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El viaje del elefante de José Saramago: se trata de andar


Es conocido el estilo narrativo de José Saramago: la reflexión casi ensayística articulada con el desenvolvimiento del relato. El viaje del elefante no deja de lado este tipo de prosa, pero pierde la fluidez con la que el portugués suele avanzar la historia de sus novelas. Escrito en un momento de incapacidad respecto de su salud, el libro intenta ser un relato en el que lo histórico confluye con lo ficticio: un elefante de nombre Salomón que es dado como regalo debe hacer un viaje desde Portugal hasta Viena, acompañado a lo largo de toda la historia por su cornaca (o cuidador), Subhro.


Esperaba un tratamiento más literario, más fabulesco, de la historia de un elefante que viaja hasta Viena. En su lugar encontramos en El viaje del elefante un relato seco en cuanto a descripciones, con toques realistas que, sin embargo, pierden de vista durante bastantes páginas al que sería el personaje principal (el elefante mismo) entre militares, sacerdotes y pobladores de distintos lugares. De este modo, en reiteradas ocasiones el ritmo del libro se hace lento y el flujo de la narración se entorpece, nos dispersamos en diálogos que a veces resultan pesados y prescindibles, o nos atoramos en escenas que no aportan realmente a la historia.


No obstante, el libro tiene, como muchas obras de Saramago, pasajes excepcionales, entre los que destaca uno en el cual, luego de entrar en un navío para viajar a través de la mar, se afirma el coraje del elefante y de su cuidador en una frase magnífica: “De momento y, sin embargo, sólo se trata de andar”. Quizá ésta podría ser vista como el leitmotiv de la novela: el relato, así, cobra otro sentido desde la óptica no tanto de las peripecias del elefante sino antes bien del trayecto y la aventura misma que se atraviesan.


Otro punto interesante es el de la exploración de distintos temas, como la religión o la política. Desde el cornaca hindú que entabla un diálogo teológico con un militar, hasta las relaciones jerárquicas entre la gente de la corona y los súbditos, las reflexiones, como suele ocurrir en los libros del portugués, terminan por revelar una condición humana sumergida en claroscuros, una visión que ora se concentra en lo trágico a la vez que toma al conocimiento con desprecio, ora afirma el cariño a la humanidad y sus virtudes.


El viaje del elefante es una novela que no recomendaría a alguien que quisiera entrarle por primera vez a Saramago. Pero si alguien quisiera un libro que explore el tema del viaje y sus implicaciones espirituales, probablemente pensaría en esta novela. Y es que es curioso atisbar distintos guiños que, aunque no de manera explícita, nos muestran eso. Por ejemplo: en un punto, algunos personajes cambian de nombre (¿alusión a la transformación que experimentamos cuando entramos en una aventura?); en distintas ocasiones, a partir de las peripecias, surge un lazo de amistad entre dos que antes no se tragaban; y en repetidos momentos se muestra el valor, la integridad y hasta el vigor necesarios para lograr realizar completo el viaje.


En todo caso, si bien no diría que es mala completamente, tampoco me parece la mayor obra de Saramago, y dudaría en ponerla entre sus mejores. El viaje del elefante seguro tendrá resonancias en quien se encuentre en alguna travesía (física o espiritual), pero ciertamente no es un libro cuyo mayor mérito resulte el de ser entretenido.



José Saramago | Penguin Random House | 272 páginas | 1a edición | 2020

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