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Frustraciones Románticas: Gavroche

En 1862, Víctor Hugo escribe una de las obras que más tarde se consideraría un ejemplar del Romanticismo literario: Los Miserables. Sobra hacer un resumen acerca del libro, ya que el presente ensayo, únicamente se concentra en la figura de Gavroche, un niño huérfano que a pesar de vivir en circunstancias miserables encuentra la manera no sólo de sobrevivir, sino de disfrutar. Lo dicho anteriormente sobre el personaje, ha dado lugar a un sinfín de preguntas que resultan en este texto: ¿Qué concepción se tiene de los niños en Francia a principios del siglo XIX? ¿Siempre se ha concebido de tal manera? ¿Qué representa para Víctor Hugo una figura como Gavroche, está haciendo a través de éste una crítica a la sociedad francesa? Y sin duda, la más importante: ¿Por qué antes de morir, Gavroche menciona que Rousseau (filósofo destacado de la ilustración) tiene la culpa de su trágico destino? ¿Es de alguna manera un reflejo de lucha entre la Ilustración y el Romanticismo?


Para dar respuesta a estas y otras preguntas que me he planteado a partir de la lectura del clásico de Víctor Hugo, se tomará en cuenta el periodo en el que se encuentra escribiendo el autor, el contexto sociopolítico y otros textos como: La gran matanza de gatos y otros episodios en la historia de la cultura francesa del historiador Robert Darnton y Emilio o de La Educación de Jean-Jacques Rousseau. Todo esto en función de poder comprender la concepción de las infancias en momentos específicos en Francia y, finalmente, poder llegar a una conclusión que de razón a las últimas palabras de Gavroche mediante las cuáles Víctor Hugo responsabiliza a Rousseau sobre su vida y muerte.

 

 Cosmovisiones

 

Ya el historiador Robert Darnton nos dejó un gran guiño de la forma de pensamiento en Francia del siglo XVIII mediante el análisis de los cuentos populares de la época llamándolo “l’histoire des mentalités”.


 Darnton se enfoca en las zonas de Francia en las que el gran movimiento de la Ilustración no alcanza y se dedica a desentrañar la concepción del mundo de estas minorías que aun cuando parecen ser totalmente ajenos a lo que está sucediendo en la capital, resultan ser efectos colaterales de un crecimiento tecnológico, ideológico e industrial acelerado. Dice también que Rousseau y sus ideas, representan una nueva forma de pensar, una ruptura y junto con los enciclopedistas, revolucionan la manera de ver el mundo.[1]


¿Qué pasa entonces con quienes no forman parte de este movimiento, el progreso social es proporcional al industrial y tecnológico? Para empezar, estas personas viven en situaciones precarias (algo que veremos retratado una y otra vez en Los Miserables). Para ellos, tener estructuras familiares como las que imaginamos en el presente, es algo inconcebible.

 Robert Darnton escribe al respecto: “El límite más eficaz y doloroso lo imponía la muerte, la muerte de la madre y la de sus bebés durante el parto y la infancia”.[2] La mención de la “infancia” presupone –en el presente— enlazar la palabra con otras como “crianza respetuosa” o “inocencia”, todo esto gracias a la herencia de la pedagogía moderna, en ésta se busca en todo momento la autonomía y desarrollo funcional del infante.


 No obstante, Darnton, más adelante aclara que en Francia del siglo XVIII nadie considera inocentes a los niños y que la infancia no es vista como una etapa de la vida que se distinga de otras: “Los hijos trabajaban junto con sus padres casi tan pronto como podían caminar, y se unían a la fuerza de trabajo adulta como peones, sirvientes y aprendices tan pronto como llegaban a la pubertad”.[3] Aunque el historiador está hablando de hace algunos siglos, no se puede evitar que tales conceptos puedan ser leídos e interpretados como anacronismos y precisamente eso es lo que sucede con este tipo de planteamientos.


