Immortal heart

A la memoria de nuestros amores muertos

Él había muerto, no había duda, pero yo sabía que su corazón seguía conmigo. Cada noche miraba el lado vacío de la cama antes de irme a dormir y escuchaba que los demonios de los que había escapado hace tiempo me repetían “está muerto”. Claro que estaba muerto, pero no había necesidad de que me recordaran eso, por eso odiaba a los demonios, por recordarme la desdicha de vivir sin él.

Después de completar mi ritual nocturno, el cual consistía en desnudarme y acostarme de su lado de la cama para que mi piel pudiese sentir cada fibra de algodón que su cuerpo tocó y así poder sentir un abrazo, me fui a dormir al ático, así estaba más cerca de él, más cerca del cielo.

La mañana siguiente fue desdichada, varios ángeles vinieron a verme, así era mi vida ahora, los demonios y ángeles venían a verme aunque ninguno de los bandos me cayera bien. Unos querían apoderarse de mi cabeza, mientras que los otros solo querían que dejara mis rituales donde podía sentir la presencia de mi difunto amado, para concluir; solo querían hacerme sufrir. Como decía, varios ángeles vinieron a verme: el primero portaba unos lentes, era alto y con cabello castaño claro; el segundo igualmente era alto, de cabello negro y barba; el tercero era más bajo que los otros dos, su cabello era rizado y castaño oscuro.

Era curioso, aunque no quisiera oír “los consejos de los ángeles” igualmente me los daban, y esta ocasión no fue la excepción. El primer ángel se sentó al lado mío en el sillón mientras los otros dos iban a la cocina por agua, por algún motivo que no reconocía les tenía mucha confianza, como si los conociera de toda la vida.


— ¿Cómo te has sentido? —me pregunta—Hemos estado preocupados por ti

¿Por qué siempre me hacían esa pregunta? Evidentemente no estaba bien, mi esposo se había muerto, pero tampoco estaba mal, lo único que me ponía de nervios era el hecho de que me visitaran ángeles y demonios. La pregunta cínica viniendo de él.


—Tengo ganas de una manzana, en un momento vuelvo—le dije mientras me levantaba de mi asiento


Caminé hacía la cocina cuando escuché a los otros dos ángeles hablar tras la puerta


—Entiende que no podemos internarla sin decirle antes, eso solo le ocasionará un trauma más profundo


—Insisto, ¿qué quieres que le digamos?, “señorita, tendremos que llevarla a un asilo de mujeres, ¿nos acompaña?, ¿sí? Muchas gracias”, debemos dejar esta discusión ridícula y simplemente hacerlo, ya hemos estado aquí mucho tiempo y ella comenzará a sospechar


¿Por qué querían internarme en un asilo?, seguramente era un plan siniestro para separarme de las pocas cosas que aún me quedaban, yo no estaba loca, yo no necesitaba nada más que a mi difunto marido.


—Ten piedad, nos ve como ángeles, recuerda cómo nos llamó en el funeral, digámosle que la llevaremos al cielo para que vea a su marido.


—No es bueno alimentar más su locura—reprendió el de voz más gruesa.


No sabía qué asunto se traían los ángeles y los demonios conmigo, pero fingí que no oí nada de esa conversación, los demonios eran lo contrario a ellos según la teología, por tanto decidí tocar este tema con ellos en la noche. Aquella noche justo cuando estaba tomando un té apareció una de ellos, era alta con cabellos blancos y negros y un vestido color violeta, sabía que era una de ellos porque su aura era color rojo.


— ¿Cómo te sientes? — Me preguntó.


¿Por qué siempre me hacían la misma pregunta? Me estaba resultando cansona, decidí seguirle la corriente para que me dejara tranquila y seguir mis ritos nocturnos.


—Bien, supongo, ¿por qué la pregunta?


La demonio se me acercó hasta sentarse a mi lado


—Tengo una noticia que darte pero no sé cómo reacciones a ella, espero que te ayude a olvidar más rápido a tu esposo, él te era infiel. Espero que esto haga que tu duelo sea más rápido.


Comencé a reír a carcajadas, no sabía que los demonios tuvieran un sentido del humor tan raro y retorcido, mi esposo había sido el mejor de los hombres.


—Su broma fue divertida, pero venga, dígame la noticia ahora, tengo mucho sueño.

La demonio se quedó mirándome preocupada mientras me extendía un pedazo de periódico, era una fotografía en blanco y negro, una novedad de la época, qué extraño que tuviese una fotografía en ese momento.


—Ha salido en el periódico del mes pasado, pero no nos habíamos dado cuenta. En el marco izquierdo de la foto se le ve besando a otra mujer, lo siento mucho — continuó en un tono lúgubre.


Tomé el recorte y en efecto era él, eso no tenía sentido, me había dicho que su corazón me pertenecía únicamente a mí, a mí, a mí y nadie más que a mí, ¡NADIE PODÍA TENER SU CORAZÓN MÁS QUE YO!


—Es mío—Susurré mientras los escalofríos recorrían mi cuerpo— es mío.


La demonio me miraba con confusión, aventé la taza de té contra el suelo haciendo que volara en mil pedazos, corrí hacia la puerta y dejé a la demonia encerrada con llave. Nadie detendría lo que iba a hacer, a lo lejos ella gritaba mi nombre y que regresara a la casa, pero esas suplicas eran desperdicio de voz y aire.


Un médico escribía una ficha de archivo, le parecía increíble lo que estaba escribiendo, la historia era corta pero fascinante y triste: una mujer de unos 20 años de edad había desarrollado una especie de delirio a raíz de la muerte de su esposo, este delirio consistía en que sus familiares eran vistos como demonios y sus amigos como ángeles, cuando se enteró que su ex esposo le fue infiel en vida, enloqueció tanto, que corrió al cementerio donde estaba enterrado y con sus propias manos escarbó la tierra para después con una piedra sacarle el corazón y sostenerlo en su pecho. Esta mujer murió de hipotermia y su madre comentó en la comisaria: “Antes de salir de la casa susurraba la frase 'Es mío, es mío', sus amigos pensaron en internarla, pero ya es muy tarde para eso. Creo que lo que más me duele aparte de su muerte, es el hecho de que lo hiciera sin poder hablar coherentemente por última vez con las personas que la queríamos tanto”.

Increíble…


Fin.

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