El tiempo, ¿un final o un comienzo?

El tiempo, cosa inevitable y constante, algunos dicen que cura heridas, otros lo asocian con la llegada del olvido. Algunos más temen su fulminante presencia porque a su paso deja marcas imborrables, como líneas en el rostro o cambios en el color del cabello.

El tiempo es testigo de innumerables eventos, como aquellos que solo conocemos por libros de historia, hasta aquella acción por mas grande o insignificante, que ocurrió en nuestro ayer.

El tiempo es una presencia que nos acompaña día con día y, en el momento menos pensado, podemos apreciar nuestro recorrido es un camino lo bastante largo, pero lo suficientemente corto, para aceptar que hemos caminado una parte significativa de la vida.

No quiero temerle al tiempo pero noto su paso acelerarse cada vez más. Por ello decidí aceptar todo lo que trae consigo, con la esperanza de convertirlo en mi amigo; odiaría pelearme con él y reclamarle por lo que no volverá. Supongo es lo mejor, después de todo, me encuentro en un punto intermedio; a los ojos de alguien de edad madura aun soy demasiado joven, y para los ojos de alguien en plena juventud, mi camino ya es diferente al suyo.

Encontrarse en el último trimestre de “los veintes” te hace parar y replantearte las cosas de forma reflexiva, pausada, casi sabia. A mi parecer, es una bonita manera de irse despidiendo de una década tan importante de la vida, la cual comienza enérgica, anhelante, vivaz, incluso rebelde debido a la juventud febril habida en aquel momento. Y va terminando con una introspección lenta y profunda, donde nos damos el tiempo de notar otros detalles, siendo capaces de apreciar más cosas. El tiempo nos dio esa capacidad para darle fin a un ciclo que no volverá, pero recordaremos como un tesoro para toda la vida.

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