Sí, tal vez hablar de infancias en Francia del siglo XVIII resulte atemporal, pero ¿de qué otra manera lo aseveramos? ¿cómo podemos entonces aterrizar diferencias para comprender cosmovisiones de otras épocas? Sabiendo esto, logramos identificar que las grandes transformaciones no solo repercuten en lo inmediato o, como se nos muestra en la historia “convencional” a las grandes naciones y potencias. Es un fenómeno al que Geoffrey Bruun llamaría “avances y frustraciones”[4], dando a entender que el progreso no siempre significa que todos los ámbitos de una sociedad están moviéndose hacia adelante y de manera positiva con el mismo ritmo.

 

 Hombre o Ciudadano

 

Al mismo tiempo que los infantes del siglo XVIII se encontraban en situaciones desafortunadas en las que no se les llegaba aún a ver como se haría más adelante, la idea de las infancias dignas y el desarrollo provechoso se estaba cocinando en la mente de Jean-Jacques Rousseau y, esto es lo que hace tan interesante estudiar e investigar de forma paralela “diferentes realidades” dentro de un mismo periodo de tiempo en un lugar exacto.


Por un lado, Darnton nos abre los ojos ante la inexistencia de esta etapa en la vida de los franceses, pero a finales del siglo, en 1762 (pocos años antes de que estallara la Revolución francesa más famosa) sale a la luz Emilio o de La Educación, en esta obra, el filósofo ilustrado habla directamente a las madres y tal parece que quiere causar en ellas una especie de reflexión sobre la relación que establecen con sus hijos desde el momento en que nacen: “[…] un hombre abandonado desde su nacimiento a sí mismo sería el más desfigurado de los mortales […]”.[5] Así poco a poco, responsabiliza a la madre del destino del hijo y exponiendo sus ideas sobre lo que considera una crianza exitosa. Las dudas comienzan a surgir cuando fragmenta la educación en tres partes: la educación que viene de la naturaleza, la que viene de los hombres y finalmente de las cosas. En la primera, se considera la relación del hombre con su interior.


 La segunda etapa va en función de aprender a usar o desarrollar la relación con el ser interior (aprendiendo esto de los hombres) y, finalmente, la tercera se adquiere por la experiencia propia en torno a los objetos que rodean al ser. A esto último adjudica tres clases de maestros y concluye que la educación es un arte que, sí, depende de los diferentes tipos de maestros.[6] Rousseau se pregunta sobre la eficacia de esta enseñanza y comienza a plantearse qué sucede cuando estos tres tipos de educación no se alinean y hasta se contraponen: “La armonía, entonces, resulta imposible, y forzados a oponernos a la naturaleza o a las instituciones sociales, es forzoso elegir entre formar a un hombre o a un ciudadano, no pudiendo hacer al uno y al otro a la vez”.[7] En este punto es cuando podemos empezar a relacionarlo con la obra de Víctor Hugo, porque la visión de Rousseau no nos da otra alternativa: o eres un hombre o eres un ciudadano. Más allá de que la madre –de acuerdo con el ideal de Rousseau— genere vínculos exitosos con el hijo, si el Estado decide que la educación del individuo depende directamente de éste, no hay vuelta atrás. Encontraremos, que Gavroche es este tipo de hombre en Los Miserables para Víctor Hugo, o más bien este tipo de ciudadano.

 

Contexto y retrato de un pilluelo

 

La descripción inicial que hace Víctor Hugo sobre Gavroche resulta intrigante: “París tiene un hijo y el bosque un pájaro. El pájaro se llama gorrión, y el hijo pilluelo […] No come todos los días, pero va a los espectáculos todas las noches, si se le da la gana. No tiene camisa sobre su pecho, ni zapatos en los pies, ni techo sobre la cabeza”.[8] Para comprender el contexto en el que escribe, es necesario repasar que Víctor Hugo nace en 1802 y muere en 1885, esto significa que vive dentro de un contexto sumamente turbulento para Francia.


