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Descubrir lo desconocido: un vistazo a la criptozoología

En el artículo anterior establecimos lo que era la pseudociencia, sus características y peligros, también menciona que hay grados en cuanto a la necesidad de su combate debido a su posible peligrosidad, pero existen otras que nacen de la ignorancia o la curiosidad, pero por la falta de rigor científico o de pruebas contundentes no se han podido elevar a la categoría de ciencia o instalarse dentro de la que derivó, en este rubro entra mi favorita: la criptozoología.


La zoología, la rama de la que derivó la criptozoología, es una disciplina en la que aún se trabaja, pues según un grupo de científicos del Census of Marine Life en el 2011, explicaron que hay alrededor de 8.7 millones de especies distintas, pero muchas sin catalogar, en donde el 86% de las especies terrestres y el 91% de las marinas no se han identificado aún. Anualmente los científicos descubren animales, principalmente insectos, reptiles o animales marinos que se parecen a los ya catalogados.


Loren Coleman ha publicado más de 30 libros sobre criptozoología y dirige un museo relacionado, para él “la criptozoología es el estudio de ‘animales ocultos o desconocidos[FM1] (…). Pero se trata, en realidad, de nuevas especies animales”[1], explica que cuando comenzó su interés se le conocía como “zoología romántica” pues el término surgió en 1940 por el zoólogo Iván T. Anderson, norteamericano, posteriormente Bernard Heuvelmans, belga, se dedicó a la disciplina una década después, pero fue hasta 1961 cuando apareció el término documentado. Por otro lado, <<“Críptido”: Un término de origen griego que significa “ocultar”. Se refiere a una criatura o planta cuya existencia está sugerida (por ejemplo, en cuentos populares o leyendas), pero no hay pruebas científicas de ella>>[2], [FM2] los críptidos se pueden encontrar en cualquier parte del mundo. La rama que trata a las plantas se llama críptobotanica.


A Heuvelmans se le atribuye la invención del término de criptozoología en 1955, definiéndose como “el estudio de los animales sobre cuya existencia sólo poseemos evidencia circunstancial y testimonial, o bien evidencia material considerada insuficiente por la mayoría”[3], los animales de este tipo generalmente son de leyendas regionales o invenciones, en ocasiones son conocidos técnicamente como relictos, “especies en estado de regresión que habitan en un área reducida: el último lugar donde quedan vivas, que no es necesariamente el sitio donde se originó la especie.”[4] Hay otro tipo que no son considerados en sí mismos críptidos pues son animales extintos que se creen de nuevo visualizados, pero sin comprobación han entrado en esta pseudociencia.


La criptozoología atrae porque combina el interés por los animales con el misterio, hay interés por los animales que se parecen a los humanos, por ello la primera referencia son los homínidos desconocidos, luego los mamíferos u otros animales. Trata con animales desconocidos del tamaño de gatos o más grandes, pues entre más pequeños hay más especies desconocidas, aunque no se centre en los insectos si le causa inclinación los avistamientos de insectos o arañas gigantes de algunas partes del mundo.


El hecho de que se le considere pseudociencia es porque no se tiene evidencia científica sólida sobre las criaturas investigadas, algunos piensan que es una rama de la zoología mientras que otros lo ven más como fantasía. Puede que la necesidad de creer en lo desconocido y el misterio, una forma de pensar que la realidad no se limita a lo conocido o la curiosidad innata sean las principales causas para creer en estas criaturas.


A pesar de que la criptozoología tiene muchos seguidores no es bien vista por la comunidad científica, pues no se adhiere del todo a métodos o estándares científicos. Por ello investigan los testimonios, los encuentros, los mitos en los que se encuentran para ver qué hay de verdad en ellos, para encontrar las pruebas se pasan muchos obstáculos como el manejo de la información y del material encontrado en la sociedad, lo cual dificulta descubrir la veracidad o falsedad de las evidencias. A pesar de los límites y controversias los criptozoólogos se mantienen firmes en que aún hay criaturas desconocidas para la ciencia, basados en el hecho de que periódicamente se descubren nuevas especies de animales antes desconocidos.


