La calle como patio de juegos en la periferia de la Ciudad de México

Introducción

Uno de los mayores problemas que enfrentan las ciudades latinoamericanas, es el desarrollo de la periferia por viviendas irregulares que generan un proceso de crecimiento urbano anómalo. Las causas más comunes para la conformación de estos crecimientos son: la migración de los habitantes de las áreas rurales para buscar trabajo en la ciudad, la falta de apoyo por parte del gobierno para conseguir un crédito de vivienda popular y, la más importante: la falta de control por parte de las autoridades en la permisibilidad de los asentamientos de viviendas en zonas ejidales y en terrenos con uso de suelo de conservación.

Los asentamientos irregulares se caracterizan por una ubicación en zonas de alto riesgo, como: cañadas, zonas de deslaves y bordes de ríos. Esta característica detona otros problemas como falta de servicios y equipamiento, problemas de accesibilidad al no tener caminos consolidados; por último, la creación de una población vulnerable debido a las condiciones contextuales, que conllevan a una vivienda con materiales de baja calidad y un conocimiento empírico que se percibe en el diseño de espacios con problemas de iluminación y ventilación.

En la Ciudad de México “… entre el 60 y 70% de la producción habitacional se realiza al margen de la producción privada y estatal” (Audefroy, 2005: p. 155). Estos modos de producción alternativos se encuentran fuera del margen de los programas gubernamentales o de las empresas privadas que se dedican a la construcción de viviendas particulares o en serie. La autoconstrucción surge cuando los habitantes deben buscar respuesta a la necesidad de vivienda y enfrentan tres factores determinantes: la obtención de un terreno, la gestión de servicios e infraestructura y el financiamiento de los materiales y la mano de obra para la construcción de la edificación.

Las viviendas crecen en zonas mal planeadas con calles sin pavimentar que no respetan las normas mínimas, lo que se degenera en trazas irregulares, de difícil acceso y sin iluminación pública. Estos asentamientos se han creado sin planeación urbana, carecen del equipamiento más básico, como: salud, abastecimiento, educativo y recreativo. Plazas, parques y jardines se vuelven una necesidad superflua para los habitantes al carecer de clínicas, escuelas y mercados. La falta de espacios recreativos ha generado que la calle en estos sectores de la ciudad se vuelva una alternativa para los niños. Aquí la calle se transforma de manera temporal en un lugar de divertimento, se vuelve una extensión del patio de la casa y un punto de reunión para generar un espacio de convivencia entre los niños de la colonia.


La calle como patio de juego y recreación

Desde una percepción normativa, la calle se define como: “todo espacio público destinado al tránsito de peatones y vehículos, a la prestación de servicios públicos y colocación de mobiliario urbano” (LMCM, 2014). Significar la calle como un espacio público que permite la movilidad entre diferentes puntos de una ciudad, es una visión sesgada y constriñe el análisis de los procesos sociales que ocurren en ella.

Así, la calle como espacio público se plantea como “…el lugar de encuentro donde se promueve la cultura ciudadana […] un derecho colectivo que está por encima de los intereses particulares de algunos” (Ipiña, 2019: 59). El lugar donde ocurre la sociabilización de sus habitantes al ser un punto de encuentro de amigos, vecinos y familiares; quienes usan la calle como una extensión de la vivienda para relacionarse. Dentro de sus características formales, permite el tránsito de peatones por medio de las banquetas, los vehículos se trasladan por medio del área de rodamiento; esta distribución de espacios facilita la distribución de actividades y procura la seguridad de los transeúntes.

En las colonias periféricas, se consolidó una traza irregular por medio del crecimiento anárquico y descontrolado por parte de los primeros habitantes. En la mayoría se observa una falta de equipamiento; el cual es reemplazado al usar la calle como punto de encuentro. El mercado público se sustituye por el tianguis que se ubica una vez a la semana sobre las calles principales de la colonia. La falta de la clínica de salud es subsanada con campañas de vacunación y caravanas de salud, donde los servicios médicos llegan en camionetas para atender las necesidades de la población desde la calle. Las reuniones vecinales se desarrollan en la esquina más transitada y se crean puntos de reunión simbólicos que crean referentes entre los colonos.

