El Bosque Encantado de Dhu

Sopla el viento suavemente meciendo las ramas de los árboles, despunta el alba lentamente con el trinar de las aves y el incesante gorjeo de los pájaros quienes van componiendo una melodía fascinante. Cruzan entre las nubes los tímidos rayos y el sol lentamente hace su aparición. Todos los que allí habitan le dan la bienvenida a un nuevo día; los árboles extienden sus ramas y agitan levemente sus hojas, algunas de sus copas se pierden de vista parecen tocar el firmamento. Un festín de tonalidades adorna el lugar, alas multicolores revolotean por todos lados, coquetean las flores, mientras el arroyuelo sigue tímido su curso, todo allí es único y perfecto.

En aquel hermosísimo lugar desde hace miles de años han vívido en armonía: árboles, animales, flores e insectos y los no menos importantes los Zog, mágicas criaturas aladas que habitan en lo más alto de los árboles de éste bosque encantado cuyo poder ha sido dado por la Madre Naturaleza y protegido de los hombres por Dhu, quien cuida celosamente a todos y muy especialmente a sus entrañables amigos los árboles, en cuyas ramas se escoden los nidos de estas fantásticas aves. Dhu ama la naturaleza, el bosque mágico es su hogar. Ésta singular criatura es un espíritu guardián del bosque y de los árboles que en ocasiones toma forma humana, representando a un chico bastante común de largo cabello negro de apariencia sencilla y jovial. Día tras día va de un lado para otro por todo el lugar para asegurarse que todo está bien; sí alguien lo viera lo reconocería de inmediato, pues está ataviado con un hermoso manto de hojas y musgo, mostrándose notoriamente tímido aunque amigable con los niños y de corazón noble; pero cuidado si el bosque amenazado ve, no dudará en demostrarlo de la peor forma.

Las entrañas del bosque a un par de kilómetros de la ciudad más cercana guardan dentro de sí un gran secreto: la existencia de los Zog, increíbles criaturas aladas de infinita belleza dado su brillante plumaje escarlata y su dulce canto. Dotadas de increíbles poderes mágicos y de una gran sensibilidad, por lo que son capaces de conocer los deseos más profundos de los hombres, que no siempre les llevan por el camino correcto y también sus miedos.

Cierto día Dhu recorre el lugar como de costumbre, los árboles lo saludan inclinando sus troncos mientras los Zog extienden sus preciosas alas al verlo pasar. Todo parece estar bien, sin embargo, el guardián decide tomar su forma humana e ir más allá de los límites del bosque encantado. A medida que se aleja todo es diferente: el ruido de los automotores proveniente de la carretera es incesante y el aire se torna pesado y denso. En la ciudad el tiempo parece ir más deprisa, los hombres lucen agitados, van apurados. De un lado para otro parecen autómatas, van, vienen, entran y salen. Absortos en sus propias vidas sin reparar mucho en lo que ocurre a su alrededor. Una pareja llama la atención de Dhu, discuten de forma acalorada se increpan mutuamente, luego de unos minutos la joven se marcha y el hombre sube a su vehículo y se aleja. El guardián desanda sus pasos y regresa al bosque.

Se desdibuja la tarde el telón abrillantado cubre al bosque, en el arroyuelo el astro nocturno se ve reflejado, solo se escucha el ulular de las lechuzas y el canto de los grillos, sonidos que amenizan la noche. Más allá de los límites del bosque los hombres motivados por sus deseos más oscuros se disponen a acabar con el forestal. Un estruendo llega con los primeros rayos del sol, el murmullo suave del arroyuelo no puede escucharse, las criaturas del bosque se ven amenazadas pero Dhu, su increíble centinela, ya está enterado de lo que ocurre y le ha comunicado lo que pasa a sus amigos los árboles. Muy cerca de allí los hombres han llegado con maquinarias y artefactos, varios de ellos emprenden una caminata de reconocimiento; los Zog les vigilan desde sus nidos. Dhu está listo para responder a la incursión, sin demora los árboles agitan fuerte sus ramas y hojas, un revoloteo incesante de toda clase de insectos voladores hace un remolino alrededor de los hombres, algunos Zog vuelan rasantes sobre sus cabezas; asustados empiezan a correr tratando de salir del bosque notablemente hechizado; pero uno de ellos tratando de huir se ha caído golpeándose fuertemente, los demás se han ido dejándolo atrás. El guardián se percata de lo sucedido y va a su encuentro, lo reconoce de inmediato, es el joven que discutía con la chica en la ciudad, las criaturas del bosque junto a Dhu y los Zog lo atienden y sanan.

Al cabo de unos días, finalmente el hombre está listo para marcharse aunque no lo desea, pues está fascinado con lo que ve, siente que aquel lugar tan hermoso debe seguir intacto. Un Zog se posa sobre su hombro en señal de comprender lo que su corazón anhela, sin embargo, le hace saber que su vida le está esperando afuera más allá del bosque encantado.

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