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Juventud es rebeldía; rebeldía es amar

A mis amigos y amigas


Vivimos en un mundo roto, no cabe duda. Vivimos después de que el sueño de la razón fracasara y cayera por su propio peso. Vivimos en una época en la que la transformación tecnológica avanza a una medida increíblemente veloz. Vivimos en un mundo en donde lo que impera es lo normal, en donde la violencia llega a ser tratada con indiferencia, en donde importa más el qué dirán que el qué digo y preocupa más el qué hacen que el qué hago. Un mundo en el que se destruye la naturaleza con fines humanos y pocas veces hacemos algo para intentar cambiarlo; en el que hasta de la tragedia se hace comedia, en el que nos hemos acostumbrado a olvidar-nos. Las relaciones parecen reducirse a ceros y unos, a momentos en los que se deben refrenar las emociones y los sentimientos, incluso a mera palabra vacía y esporádica. Y no hay aquí juicio de valor, sino tan sólo descripción. En otros ámbitos, como la navegación web, nuestra actividad es rastreada y nuestra conducta utilizada para que un conjunto de operaciones matemáticas intenten determinar con fines de consumo qué nos gusta, qué no nos gusta y, a partir de eso, qué haremos, qué veremos; todo lo cual tiene como movimiento resultante la búsqueda por determinar-nos. Y en medio de todo eso, una pandemia que por más que en muchos ámbitos ha arrasado y transfigurado semejante mundo, en otros parece pasar desapercibida. </