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De sombras y un fugitivo

En esta ocasión la crisis fue más intensa, como si el ruido de tambores surgiera de su pecho y aquellas sombras se expandieran hasta cubrir toda la habitación. Sólo vagos recuerdos de gritos de desesperación y lamentos le quedaban.

—Vamos, señor, tome asiento por favor. Enseguida lo van a revisar —sonó una voz suave en alguna parte del lugar.

El ruido de personas corriendo y llorando comenzó a escucharse a lo lejos, y poco a poco se fueron acercando hasta cruzar justo frente a él.

—No, no quiero estar aquí —gritó mientras se recostaba en el suelo.

—Por favor, señor, ya vienen por usted. Esta noche ha sido de locos. Ayuda al señor, por favor, con cuidado —Dijo la voz mientras un par de brazos lo sujetaba intentándolo poner en pie.

—¿Quién eres tú? ¿A dónde me llevan? —gritó ya entre llantos.

—¿Lo cedamos?, se va volver a lastimar —Susurró una voz grave intentando tomarlo del brazo.