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Estrictamente ajeno

Siento demasiado. Siento todo lo que veo y lo que escucho. Siento cada lucha, tragedia o alegría que me cuentan. Mis padres dicen que no deberían afectarme demasiado las situaciones ajenas y tendría que sentir un poco de indiferencia.


Cuando escuché por primera vez en clase de Historia acerca de la independencia de nuestro país, sentí un nudo en la garganta, y al llegar a mi casa lloré en mi cuarto porque no podía dejar de pensar en el trauma y la pena de las personas que lucharon por esa libertad o de las familias que se rompieron a causa de esas guerras. Es verdad que no puedo imaginar ni la décima parte de su dolor, pero un minúsculo fragmento lo siento en el pecho y me ahoga impidiéndome hablar.


A los once vi “The help” y no pude llorar hasta que nadie me viera. Me sorprende y me da mucha tristeza cómo algo tan cruel, como pensar que somos distintos por cualquier diferencia en raza, costumbre o país de origen, nos hace dignos de jerarquizar a las personas en inferiores y superiores, ¿en qué momento comenzó todo esto?, ¿por qué comenzamos a luchar entre nosotros?