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¡Denuncio!

Otra vez acudo a mí mismo para escribir sobre el tema de este mes. Y es raro querer reflexionar sobre lo qué es ser joven en la CDMX. Bien podría escribir sobre aquellas cosas que me gustan a mí: ir a conciertos, al cine, a un museo, de cita, a beber a un bar/cantina, que ser joven es instruirse y otras tantas. Pero, ¿eso refleja la realidad de ser joven en México? Al contrario, sólo refleja un pequeño grupo nada representativo.


Porque ser joven en esta ciudad es difícil, pero es aún más en el resto del país.


Ser joven en la ciudad es ver como amigxs y conocidxs se van perdiendo a través del camino. Entre jornadas de trabajo para apoyar a los gastos familiares en condiciones precarias (trabajar en un tianguis es mucho mejor que andar recogiendo cascajo) y dejar los estudios.


Ver a otrxs tantxs perdidos entre el basto arsenal de drogas que hay: entre el alcohol y la marigüana, hasta llegar a los excesos de la piedra y los solventes. Ser joven no debería ser sinónimo de no tener control sobre unx mismx. Pero siempre es más fácil evadir la dura realidad.