Después de la caída de Napoleón en 1815, la Restauración de los Borbones comenzó (Bruun resalta en La Europa del siglo XIX, 1815-1914 que los estadistas la Restauración han sido señalados por planear hacia el pasado en vez del futuro a causa de querer restablecer el régimen que en algún momento funcionó perfectamente para gobernar a Francia). Esto quiere decir que Víctor Hugo vivió aún parte del Imperio de Napoleón Bonaparte, su caída, la Restauración, la eterna lucha entre conservadurismo y liberalismo. También se vio estrechamente relacionado con la candidatura de Napoleón III en 1848. En este año, precisamente se encuentra parte de la inspiración del autor y es de esta Francia de la que hablará en su obra (partiendo también desde 1815).


En Francia los conflictos de 1848 estallaron de una manera especial ya que, si bien los Borbones habían dejado el trono francés en 1830, Luis Felipe I no trajo el cambio que esperaba el país, el pueblo –la baja burguesía y el proletariado— trataba de ser escuchado por el Estado, sin embargo, Luis Felipe I tenía en su lista de prioridades a la alta burguesía, el descontento social alimentado por las ideas comunistas que se encontraban en auge, fueron el motor que daba movimiento a la revolución. Lo importante es que la clase proletaria también se vio afectada por la crisis de la industria, la producción industrial tuvo un exceso de producción provocando que no todo el producto fuera posible de vender obligando a las fábricas a cerrar por la falta de beneficios, dejando a miles de trabajadores/obreros sin la posibilidad de laborar.[9] Se encuentran entonces ante una crisis industrial de un país que no puede dejar de transformarse.


Con las grandes transformaciones, sobre todo con las desmedidas, vienen las crisis, con la crisis vienen los efectos colaterales y, una vez más, parece que nos encontramos hablando de lo que sucede un siglo antes cuando Jean-Jacques Rousseau hace un intento por visibilizar a las infancias y los poblados marginados sufren de la pérdida de sus hijos, solo que ahora en vez de enfrentar la muerte, se enfrentan a sobrevivir. Sus madres los han olvidado o les ha convenido olvidarlos. La etapa del ser humano como la soñó Rousseau es imposible, pero “al hijo de París” no le importa, lo acepta y lo transforma en algo de lo que se siente orgulloso, algo que lo hace rayar en el cinismo y sentirse un verdadero hombre. Sin darse cuenta de que la vida que lleva es una consecuencia de la crisis social, Gavroche adopta este papel como ningún otro personaje que aparezca en Los Miserables: “No tenía casa, ni pan, ni lumbre, ni amor, pero estaba contento porque era libre”.[10] ¿Libre de qué? En primera instancia, podría interpretarse como libre de un sistema, pero al mismo tiempo está siendo víctima del sistema. ¿Estará hablando entonces de una libertad que trae consigo la ignorancia? “Este muchacho vivía en una carencia completa (…) más no sufría ni echaba la culpa a nadie; no tenía una idea exacta de lo que debía ser un padre y una madre”.[11]

 

Romanticismo contra ilustración

 

No deja sorprender cómo es que estos textos dan cuenta de épocas específicas dentro de un mismo país y nos ayuda a analizar los cambios, las similitudes, los contrastes, pero sobre todo cómo pueden servirnos de espejo que refleja rasgos característicos de un contexto social. Ya se ha dicho que la Ilustración se caracteriza por la priorización del intelecto, la razón y –tal como vemos en la obra de Rousseau— la educación. Debemos preguntarnos ¿a quiénes querían educar? ¿dicha educación llegaría a todas las aristas sociales de Francia y de Europa o se centraría en unos cuantos que poseían el privilegio de tener acceso o, mejor dicho, interés en tener acceso a la educación? ¿los campesinos de Francia del siglo XVIII querían o concebían ser educados y educar a sus hijos?


