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Elector, elige

Un pasaje histórico de la tibieza

 

México se fundó bajo la idea de querer algo nuevo, pero sin perder lo viejo. Es decir, querían un conservadurismo que se adaptara a los nuevos tiempos, que les diera libertad sin quitarles las cadenas por completo. Somos un país de tibios porque así nacimos. La Independencia se dio porque un grupo de criollos privilegiados querían el poder que estaba a manos de los españoles gracias a Napoleón Bonaparte, que conquistó la zona española para establecer a los Borbones y estos se manejaron a través de la Constitución de Cádiz (muy liberal a mi parecer, al igual que racista porque pensaba en que los americanos eran menores a los europeos). Una vez iniciada la guerra, mataron a Hidalgo y a sus amigos, continuó en batalla Morelos y concluyó la Independencia Guerrero, pero a este no se le tomó en cuenta y se dejó a Iturbide (otro español que apoyaba la monarquía y con ansias de poder), se le quitó del poder y llegó la primera presidencia. Guadalupe Victoria llegó democráticamente a la presidencia, de ahí en adelante las matanzas y la ilegalidad marcarían a la política nacional, quizá hasta la llegada de Lázaro Cárdenas. 

 

Y no, los gobiernos revolucionarios tampoco llegaron por la paz, se tuvieron que destruir entre ellos mismos para ocupar la silla presidencial, esa maldita silla en la que Zapata —quizá el único fiel a sus ideales— no se quiso sentar. La Revolución fue necesaria, sin embargo, no se buscó en un principio un cambio total.  Francisco I. Madero es visto como el apóstol de la patria, el que esparció democracia por todos los Estados y veló por la constitución, yo diría que fue igual que Hidalgo porque comenzó algo que no quería y que se le fue de las manos. Madero dijo y prometió, todos vaciaron su esperanza en él y le fueron leales, aún así, decidió dejar al ejército y a los burócratas porfiristas (de aquí sale Victoriano Huerta, su posterior asesino), no repartió tierra, puso a su familia en puestos de gobierno y siguió sus alianzas con hacendados y empresarios extranjeros. Finalmente, Madero fue asesinado, se le santificó y bajo su nombre siguió la lucha. Fue un hombre pequeño para un sueño tan grande.

 

Algunas personas comparan a Vicente Fox con Madero porque también aprovechó la ilusión de un cambio para llegar al poder, una vez ahí dejó de revolucionar, llevó al país al carajo. No se trata de un hecho que de repite cada siglo porque cada vez tenemos mayor participación ciudadana y tengo fe en que en algún momento tengamos una democracia real y un o una gobernante capaz de sentarse en la silla presidencial y no perder su plan de gobierno. Yo insisto en que somos un país de tibios, exigimos un rato y luego lo soltamos, tenemos el potencial de cambiar nuestro entorno, pero la decepción pesa más. Peor es en la actualidad con nuestros políticos-cómicos que gustan de tomarnos el pelo, no dejan espacio a la opción.

 

El 2024 pasa a la historia

 

Aquí no defiendo partidos ni personajes, solo invito a votar, ¿sirve de algo? Claro que sí, hace seis años se demostró cuánto poder tiene el pueblo y la urgencia por un cambio verdadero, ¿fue suficiente? No lo fue, porque hay ayudas, pero no empleos, hay educación sin futuro y hay productos de consumo sin consumidores que puedan consumirlos. Esto no es culpa total del presidente, cada presidencia viene arrastrando las decisiones del pasado y deben de operar bajo esas condiciones, ahora sí que se hace lo posible (cuando se hace).

 

Enunciemos lo que queda en deuda de esta presidencia ante la población: lxs desaparecidxs y el apoyo a las madres buscadoras, la violencia de género, la crisis del agua, la inversión extranjera y la gentrificación, el narco, el problema de migración de constante flujo hacia México y hacia Estados Unidos, la falta de empleabilidad y la imposibilidad de la juventud de adquirir una propiedad inmueble para vivir. Igualmente tenemos que resaltar lo positivo, el enfoque social y cultural de este gobierno fue impresionante, se intentó una verdadera inclusión y se buscó hacer públicos los espacios; grandes grupos están contentos y cómodos en general. El sueño se acaba este 2024 con las elecciones de junio, no sabemos quién nos va a gobernar, pero las candidaturas son un vil meme.

