Cayendo en el juego

Mi hermano ha comenzado a crear el relato de que todos los de la familia estamos contra él; abuelos, primos, padre, madre y hermanos. Todos hemos tejido de una manera u otra una red de daño sobre él: abusos, castigos no merecidos, abandono, falta de amor, entre otras cosas. Y, sin falta de lógica, nos ha dicho cada una de las maneras en como él ha contrarrestado nuestro daño, ha conseguido amigos, creado rivalidades y, por último, nos ha demandado para que nos encierren a cada uno en un manicomio.

El problema es que él está loco, zafado. De estos amigos que ha conseguido, algunos están muertos y otros claramente no existen. Por ejemplo, Alejandro, que según él ha conocido hace un mes, es un chico austriaco que viene de intercambio a México. Nos ha dado santo y seña de su comportamiento y cómo es: un tipo alto, güero, de ojos azul claro y cabello rubio. Aunque, por el contrario, Alejandro sí existió y no era nada de aquello. Era un compañero de licenciatura que presenté en mi casa hace tanto y que lo más austriaco que tenía era su afán por los Habsburgo. A veces pareciera que continua vivo.

También está Alberto, el querido Beto, un chico de veintitantos que conoció en un crucero con destino al Caribe. Está de más decir que mi hermano nunca ha viajado en crucero y mucho menos al Caribe, pero el querido Beto está tan bien descrito que es imposible no amarlo. Una que otra vez he querido probar los mojitos cubanos que prepara. Ya mencioné que a su relato no le hace falta lógica interna para nada, es un mini universo tan bien construido que cuando hay una inconsistencia se repara rápidamente. Por ejemplo, hoy nos ha contado que iban a venir todos sus amigos con motivo de un festejo. Pero nadie ha llegado a la hora acordada, se han demorado. Esto porque, según él, la fiesta es un señuelo para cazarnos a cada uno. Lo ignoré por completo: 'pinche zafado'.

Durante la tarde del mismo día tuve que llamar a algunos familiares para resolver unos asuntos, aunque no ha contestado nadie. No había razones para estar en casa en un día tan lindo, quizá. Aunque, lo que me ha puesto alerta es un toque de timbre singular. Ring ring riiiiiiiiing ring riiiiiing.

A veces parece que Alejandro no está muerto del todo y que el loco tiene un poco de razón.

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