ya está vieja sabe lo que dice, pero ustedes los chamacos pura tarugada hacen, hazme caso y vas a ver cómo te va a ir bien en todo, mucho mejor que a tu papá, que por cierto, no tarda en llegar (le jala su pantalón) ¡A ver, presta, ira no más bien sucio que vienes, a ver cuándo dejas de actuar como un escuincle y ya te haces hombre, que el que tenemos aquí no más no convence! JENARO (Le responde con voz quebrada). Sí, mamá, perdón. MAMÁ (Le refuta a Jenaro molesta). ¡Ay, escuincle este!, ¿qué, ya vas a chillar? ¡Acuérdate que yo sí te ando dando tus buenos chingadazos, eh! No como tu padre que igual que tú anda ahí chillando por cualquier cosa. (Toma aire y ve hacia arriba y se lamenta en voz alta) Ay, diosito santo, ayúdame con estos dos. ¡Quién como tú, dios padre, que todo lo puede y todo lo hace! (Se va). JENARO (Murmura con molestia). Pinche vieja, si bien dice mi papá que nada más se la enjaretaron, ha de ser igual Mariana. (El papá entra en escena, porta una ropa desarreglada. Su voz es tranquila, pero triste). PAPÁ (Preocupado y cabizbajo se dirige a Jenaro). Hola mijo, ¿cómo estás?, ¿cómo está Marianita?, ¿todo bien?, ¿y tu mamá?


JENARO (Le responde al papá de forma tranquila). Papá, estoy bien, gracias. Mariana se va a ir y mamá anda lavando. (Ve detenidamente al papá y pregunta sorprendido). ¡Papá!, ¿qué te pasó en la cara, ¿quién te pegó?, ¿qué te pasó? PAPÁ (Se frota en la zona del golpe mientras dice). Fue Felipe, mijo, por unos problemas en el trabajo, pero todo bien. Esta vez sí le pude dar uno que otro madrazo, no dejé que me pegara tanto, para la próxima verás que vendré limpio, en uno de estos días me lo chingo bien. MAMÁ (Entra a escena. Desesperada comienza a preguntar). ¿Ya llegó tu papá, Jenaro? (ve al padre) ¡Virgen santísima!, ¿qué te pasó, Raúl, ¿quién te lastimó así? Ira nada más la camisa como la traes, ¿te vieron así por la calle? (le huele) pues tomado no andas, ¿qué pasó? PAPÁ (Se sienta en unasilla). Nada de eso, fue Felipe. MAMÁ (Le dice al papá con sorpresa). ¿Cómo que Felipe, qué se trae ese zángano ahora?, ¿por qué no te defendiste?, ¿qué pasó?, ¿sus papás se enteraron?


PAPÁ (Enojado le contesta a la mamá). No Metzli, no te preocupes, sus papás no vieron, pero sabrán como siempre, ¡y ay de mi si se llegan a enterar! No sé cómo le voy a hacer, sobre todo el papá, es el que me preocupa (ve atentamente a la mamá) ¿O es que estás más preocupada por ese cabrón que por tu esposo? (se levanta de la silla) Porque si es así, (se afloja el cinturón) lo arreglamos entre tú y yo, ya sabes. ¡Me enoja a madres que llego aquí y me recibes con reclamos y pendejadas que a ti no te deben de importar, es un asunto entre él y yo! (se le acerca de forma amenazante a la mamá) ¡Que te quede bien claro, pendeja, yo llego, me preguntas, me ayudas y te callas o te callo! (toma fuerte a la mamá de los hombros) ¿O qué?, ¿también te gusta? MAMÁ (Con temor le responde al papá). ¡No, no, no, para nada Raúl! Yo decía nomas (retrocede) pero tranquilo, ¿sí? Siéntate que ya te sirvo la comida. (La mamá se encamina a salir de escena, pero las acciones del papá se lo impiden. Tras la discusión, el papá suelta sin mayor problema a la mamá). PAPÁ (Cuando está a punto de sentarse se le cae un vaso, trata de recogerlo y se le vuelve a caer) ¿Ni para eso sirvo, entonces? (patea el vaso, se sienta, comienza a golpearse las piernas y posteriormente se enrosca y comienza a llorar) Tanta razón tienen todos en que no soy suficiente, ni para defenderme, (ve a Jenaro y a la mamá) mucho menos para defenderlos. MAMÁ (Consuela al papá por compromiso) No digas cosas así, no es tu culpa que él siempre haya sido de esa manera, ya sabes, siempre se aprovecha de quien menos puede (le abraza).