La polivalencia del espacio público proporciona la posibilidad de crear y atribuirle diferentes usos a la calle. Se usa por actores específicos en función a fechas y horarios que pueden subsanar la necesidad de equipamiento inexistente en la comunidad. Los servicios que se realizan en la calle no destruyen o modifican la estructura original; sino, permite la adaptación del espacio por elementos temporales que manipulan las banquetas y zonas de rodamiento para modificar el uso esencial, al crear nuevas actividades que brinden un satisfactor a los habitantes de la colonia.

Desde esta lógica, los niños como parte de la comunidad también reemplazan la falta de equipamiento deportivo, lúdico y recreativo con la calle. Su uso permite una supervisión directa por parte de las madres de familia que observan a sus hijos desde la ventana de la vivienda, se crean lazos de amistad entre los vecinos, se fomenta la activación física por medio del deporte y se crea un espacio público que promueve el cuidado de la comunidad infantil por medio de los vecinos. La calle se transforma: con dos piedras se enmarca la portería de una cancha de futbol provisional que puede ser usada por niños, adolescentes y adultos; la guarnición de las banquetas es utilizada como una vialidad para carros de juguetes al crear una pista de carreras.

Las actividades de ocio, lúdicas y recreativas no requieren de un equipamiento definido durante la infancia, la capacidad intrínseca de los niños de utilizar la fantasía y la imaginación para la construcción de mundos irreales que les permiten alejarse de las actividades cotidianas pueden ser realizadas desde la calle. La posibilidad de salir al espacio público y socializar fomenta el desarrollo cognitivo de los niños; de ahí la importancia del juego como una herramienta de aprendizaje.


Sobre el ocio, las actividades lúdicas y el juego

Es necesario definir el ocio como: “toda actividad placentera, elegida voluntariamente en el tiempo libre: un tiempo caracterizado por las actividades y prácticas preferidas por cada individuo, que satisfacen necesidades personales y cuya finalidad es el descanso, la diversión, la creación o el desarrollo del individuo” (Esqueda y López, 2008:26). El ocio es importante en los niños y jóvenes; ya que consume la mayor parte de su tiempo. En la población infantil el juego es una de las herramientas principales para el aprendizaje y el desarrollo de cualidades necesarias para su vida adulta como la afectividad, motricidad y la inteligencia basada en la solución de problemas en un ambiente colaborativo.

Para Piaget, las actividades que se realicen en edad temprana marcarán el desarrollo cognitivo del individuo. López (1989) considera que el juego en la educación infantil mejora el desarrollo psicomotor, cognitivo, social y emocional de los niños; herramientas que no se pueden obtener de un ocio sedentario producto de ver la televisión y navegar en la red por medio de las tablet o el celular. Durante el juego, el niño está siempre por encima de su edad promedio, por encima de su conducta diaria (Vygotsky, 1979). En el juego la capacidad de atención y memoria se amplía el doble (Mujina, 1975). Los niños muestran especial interés ante las tareas enfocadas como juego, fomenta una creciente comprensión y disposición para rendir (Hetzer, 1965). Jowett y Sylva (1986) han mostrado que el entorno de una escuela infantil del primer ciclo que ofrezca juegos de retos cognitivos proporciona un potencial mayor para el aprendizaje futuro.

