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Guerra interminable

A estas alturas de mi vida ya no sé si te odio, aborrezco o quiero matarte. Quizá solo sea una, quizá sean todas juntas.


Puede que seamos dos caras de una misma moneda, que seamos sangre, pero el hablar contigo, el tenerte cerca hace que me enoje automáticamente y te conteste mal. No te soporto cuando actúas como niña y quieres que todos te presten atención, no te soporto cuando estás enojada y andas gritando a todos los que se te acercan en busca de su atención.


No maduras, no evolucionas, eres víctima de tu propia condena y no quieres liberarte, quieres que los demás estén encadenados contigo. Eres corrosiva, visceral y peleonera. Te gusta esparcir tus miedos, tus prejuicios e inseguridades; ocultas entre tus capas de grasa tus peores atrocidades y luego quieres que te traten con respeto porque crees que ser cuarentona es sinónimo de adulta y de sabiduría, pero no eres ninguna de esas dos cosas. Eres una niña pequeña que pelea todo el tiempo, que me trata como su hermana menor cuando ni siquiera soy eso. Te enfadas, gritas, amenazas; tus luchas siempre son verbales, aterrorizas a los que te rodean, corremos como ratones asustados y eres feliz sabiendo que has marcado tu territorio.


A veces puedo ver tu punto más bajo, las inseguridades salen a la luz y