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Dentro

—Deja de verme, por favor. Deberías encontrarte algo mejor que hacer.


Siempre le repetía y le repetía cada mañana. No comprendía por qué seguía ahí. No entendía por qué seguía conmigo…


Durante mucho tiempo me he ocultado tras inmensas paredes. Es un refugio donde permanezco y absolutamente nadie puede dañarme ahí, mucho menos sacarme, pues es mi lugar seguro. Sin embargo, estaba ella ahí, mirándome fijamente, lo odiada. No mencionaba ninguna palabra, de hecho, parecía que pensábamos igual, o no sé, pero estaba ahí.


Todos mis días empezaron a ser iguales, monótonos. Despertaba con ganas de seguir durmiendo, dormía con ganas de no despertar. Me encontraba flotando en una adversidad que no conocía. En un momento que no quería. Me sentía perdida.


—Sí, sí, sí. Basta. Por favor, en serio, basta. No entrará, no lo hará porque no quiero.


Le repetía a ella siempre que alguien quería entrar a nuestra madriguera. Ella insistía con la mirada que quería tener a alguien dentro, empero no era necesario, estaba bien yo, y bueno, ella aquí conmigo. No obstante, esa mirada era tan penetrante que me hacía dudar, algunas veces, de que si estaría bien dejar entrar a alguien.


De pronto, un día de invierno, mientras yo dormía escuché un ruido extraño. “Oh no…” pensé “no, no, no, no… No dejaré que nadie entre. No, por favor no lo hagas, porque…”. Boom. Una nube grisácea me cubrió toda; tosí y el polvo penetrando en mi garganta no hacía que parara. Traté de abrir los ojos, era imposible. Con la mano abría paso entre la neblina de polvo, hasta que poco a poco todo se fue aclarando.


Ahí estaba ella… tan tonta, dejando pasar a alguien. Me dije a mí misma que era su peor decisión, pero bueno, se veía contenta y él, bueno… alguien bueno. Fue tan extraño cómo cambió tan rápido, en cuestión de segundos, de hecho. Ahora no solo me miraba, sino que lo miraba a él. Cada que la veía sonreía y eso me hacía sentir extraña… “¿estará todo bien con ella? ¿por qué sonríe tanto? ¿será realmente feliz?” esas preguntas cruzaban en mi mente cada que la veía frente a mí. No respondía, pero solo sonreía.


Pasó el tiempo y me gustaba cómo se veía. Era hermosa, era tan única, tan deslumbrante. Ahora la veía con gracia, de hecho, durante mucho tiempo la odié. Ahora no. Estaba a gusto. Estaba plena y serena. Por otro lado, veía este refugio, que construí durante muchos años, con más luz. Era grande el espacio y todo se estaba llenando de mariposas, las flores fueron coloreando el gris de la pared, extraño, pero bello. Aun así, noté como él la ayudaba a mejorar su alrededor. Me percaté que no solo era algo "bonito", sino, más bien, algo verdadero. Mi lugar estaba completamente cambiado. Ya no había paredes, el mar a lo lejos estaba calmado, con olas, pero sere…


—No… no… no… no… por favor no.


De pronto, esas palabras interceptaron mis pensamientos. "¿Ahora qué?" pensé.


—No… ¿por qué?, en serio… ¿por qué?


No dejaba de escuchar aquellas palabras tan sollozantes. Intranquilas, desesperadas, decepcionadas. Traté de buscarla, sin embargo, no la encontraba. Salí de aquí y miré a fuera, pero ahí estaba de nuevo, encerrada. Todo alrededor se volvió gris. El mar estaba intranquilo y ella…encerrada. No entendía qué pasaba, así que traté de entrar. Ahí estaba. Tumbada, acostada, llorando y abrazándose a sí misma.


—Emm… ¿estas bien?, ¿ocurrió algo? —pregunté preocupada.


—Solo… solo vete, por favor, vete…


—Dime qué ocurrió, ¿peleaste con él?


—Vete, por favor. Solo te diré que ya no te preocupes, no volveré a dejar a nadie cruzar. Absolutamente a nadie quiero ver.


—No creo que todo sea tan malo como pasó… Vamos, habla. ¿Qué ocurrió? o ¿prefieres que solo esté aquí contigo?


Volteó a verme fijamente. “Te odio” me gritó “te odio por no detenerme si ya sabías que esto ocurriría. Te odio por no advertirme lo suficiente, te odio.” Sus palabras comenzaron a hacer eco en mí. Me di cuenta de que él le falló. Que él la dejó y jugó con ella como muchas otras personas lo habían hecho. Entendí que él la traicionó como muchas personas a su alrededor han traicionado de la peor forma. Engañando… mintiendo. Ahora, él, quien derrumbó cada parte de la madriguera con su amor, se encontraba traicionando lo que él mismo modificó. Ahora, él, quien le dio seguridad, felicidad, serenidad, rompió todo y la dejó insegura, decepcionada e intranquila. Intenté abrazarla. Me caí. Ella se borró y volvió a aparecer mirándome. No entendía qué estaba pasando. Ella no era yo, al menos eso creía. Todo este tiempo, era mi reflejo en el agua. Todo este tiempo estuve encerrada por mí misma. Comprendí que aquel mar y todos esos charcos eran esas lágrimas que no saqué de mí. Que yo fui construyendo está madriguera y su alrededor. Ahí, entendí, que nuevamente yo me refugié en aquellas paredes, aquella barrera que nadie, jamás, volvería a romper, ni siquiera él. Todo lo que di fue en vano. Todo lo que hice, fue culpa mía. ¿Por qué? Porque no soy suficiente. Y fue así, como de nuevo, volví… quedándome dentro.


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