El juego es el objetivo de la existencia infantil. Condiciona un desarrollo entre el cuerpo, la mente y la afectividad; crea procesos de asociación y el entendimiento de normas que deben ser respetadas para formar parte de un colectivo. Huizinga (1938) en su libro Homo Ludens lo define, como:

… una acción o una actividad voluntaria, realizada en ciertos límites fijados de tiempo y lugar, según una regla libremente aceptada, pero completamente imperiosa y provista de un fin en sí, acompañada de un sentimiento de tensión y de alegría y de una conciencia de ser de otra manera que en la vida ordinaria. (Huizinga en UNESCO, 1980: 6)

Esta definición clarifica las características del juego. Las cuales quedan enmarcados en una libertad en cuanto a su participación y aceptación de las reglas; las cuales, son asumidas por los participantes con el objetivo de obtener alegría; trascender a una irrealidad donde un palo de escoba se convierte en una espada y el sillón en un navío que cruza los mares. Para Piaget (1946) el juego es la expresión del desarrollo del niño, cada etapa de su crecimiento está vinculado por el tipo de juego y el compromiso que él acepta ante la sociedad al vincularse a un proceso de aceptación y pertenencia. Las actividades recreativas son formas de identificar la evolución mental de un niño y su relación con su entorno inmediato.


La calle vivida a través del juego y el juguete.

El tipo de juegos y juguetes se encuentran vinculados sustancialmente con los procesos sociohistóricos. El ajedrez o juego del ejército, es inventado en Asia, se fundamenta en el análisis de estrategias para poder obtener el triunfo en una metáfora de batallas entre reyes; a su vez, el Monopoly les enseña a los niños los principios de una economía capitalista donde el portador de mayor riqueza sobre la bancarrota de sus oponentes es el triunfo total del juego. Existen juegos que van cambiando de nombre y usos en función a diferentes temporalidades, un ejemplo son los juegos de roles, donde un grupo de niños asumen el papel de indios y los otros de vaqueros; posteriormente cambió a policías y ladrones, para concluir con una modificación sobre narcos y militares, donde los niños reflejan la sociedad contemporánea que les toca vivir.

La calle promueve condiciones de equidad e igualdad entre las actividades recreativas de los niños. A lo largo de la historia se han creado diferentes juegos que no requieren juguetes u objetos para poder realizarlos, esto permite la participación de todos los niños que quieran asumir las reglas del juego sin necesidad de contar con juguetes. Los juegos se pueden clasificar con relación al proceso de aprendizaje y de cognición social. En la calle se pueden ubicar juegos de rol que facilitan el desarrollo emocional, permiten superar preocupaciones, frustraciones y tensiones al modificar la realidad a través de representaciones, como: ser la profesora en una escuelita, donde un niño o niña asume el rol del educador y permite crear una dinámica que conlleva una práctica que vive el infante en la vida cotidiana.

Los juegos de reglas existen para fomentar el uso de normas que deben ser respetados por los participantes. Cada integrante asume las reglas, las obligaciones y las consecuencias al no respetarlas, los jueces son la comunidad infantil y por medio de juegos, como: las atrapadas, escondidas y las rondas infantiles se aprende la importancia de los cánones establecidos por el colectivo. Los juegos cooperativos se centran en crear un equipo que tiene un objetivo en común; crear edificios imaginarios en la arena que se encuentra afuera de un edificio en construcción, organizarse para montar un espectáculo en la calle para festejar el día de las madres, son ejemplos que se pueden encontrar de forma común en las colonias periféricas.

Para mejorar la expresión verbal y aumentar el vocabulario, existen los juegos lingüísticos. Los niños practican trabalenguas, frases y rimas que se aprenden en las calles, la idea es decirlo correctamente y al practicarlo mejora la forma en que nos expresamos. Para desarrollar la capacidad de expresión verbal y resolver problemas con creatividad, se han generado juegos imaginativos; estos pueden ser diversos y obedecen al entorno y al capital cultural del niño, los objetos comunes de la calle les sirven para fantasear en aventuras en la selva, una caja usada puede volverse un casco de astronauta y crear mundos extraordinarios que se ubican fuera de la realidad de los adultos.

Bailar, cantar y realizar juegos de manos ayudan a mejorar la relación psicomotriz del niño. Al querer articular una copla, mientras se realiza un ejercicio con las manos al cambiar de acomodo, es una actividad compleja que permite a los infantes más pequeños agilizar cuerpo y mente. Cantos como “…marinero que se fue a la mar y mar y mar…” se han difundido por medio de las generaciones anteriores, lo que ayuda a fortalecer los lazos familiares y permiten crear vínculos entre la generación de nietos y abuelos.


