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Ciudad de la furia


La espera había terminado

No podía creer que me iba a ir: ya tenía mi boleto de avión; el seguro médico; reservación en un hostal e incluso un Remis que llegaría al aeropuerto por mí, y aun así no podía creer que a pocos días iba a estar al sur del continente, en el país que yo había elegido para vivir durante cinco meses.

Veía fotos de la Ciudad: esos edificios tan diferentes a los que no estaba acostumbrada, las calles, esas grandes avenidas llenas de luces, aquella impresionante avenida 9 de julio la cual la adornaban enormes jacarandas moradas.

La preocupación de mi familia al pensar que iba a estar a 7668 km lejos de ellos en una metrópoli les causaba temor. Sin embargo, yo no tenía miedo, al contrario; me daban ganas de tomar el avión en seguida e irme, o de simplemente despertar y ver que me encontraba en ese lugar, en Buenos Aires, Argentina.