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Ausencia

Ausencia llegó para quedarse, se instaló sin pedir permiso, mostrándose implacable y nada pude hacer. Su llegada era inminente, sin embargo, no fue sino con el paso de los días que fui consciente de que vino para no marcharse. Así es ella, aparece y de pronto todo se vuelve nada. La verdad yo ya había olvidado lo que era capaz de hacer y cuánto puede hacer sufrir.


Llegó para arrebatarme salvajemente la falsa idea de un regreso. Con las prisas obvias del momento me confíe en que todo sería pasajero. Con la confusión y el dolor que produce la pérdida, no fui capaz de ver qué ella había venido para quedarse.


Con el paso de los días ha ido ganando espacio, va creciendo a sus anchas sin importarle lo que su avance me produce. Su peso es sin duda aplastante. Y aunque Intento por momentos dejarla a un lado; olvidarla, no lo logro por mucho tiempo.


Mis ojos deambulan por el espacio vacío lleno de cosas que no me atrevo a tocar. Mi mente empieza a recrear imágenes de antes de su llegada, algunas muy tristes, otras alegres. Empiezo a hablar, haciéndole caso omiso a su impertinente existencia. Recorro el lugar esperando que se haya ido pero cada sitio está lleno de ella. Ausencia está en todas partes y yo no logro vivir con ella.


Ya los días no son lo mismo han perdido parte de su color ella se ha encargado de que así sea. Que triste ha sido tenerla tan cerca de nuevo. Se humedecen mis ojos, lágrimas resbalan por mis mejillas deslizándose sin que nada pueda hacer.  El dolor que me ha causado no es comparable con nada, pero ella es así llega sin ser invitada y se queda sin avisar. Por el momento no me siento capaz de hacerle frente, de pararme altiva y dejarle claro que no es bienvenida y que nunca lo será. Solo dejo pasar los días, uno tras otro. Y aunque ella llegó para quedarse, no pienso acostumbrarme. Buscaré para siempre aferrarme a los recuerdos abrazando los momentos en los que ella no estaba.

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