Dejando de lado el prejuicio hacia el uso del término y la propia disciplina, los investigadores sí han buscado animales que no se consideran existentes, hay unos que se quedan en el mito como el Yeti o el Bigfoot, otros fueron descubiertos por la ciencia oficial, como lo que paso con el Okapi que fue nombrado en 1890 por un explorador gales, enviado por Leopoldo II de Bélgica al Congo, pero no se tomó en cuenta la descripción hasta Henry Hamilton Johnston, un botánico británico que solo encontró pieles del animal que la Zoological Society de Londres la determinó como una especie no identificada, lo cual llevó a varios a expediciones con los que lograron capturar al animal y ponerlo en zoológicos del mundo, donde aún se ven en la actualidad, pero son muy difíciles de observar en libertad.


“La criptozoología es un método para descubrir nuevos animales que no funciona bien con mentes cerradas”[5], Coleman la ve como un subdepartamento de la zoología que necesita mentes abiertas, pero no rechaza a los escépticos y desacreditadores. Uno de los varios ejemplos de esto es  que “el año pasado se confirmó la existencia en el Congo de una nueva especie de mono, el lesula, que jamás había sido catalogado por la comunidad científica, aunque era bien conocido por los lugareños de la región en que habita. Su rostro, sorprendentemente humano, dio la vuelta al mundo. Se trata de un caso excepcional, es la segunda especie de simios descubierta en África en los últimos 28 años, pero es la gran confirmación de que, por mucho que creamos conocer nuestro planeta a la perfección, aún quedan compañeros a los que ignoramos por completo”[6]


Otro buen ejemplo viene del calamar gigante, el primer registro sobre uno lo hizo Aristóteles en el siglo IV, recibió muchos nombres como kraken en Noruega o teuthus para la antigua Grecia, su aparición era constante en la mitología en pueblos de pescadores, pero se le consideró leyenda. Hasta la segunda mitad del XIX los científicos se tomaron en serio su existencia, entre 1870 y 1880 se encontraron muchos calamares en las costas de Terranova con tentáculos de más de 10 metros de largo, lo cual fue algo excepcional que confirmó su existencia, aunque no habían podido visualizarlos en libertad. En 2004 un arrastrero capturó el primer ejemplar en buen estado en las costas de las Islas Malvinas, se logró conservar su cuerpo con éxito para poder estudiarlo, está en el Museo de Historia Natural de Londres. El siguiente año investigadores del Museo Nacional de la Ciencia de Tokio fotografiaron uno en libertad y para 2006 lograron grabarlo.


Pero existe otro lado del que poco se habla, pues estos animales casi irreales son en los que se basaron para una lucrativa y controvertida forma de turismo.  El turismo basado en la búsqueda de críptidos da la oportunidad de visitar lugares desde una nueva perspectiva, por ello en lugares variados de Europa o Australia se basan en su parte mística para acrecentar su industria turística post pandemia. Han inspirado festivales, podcast, lugares turísticos, además de ser la razón de cruceros y excursiones, inspiran a nombrar lugares o establecimientos y hasta una compañía aérea.


Aunque existen muchas criaturas, como el Ninki Nanka de África occidental, el Akkorokamui o el Dobhar-chu en Irlanda, los que más causan interés son el monstruo del lago Ness en Escocia, el Bigfoot en Estados Unidos o el Yeti del Himalaya. El Bigfoot genera alrededor de 140 millones de dólares anuales para la economía de su país según el Museo Internacional de Criptozoologia de Portland, de Maine en Estados Unidos. Paralelamente, uno de los críptidos más conocidos posiblemente sea el monstruo del lago Ness, el cual se cree que está en el lago Ness de 243 metros de profundidad, cuyo primer avistamiento fue hace mucho más de 1400 años. Este críptido le dio en 2019 al turismo de su nación más de 40 millones de euros.