PAPÁ (Con tristeza le dice a la mamá) Como contigo, aún no me perdono que te haiga hecho eso y en mi propia casa. MAMÁ (Le contesta al papá con tranquilidad y desconcierto) No fue tu culpa, sólo estábamos Jenaro y yo, y él estaba borracho, esas cosas pasan. PAPÁ (Desesperado le refuta a la mamá) ¿Pasan? Eres mi mujer, no una cualquiera y aun así no me respetó, ni a ti, ni a esta casa, ni a mi hijo, vino e hizo lo que quiso. Pero va a ver ese hijo de la chingada, acuérdate bien Metzli: ¡A ese me lo chingo! MAMÁ (Le contesta con coraje, dicha sintonía se mantiene hasta finalizar la escena, todos los personajes que entablan diálogo están enojados). ¿Y qué vas a hacer? (deja de abrazarlo molesta) ni defenderte puedes. ¿Chingártelo dices? (ríe) ni siquiera te atreves a regañar a tu hijo. El que, por cierto, necesita unos buenos cates desde hace ya mucho rato, acuérdate que si tú no lo haces, yo sí y con mucho gusto (ve a Jenaro) como cuando estaba más pendejo de niño (ríe). PAPÁ (Se levanta y se retira el cinturón) Si sigues con tus chingaderas (toma al cinturón) a lo mejor y mañana ya no amaneces aquí, (se dirige a Jenaro) tú tranquilo mijito, acuérdate bien cómo se les debe de tratar. MAMÁ (Se le encara al papá) ¡Pues entonces venga, enséñame a respetar, enséñale a tu hijo cómo se hacen las cosas, a ver si muy machito!


JENARO (Jenaro que en toda la escena solo calló y vio ahora intercede completamente fuera de sí). ¡Cállense! (Toma la roca que tapa un hueco en el suelo y mientras la sostiene llora, y enojado dice) ¡Ustedes son una mierda, primero voy a enseñarle a Felipe quién chingados soy! (ve de reojo a la mamá y al papá) Y luego a otros. (Se va a prisa. La madre y el padre se reincorporan y van tras su hijo mientras exasperados le gritan a Jenaro que se detenga). (Se apagan las luces). ESCENA IV

En una calle, donde se encuentra la casa de Felipe. Mientras ocurren los hechos, más y más personas se detienen a ver (con vestimenta basada en arrapos). JENARO (Molesto, comienza a gritar. Se mantiene enojado hasta finalizar la escena). ¡Ábreme, hijo de la verga, pero rápido, puto de mierda! FELIPE (En un tono tranquilo). ¿Qué quieres Jenaro, a qué vienes, también quieres de lo mesmo que le di a tu padre? PAPÁ (Llega junto con su esposa. Ambos se encuentran consternados por la situación. Preocupado le dice a Felipe). Buenas noches, perdón, es que mi hijo…


FELIPE (Le responde con burla al papá). Mi hijo, mi hijo, ¿mi hijo qué?, mira al mocoso este, será tan pendejo como su padre al plantarse enfrente de mí. MAMÁ (Le implora a Felipe). Por favor calma, Felipe, por favor… FELIPE (Mofándose, le responde a la mamá). ¡Ah, pero también aquí está la india más puta! ¿Qué pasó mi vida? ¿Te acuerdas de esa noche, golfa? Ni tu marido pudo detenerme, sólo veía cómo gritabas y suplicabas más verga, ¿o no, Raúl? Te hice un favor, la calmé al menos una noche. Acuérdate que ésta siempre ha sido así, ¿o qué? ¿Por haber tenido un chamaco que quién sabe si sea tuyo, crees que dejó de serlo? (El papá asiente). JENARO (Ve al papá como si esperase una respuesta, sin embargo, no emite palabra alguna y Jenaro inmerso en su cólera arremete). ¡Cállate! FELIPE (Le contesta a Jenaro con mofa, dicha actitud la mantiene en contra de Jenaro hasta finalizar la escena). ¿Por qué? (ríe) es la verdad. Qué se me hace que los tres vinieron para que me los chingue, ¿no? Que vaya pasando tu madrecita al cuarto, ya luego vas tú para ver qué puedo hacer


contigo, ahí me esperas a que acabe, y en cuanto a tu papá, mejor que siga mamando verga por ahí, si bien que le gusta.