Arnold Hauser, aporta un análisis sobre el movimiento socio cultural del Romanticismo en contraposición a la Ilustración en su obra Historia Social de la literatura y el arte II. El movimiento germánico Sturm und Drang, estaba en contra del racionalismo ilustrado que, tiene sus raíces en Francia.


Cuando Hauser resalta la característica revolucionaria del movimiento, nos lleva a reflexionar, precisamente, en su oposición a la razón como sólo propósito del hombre; es, precisamente, la tormenta y el ímpetu lo que lleva al reconocimiento de que el humano es mucho más allá (tanto en propósito como en ser) que su capacidad de conocimiento. A simple vista, podría confundirse con un movimiento incapaz de sostenerse por sí mismo, o bien, como uno que no tardaría mucho tiempo en desaparecer, incluso, el autor repara en lo extraordinario que fue que alcanzara cierta posición tras haber seguido un camino “caprichoso, irracional y nada dialéctico”.[12]

Según Hauser, el humano nunca había tenido tanta conciencia de que su existencia, su entorno y la relación como individuos con sus alrededores. En este sentido, se puede inferir que si bien, la Ilustración fue un movimiento fuerte que alcanzó varios confines, no es seguro decir que los alcanzó todos. De cualquier manera, cuando los movimientos son de tal magnitud, las ondas imaginarias que crean repercuten hasta en los lugares más alejados. En este caso, las ondas que alcanzaron a los pueblos marginados de Francia en el siglo XVIII generaron un movimiento socio cultural totalmente opuesto, que resaltaba cosas diferentes a las de la Ilustración. Víctor Hugo, entonces, circunscribe su obra dentro de este movimiento “opuesto”. Es parte de los que deciden que la razón no es suficiente para explicar al ser humano. Después de haber visto tantas transformaciones y haber participado en las diferentes etapas que sufrió Francia en aquel entonces, decide unirse al grupo que exaltaría los sentimientos –y resentimientos—; aquellos que buscan un sentido de pertenencia dentro de su patria mientras la patria misma les dice que no pertenecen, los que están buscando visibilizar que efectos les trajo el crecimiento acelerado e incontrolable de la gran ciudad creando personajes como los que vemos en las novelas románticas de la época. Personajes y tramas que reflejan cómo perciben la realidad.

 

Conclusión: crítica a través de la muerte de Gavroche

 

Parece que todo se define en el capítulo que contiene la muerte Gavroche y lo hace con lo que a simple vista son dos líneas simples de una canción: “La alegría de mi ser; por culpa de Voltaire; si tan pobre soy yo, la culpa es de Rousseau (…) El espectáculo era a la vez espantoso y fascinante”.[13] El hijo de París muere, con él todo lo que alguna vez pudo llegar a ser.


En una interpretación sumamente personal, parece que Víctor Hugo mata a Gavroche y con él a Francia entera o, al menos, a la Francia que él conoció. Al mismo tiempo, me parece que expone lo que se ha propiciado a partir de todos los intentos desesperados por restablecer el orden después de casi un siglo de revoluciones, el haber estado tan cerca de los acontecimientos sin duda es un factor que no se puede dejar pasar. Lo que se rescata sobre la vida de Víctor Hugo, es precisamente que durante su vida ve el intento de la Restauración, se pone de lado de los conservadores y rompe su relación con ellos y posteriormente presencia las revoluciones de 1848. No solo es observador directo de estos acontecimientos, sino que vive un tiempo considerable como para ver los resultados (positivos y negativos).


El objetivo de todo este trabajo ha sido entender cómo afecta al autor su contexto, cómo resulta se ve reflejado en su obra, encontrar características sugestivas de los movimientos socio políticos y culturales y con ello llegar a la conclusión de que efectivamente, la obra de Víctor Hugo (puntualmente, la figura de Gavroche) es una denuncia directa a la sociedad de la cual es testigo. No podemos, aun así, ignorar la posibilidad de que sea una mera forma de expresión y clase de escape para el autor escribir algo de ese tipo.