Conclusiones

El juego en la calle es una actividad que permite crear vínculos en la comodidad. Los problemas de violencia e inseguridad que ocurren en nuestro país ha formado una generación con miedo a la calle; la cual lleva a dejar a los niños resguardados en los hogares. Esta falta de actividad física ha repercutido en un sedentarismo que tiene como consecuencia el incremento de la obesidad infantil y el aumento de enfermedades como la diabetes. Otro fenómeno que ha afectado la niñez, es el hiperconsumo de la sociedad posmoderna; este lleva a los niños a olvidar los principios básicos del juego que se relacionan con la felicidad y la asertividad; centrando su atención al juguete como medio de expresión de superioridad al tener el objeto y actualizarlo constantemente.

La inserción de los juguetes dentro de la lógica de los juegos modifica los procesos de conducta y genera la posibilidad de discriminación del grupo que no tenga este objeto. Para poder participar en un juego de canicas es necesario tener este objeto, lo cual se liga a la parte de la posesión y evidentemente a la posibilidad de la apuesta, como una respuesta a medir y valorar las habilidades por medio de la tensión y la emoción que brinda el ganar o perder tus canicas. Desde el uso de juguetes tradicionales como el trompo y el balero, hasta la aparición de los videojuegos o juegos de rol por medio de tarjetas. La necesidad del niño de competir se vuelve un elemento imprescindible en el proceso educativo y conlleva una forma de afrontar posteriormente la realidad y su vida adulta.

La reflexión final se centra en la importancia de la convivencia infantil para crear procesos de sociabilización. Ya sea en la calle o en un parque, el tiempo de recreación permite al infante desarrollar habilidades blandas (gestión de conflictos, manejo del estrés, control de la frustración, habilidades de comunicación, trabajo colaborativo e inteligencia emocional) que le ayudarán en el fututo a una integración sana con la comunidad.


Bibliografía

· Audefroy, J. (2005). El mejoramiento de la vivienda indígena en la Ciudad de México, en Revista INVI- Universidad de Chile, Santiago de Chile. Consultado en octubre del 2018 en: http://www.bvsde.paho.org/bvsacd/cd63/audefroy.pdf

· Esqueda S. y López S. (2008) “El ocio de los jóvenes: la gran oportunidad” DEBATES IESA. Vol. XII, N° 2.

· Hetzer, H. (1965): El juego y los juguetes. Buenos Aires. Kapeluz.

· Jowett, S. Y Sylva, K. (1986): Does Kind of pre- school matter. Educational Research, 28 (1). Págs. 21-31.

· Ipiña, G., O. (2019) “Oasis urbano. Una metodología para el diagnóstico de espacios públicos recreativos. Caso de estudio: Parque Pushkin y Parque La Pera”. En el libro: Espacio Público y rehabilitación barrial, Editorial Navarra. México

· López Chamorro I. (1989) “El juego en la educación infantil y primaria”. Autodidacta. Revisado en línea en: http://educacioninicial.mx/wp-content/uploads/2017/11/JuegoEIP.pdf

· Ley de Movilidad de la Ciudad de México (LMCdMx). Publicada en la Gaceta Oficial del Distrito Federal el 14 de julio de 2014. Última reforma publicada en la Gaceta Oficial de la Ciudad de México el 29 de septiembre de 2020.

· Mujina, V. (1975): Psicología de la edad preescolar. Madrid. Pablo del Río.

· Piaget, J. (1946): La formación del símbolo en el niño. México. Fondo de cultura económica.

· UNESCO (1980). El niño y el juego. Planteamientos teóricos y aplicaciones pedagógicas. Serie. Estudios y Documentos de Educación, Francia.

· Vygotsky, L.S. (1979): El desarrollo de los procesos psicológicos superiores. Barcelona. Crítica.


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