JENARO (Le repite a Felipe, sin embargo, su coraje disminuye). ¡Cállate de una pendeja vez! FELIPE (Mantiene el tono despectivo hacia Jenaro). Ni siquiera sabes pararte derecho indio, ¿y quieres madrearme? Sí que tu papá no te enseñó nada. Aunque al menos te enseñó a jotear, maricón, (le ve de arriba abajo) y por lo que veo, aprendiste muy bien (se toca sus genitales), acuérdate que en esta pinche colonia todos nos conocemos, eh. (ríe) Que no se olvide nunca, y que te quede claro, que ustedes sólo son los mugrosos a los que nadie quiere ni aguanta. (Jenaro toma con fuerza la roca que llevaba). Ah, ¿una piedra? (ríe) sí que los indios no saben mas que gemir y lanzarles piedras a sus mayores. (Salen de su casa sus hijos (pequeños), esposa -quienes se quedan a la expectativa al margen de la puerta- y el papá de Felipe). PAPÁ DE FELIPE (DON AGUSTÍN) (Firme le grita a Felipe). ¿Qué haces, Felipe? Mucho chingado escándalo estás haciendo, ¿pues qué te traes ahora? FELIPE (Le contesta a su papá, Don Agustín, en tono altanero). Nada papá, aquí cuadrando a estos inditos.


PAPÁ DE FELIPE (DON AGUSTÍN) (Le contesta a Felipe, pero ve antes a Jenaro y a sus padres de forma despectiva). ¿Más? Esos nos los acabamos hace mucho tiempo, ¿todavía quedan? FELIPE (Le contesta a Don Agustín). (Ríe) Ya lo sé, papá, pero a éstos parece que les falta una buena para que se acoplen, aunque estos mugrosos nada más entienden cuando se les mata o hasta dejarlos más tarados de lo que de por sí están, a punta de golpes. (Más gente se reúne, ríen, cuchichean y parece que apoyan a Felipe). JENARO (La luz le ilumina a él y el resto de los actores se mantienen quietos o hacen -en el caso del público- las actividades que estaban haciendo, sin producir mucho ruido. La mamá y el papá se mantienen alerta. Felipe y su padre hablan entre si). ¿Qué hago aquí parado? Ni siquiera sé que estoy haciendo, me tiemblan las piernas y no puedo ver bien por la oscuridad, ¿qué hace tanta gente aquí?, yo, yo, yo no sé qué hacer. Jamás he peleado, ni siquiera cuando he tenido que hacerlo por mi bien. (Comienza a temblar y su voz se quiebra). Mamá y papá, debo demostrarles cuán hombre soy. Creo que otra vez fui muy grosero con ellos, saben bien que no les atacaría, me he equivocado como justo ahora lo estoy haciendo, no debería estar aquí, Felipe me va a matar, no hay vuelta atrás (llora). Tantas veces me he equivocado, tan débil he sido siempre, jamás he podido darle la cara a las peleas, siempre pierdo y termino en el piso, siempre me hacen menos. Me pregunto qué haría Luis, seguro él resolvería esto rápido, es tan perfecto, quisiera ser como él. (Se le cae la piedra. El resto de los actores se reincorporan y Jenaro actúa confundido, asustado y con las lágrimas siguiendo su camino hasta caer en el suelo).


FELIPE (Le dice a Jenaro mientras lo ve con pena). Mira nomás, ni una piedra puede sostener el indito (ríe él, su padre y el vulgo). JENARO (Llora más, intenta levantar la piedra, pero se le vuelve a caer. Una vez que la levanta por segunda vez, la sostiene temeroso). Yo, yo, yo, debo de… (Le lanza la roca a Felipe, pero no le da. Sino que se estrella cerca de la puerta, lo que provoca que los hijos y esposa de Felipe reingresen a la casa). FELIPE (Ve a dónde fue a dar la roca y regresa la mirada a Jenaro). ¿Ni eso saben hacer bien? (Corre hacía él, lo tira y lo comienza a golpear. El vulgo corre a ver y forman un círculo donde yace en medio la acción. Este círculo no lo integra la mamá ni el papá. La primera llora sin consuelo y el segundo empuja al círculo para querer entrar, pero no se lo permiten). (La golpiza continúa, y mientras se apagan las luces. Se oyen silbatos y gritos: ¡Alto, alto, basta ya!) Al oírse los silbatos la luz ilumina el fondo de la escena mientras el resto se mantiene en oscuridad. ACTO II ESCENA 4 En la comisaría. (Jenar