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Joanne Rowling: la escritora y la condición humana

Actualizado: 17 mar 2021

Dispongámonos a dialogar ustedes y yo, estimada lectora y estimado lector. Como en todo diálogo, comencemos por plantear una pregunta en común: ¿Encuentran una diferencia tajante y absoluta entre ustedes dos, o quizá, por el contrario, se halla una semejanzacasi total? ¿Cómo podríamos determinar esto? ¿Tendría sentido intentar hacerlo desde los aspectos contingentes de la apariencia y el accidente? ¿Acaso no es cierto que a ambos los llegan a atribular las mismas preguntas profundas y radicales de la realidad misma: qué somos, qué debemos hacer aquí, por qué existimos, qué sentido tiene ser algo? De ser así, me parece que la literatura, permítasenos decir, las letras, -en tanto que medio para intentar dar respuesta a esos cuestionamientos-, puede ser un horizonte sumamente fecundo para disolver las aparentes fronteras irresolubles que separan al uno del otro, un horizonte en el cual la diferencia sirve para mostrar la semejanza, en donde convergen el tú y el yo, la lectora y el lector, la mujer y el hombre. Pero no con el fin de amalgamarlos, sino más bien con el objeto de eliminar la violencia, trascender el dolor, dejar atrás el miedo; mirarse el uno en el otro, como si se tratase de un espejo, y mostrar con ello que ambos merecen siempre y en todo momento los mismos derechos, las mismas bendiciones y oportunidades que la vida puede otorgar; mostrar que ambos, al final de cuentas, son y serán siempre por igual seres humanos, ni más, ni menos.

Dispongámonos a dialogar, pues, partiendo de un horizonte literario, pero precisemos éste aún más. Si bien la historia ha tendido a opacar y ensombrecer la figura de la mujer en el ámbito de las letras, es innegable la presencia de autoras eminentes que nos permiten observar la condición humana en su máximo esplendor, cabe decir, con todas sus virtudes y sus horrores. Desde Safo de Lesbos hasta Mary Shel