 

Por primera vez en la historia de México tenemos a dos candidatas para la presidencia, es una emoción inexplicable porque la lucha feminista abrió caminos para que esto se lograra, pero ellas no son representantes del feminismo. ¿Por qué hay mujeres en las candidaturas? Porque ya era tiempo, eran la opción que se esperaba y creyeron que sería una buena publicidad, también son mujeres preparadas que tienen las habilidades y herramientas para administrar un país, llevan carrera larga en la política y no se muestran asustadas ante las complicaciones que llegarán porque ya se han enfrentado a eso. Aun así continúan siendo la respuesta lógica a la crisis del Estado contra su peor enemiga: la sublevación femenina.

 

Una presidenta abrirá las puertas para que otras puedan participar en la política y tengan aspiraciones de poder; al igual que permite la hegemonía de un sistema originalmente masculino y que se aprovecha de los nuevos tiempos para sustentarse porque las candidatas pertenecen a los mismos partidos, porque buscan continuidad y no sabemos qué tanto actuarán con independencia – esto sin importar su género, se trata de una duda común en cada candidatura –, problema que nos hace pensar en que no se harán cargo de las deudas pendientes y que nos dejarán esperando. La historia tiene matices, la política aún más. Clasificar en polos de bueno y malo no sirve para comprender nuestra realidad y nos pone en peligro porque sin libertad no hay crítica y con barreras no hay libertad. Así el asunto femenino se muestra como un abanico de opciones en el que hay pros y contras.

 

No olvidemos que también tenemos a un candidato masculino que alude a su juventud y a una canción pegajosa con coreografía que es tendencia en redes sociales. La sonrisa de este candidato es igual de grande que la pretensión de su partido por ser la Gran nueva derecha de México. Se está ganando a los votantes más jóvenes porque su equipo de marketing supo hacerlo tendencia; además, es la opción para quienes no quieren lo mismo, para quienes buscan una opción más fresca o que no quieren votar por el partido regente y menos por la descarada coalición.  El candidato prefirió ir a festivales, es divertido y es apoyado por el gobernador regiomontano al que no se le permitió ser candidato y tuvo que poner a otro en su lugar. ¿Qué tanta novedad nos ofrece?, ¿cuál es la garantía que lo acompaña?, ¿cómo saber si en verdad es distinto a los otros políticos?

 

Este 2024 las elecciones serán distintas ya sea por la forma en la que se hace la propaganda con medios digitales; porque más personas quieren votar, aunque no se quieren involucrar en política; porque los memes y los edits son las nuevas formas de hacer crítica social y política; por las exigencias y esperanzas de la ciudadanía hacia las candidatas; y por las reproducciones en Spotify. Para ser parte de este momento histórico solo hace falta votar y observar.

 

La tibieza se transforma en poder

 

Cuando elegimos a un candidato o una candidata estamos dando un voto de confianza porque no es posible prever lo que sucederá. Depositamos nuestra esperanza por un futuro mejor en nuestros representantes que creemos trabajan por y para nosotros porque la democracia necesita de fe, elección y búsqueda de seguridad. En nuestras manos está el poder de decidir en esta promesa de ciudadanía.

 

Si bien ya externé nuestra tibieza, me gusta pensar que es una potencialidad que nos llevará a la ebullición. Siempre es más fácil que un caldo tibio se eche a perder cuando no se le calienta lo suficiente para que hierva y cuando ya está hirviendo o lo sirves y lo comes calientito en familia, o se deshacen las verduras y te queda como engrudo o se cae y ensucia la estufa. Por eso somos caldo en potencia, todo puede pasar.

 

Tenemos el potencial y lo sabemos. Hay gente que dejó atrás el miedo para comenzar a luchar, madres que buscan a sus hijos desaparecidos, estudiantes activistas que hasta en clase alzan la voz, miembros de la comunidad LGBTTTIQ+ que exigen sus derechos a pesar del acoso y la violencia, feministas que gritan y marchan por todas las que faltan, trabajadores que buscan un mejor horario laboral para tener una vida de calidad, organizaciones que exigen la protección de las infancias y del medio ambiente por un futuro mejor. Así que sí, hemos sido tibios como nación en general; sin embargo, tenemos la posibilidad de cambiar, de exigir, de creer, de votar.

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