Por otro lado, en Katmandu, Nepal, hay otro criptoturismo desde 1950 centrado en el Yeti, de hasta dos metros similar a un Yowie y al Bigfoot, que se encuentra, supuestamente, en las cumbres del Himalaya. Tras una supuesta fotografía de una huella de 33 centímetros de aspecto humanoide en el glaciar Menlung de Nepal que tomó el explorador Eric Shipton comenzó una creciente llegada de exploradores que querían encontrar a la criatura, lo cual provocó que el Gobierno de Nepal promulgará una normativa sobre la caza del Yeti: solamente fotografiar más no dañar a la criatura. El críptido se convirtió en una marca turística muy influyente y beneficiosa para toda clase de negocios del país.


A pesar de que la ciencia ha desmentido algunos, como en 2017 que se publicó en Proceedings of the Royal Society B un análisis de ADN a dientes, pelo, piel considerados del Yeti donde se descubrió que la base del críptido podría basarse en osos negros y pardos del lugar de los avistamientos. También se ha buscado explicaciones para todos los demás críptidos, pero persiste la creencia que puede que sea por la fascinación que causa la confusión en la naturaleza o lo inentendible. Además, esta forma de turismo tiene detractores debido a que lo consideran basarse en una farsa mientras que las naciones tienen patrimonio cultural al que se le debería dar prioridad.


A pesar de que la ciencia, en general, y la zoología, en específico, no han demostrado la existencia de algún críptido o la han refutado, estos han asombrado desde hace siglos, la pseudociencia se ha adentrado en la cultura popular en varios libros, películas, podcast y televisión, aunque no ha dado tantos aportes a la ciencia como querrían los criptozoología, con el tiempo aumentan las posibilidades con el progreso de la tecnología, como se demostró con los ejemplos anteriores.


Referencias:

Ayuso, Miguel, “Cuando el mito se hace realidad: animales que no deberían existir pero existen”, El Confidencial, https://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2013-08-10/cuando-el-mito-se-hace-realidad-animales-que-no-deberian-existir-pero-existen_15587/ (Consultado 24 de octubre de 2023)

Benítez, Salvador, “Criptozoología: entre la ciencia y el mito”, Quo.mx, https://quo.mx/medio-ambiente-y-sostenibilidad/criptozoologia/ (Consultado 24 de octubre de 2023)

“Mas allá del Hombre de las Nieves”, DW, https://www.dw.com/es/criptozoolog%C3%ADa-en-busca-de-lo-oculto-y-lo-desconocido/a-17583402 (Consultado 23 de octubre de 2023)

O’Connell, Ronan, “¿Sabes lo que es el turismo de críptidos?”, National Geographic, https://www.nationalgeographic.es/viaje-y-aventuras/sabes-lo-que-es-el-turismo-de-criptidos  (Consultado 25 de octubre de 2023)


Notas:

[1] “Mas allá del Hombre de las Nieves”, DW, https://www.dw.com/es/criptozoolog%C3%ADa-en-busca-de-lo-oculto-y-lo-desconocido/a-17583402 (Consultado 23 de octubre de 2023)

[2] Ibídem

[3] Ayuso, Miguel, “Cuando el mito se hace realidad: animales que no deberían existir pero existen”, El Confidencial, https://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2013-08-10/cuando-el-mito-se-hace-realidad-animales-que-no-deberian-existir-pero-existen_15587/ (Consultado 24 de octubre de 2023)

[4] Ibídem

[5] Op. cit. “Mas allá…”

[6] Op. cit. Ayuso

 [FM1]Aquí deben quitar las comillas simples y colocar en cursivas lo que va dentro para que se distinga, puesto que es lo que la autora sugiere.

 [FM2]La autora colocó el texto así: “ 'Críptido': Un término de origen griego que significa 'ocultar'. Se refiere a una criatura o planta cuya existencia está sugerida (por ejemplo, en cuentos populares o leyendas), pero no hay pruebas científicas de ella"

 

Sin embargo, yo sugiero que lo pongan como lo transcribí en el texto, puesto que, gramaticalmente, es recomendado usar primero las comillas latinas [<<  >>]  si es que vas a poner más comillas dentro. No obstante, si quieren usar las inglesas [" "] entonces lo que va dentro de las simples colocarlo en cursivas o negritas.

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