En cuanto a las preguntas planteadas, cabe decir que la concepción que se tiene de los niños en Francia a principios del siglo XIX no dista mucho de lo que sucedía en el siglo XVIII tal como lo relató Darnton. Sí, había diferencias entre las clases sociales a las que pertenecieran los infantes, pero, se concluye que en general, los niños no eran tratados conforme a lo que se lograría más tarde mediante la lucha por la visibilización y la separación por etapas en la vida de un individuo, por lo tanto, se responde la pregunta número dos: no, no siempre se concibieron de la misma manera las infancias en Francia (ni en el mundo). Sobre la pregunta número tres, sería arriesgado dar una respuesta definitiva o general, pero después del análisis realizado, me parece que Gavroche para Víctor Hugo puede representar –entre otras cosas— la sociedad rota y enferma de la que es parte. Así como con las primeras dos preguntas, la respuesta anterior, ayuda a responder el número cuatro. Siendo parte de esta ola de escritores y artistas románticos, se utiliza al personaje del pilluelo para pronunciar el nombre de Rousseau y Voltaire. Dos de los filósofos más importantes de la ilustración son responsables del final de la vida de Gavroche. No sólo porque se considere que la Ilustración y el Romanticismo sean opuestos, pero porque –una vez más siendo esto una consideración personal— a pesar de los intentos de Rousseau por visibilizar al sector infantil de la sociedad, se encuentra Víctor Hugo con que esto no es una realidad.


Analizar cambios dentro de un marco social a través de literatura de la época es un ejercicio complejo que a veces puede dejarnos con más preguntas de las que originalmente creíamos, sin embargo, considero que es una manera eficaz de acercarse tanto al imaginario como a la ideología de los involucrados al mismo tiempo que da razón a fenómenos que podríamos considerar aislados (así como lo es el dinámico significado de las infancias en paralelo a la transformación social) de la historia “oficial”.

 

Bibliografía:

 

Bruun, Geoffrey. 1979. La Europa del Siglo XIX (1815-1914). México: Fondo de Cultura Económica.

 

Darnton, Robert. 1987. La gran matanza de gatos y otros episodios en la historia de la cultura francesa. México: Fondo de Cultura Económica.

 

Hauser, Arnold. Historia social de la literatura y el arte II. 2018. México: Penguin Random House.

 

Hobsbawm, Eric. La era de la revolución. 1789-1848. 2009. Buenos Aires: Grupo Editorial Planeta.

 

Hugo, Victor. Los Miserables, México, Editorial Porrúa, 2013. p. 152.

 

Rousseau, Jean-Jacques. 1762. Emilio o de la Educación. Edición electrónica de acceso libre. Ver: https://ministeriodeeducacion.gob.do/docs/biblioteca-virtual/dfhQ-emilio-o-de-la-educacion-jean-jacques-rousseaupdf.pdf(consultada el 13 de mayo del 2022).


Notas:

[1]Robert Darnton, La gran matanza de gatos y otros episodios en la historia de la cultura francesa, México, Fondo de Cultura Económica, 1987, p. 13.  

[2] Ibid., p. 36.

[3] Loc Cit.

[4] Geoffrey Bruun, La Europa del Siglo XIX (1815-1914), México, Fondo de Cultura Económica, 1979.

[5] Jean-Jacques Rousseau, Emilio o de la Educación, epub libre, 1762. p. 13.

[6] Ibid., p. 15.

[7] Ibid, p. 16.

[8] Víctor Hugo, Los Miserables, México, Editorial Porrúa, 2013. p. 152.

[9] Eric Hobsbawm. La era de la revolución. 1789-1848. Buenos Aires, Grupo Editorial Planeta, Primera reimpresión 2009.

[10] Ibid., p. 178.

[11] Ibid, p. 179.

[12] Arnold Hauser, Historia social de la literatura y el arte II, México, Ciudad de México, Penguin Random House, 2018, p. 178.

[13] Ibid., p. 369.

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