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Amor sin límite de tiempo

Prólogo


Su aliento cada vez se volvía mas errático, moviendo sus piernas lo más rápido que se lo permitían para escapar de aquellos hombres mal encarados, su corazón palpitaba a gran velocidad, los saltos que hacía para ir de un edificio al otro cada vez se hacían mas difíciles, en el último sus brazos apenas y la pudieron sostener para girar y caer de espaldas sobre el techo de una escuela, un gemido de dolor salió del fondo de su garganta, el hombre que la perseguía le mantenía el paso, así que no podía sentarse a esperar que ya no la siguiera, con dolor en su vientre se levantó usando sus brazos y manos de apoyo enterrándose trozos de escombro y piedritas en las palmas, quejándose del punzante dolor, se limpió y siguió corriendo hasta llegar a unas escaleras de emergencia, en los últimos escalones salto para llegar mas rápido al piso, ya que sabía que si volvía a saltar, esta vez no llegaría al otro lado.

Dándose la vuelta continúo corriendo, girando en la esquina de aquel oscuro callejón cuando choca con un muro de músculos que la hacen retroceder, tropezarse con sus propios pies y caer de espaldas.

—Fíjate por donde caminas niñita —Su tono denotaba molestia, pero su mirada transmitía un sentimiento de arrepentimiento al ver a la pobre muchacha aterrada en el piso, así que le estiro la mano brindándole ayuda.

—Gracias y lo siento —Trató de moverse a su lado para seguir su camino, pero el hombre la detuvo tomándola con decisión del brazo.

—Aguarda ¿De quién estas huyendo?

—Eso no te importa, ahora por favor suéltame —Trató de zafarse y huir nuevamente, usando un comportamiento arisco, pero el hombre musculoso no se lo permitió.

—Se que no me incumbe, pero quiero ayudar.

—¿Y cómo? —Le cuestionó con las manos en la cintura.


La tomó de la muñeca y la llevo a menos de cien metros detrás de ellos, entraron en unas puertas de cristal en donde vio muchos chicos y personas adultas golpeando los sacos y dos jóvenes peleando sobre un cuadrilátero a puño limpio, siguió caminando hasta entrar en unos vestidores, donde al fondo se escuchaba como caía el agua.

—Tranquila, aquí estarás a salvo, no sé qué hiciste, pero aquí quien sea que te esté persiguiendo no te va a encontrar, te voy a proteger.

—Te lo agradezco mucho, pero ¿Por qué me estas ayudando?

—Creo que el destino nos unió y que debo ayudarte.

—¿Y si soy una asesina?

Su risa sonó estridente y se escuchó en toda la habitación, sonora y contundente, se sostenía el estómago doblándose hacia al frente, ella solo lo miraba con las manos en la cintura mientras estiraba una pierna y golpeaba mecánicamente la punta del pie contra el piso esperando a que dejara de reírse.

—No tienes cara de asesina, estoy segura de que nunca has matado a alguien, créeme, conozco asesinos y tú no eres uno.

—Pero podría serlo.

—No, claro que no.

El hombre que tomaba la ducha salió detrás de los casilleros con una toalla en la cintura, pasó detrás de la chica hasta llegar al último pasillo.

—Si, seguro es incómodo, espera unos minutos y después yo mismo te llevaré a tu casa ¿Te parece bien?

—Está perfecto, gracias emmm —Lo señalaba esperando que le dijera su nombre.

—Una disculpa señorita, no nos hemos presentado como corresponde, mi nombre es Rider.

—Yo soy… —Dudó al decirle su nombre, quizá no había visto los letreros, quizá su

“sahar” era muy poderoso—, soy Alicia – Sonrió de medio lado esperando fuera convincente.

—Es un placer, creo que ya se habrán ido, hay que salir a ver.

Ambos salieron de los vestidores encontrándose con una típica escena en el gimnasio, un hombre negro tenía en el piso a otro blanco que quería usar una máquina, “Alicia” odiaba ese comportamiento, pero no podía hacer nada o todos sabrían quién era en realidad, pero al parecer su acompañante y salvador pensaba lo mismo sobre la discriminación de razas y la degradación de los hombres y mujeres blancos.

—¿Qué está pasando aquí?

—Nada que le interese, por favor siga en lo que estaba —Le dijo el hombre negro, alto y mucho más musculoso que Rider.

—No me gusta la manera en la que está tratando a este pobre hombre, ¿por qué no lo deja usar la maquina?

—Alguien como él no debería siquiera estar en el mismo lugar que nosotros, no debería existir, es una escoria. Gritaba mientras escupía y le daba en la cara, el hombre no hizo nada, ni siquiera trató de limpiarse, pues ya estaba acostumbrado a ese tipo de tratos, nunca podía hacer nada, nadie lo escucharía, no sabía por qué había querido entrar en un lugar en donde abundaban las personas de color.

—¡YA BASTA! —Gritó Rider exasperado por la situación—. Ven, déjame ayudarte

—Levantó al joven y le dio una toalla limpia para que se limpiara el rostro—. Mejor vete, no deberías permitir esta humillación.

—Si debería, los blancos son los mas bajos en la cadena, ni siquiera tienen magia en su sangre, me dan lastima, no deberían existir.

Rider acompañó al joven a la salida, mientras Alicia veía como hablaban fuera del local, se sentía muy feliz de que lo hubiera defendido, la sociedad nunca cambiaría, pero le alegraba que hubiera alguien en el mundo que viera que no hay diferencia entre las razas, más color significaba mas poder, aunque no entendía porque ella era diferente, ojalá algún

día lo pudiera descubrir.


CAPÍTULO 1


Una semana había pasado desde la última vez que vio al joven Rider y no podía sacar esa

imagen tan perfecta de su cabeza.

Flasback

—Gracias por traerme a casa —Decía mientras trabaja de ocultar el desorden de su apartamento.

—No es nada, me alegra haber podido ayudar.

—Y dos veces en un día —Dijo refiriéndose al joven del gym.

—Si, no podía soportar que lo trataran de esa forma.

—Eso dice que tienes buen corazón, me alegra que no tengas ese pensamiento retrograda que la mayoría tiene.

Cada vez que hablaba Rider se acercaba un poco más, hasta que no hubo nada de espacio entre ellos, Alicia veía hacia arriba ya que Rider era bastante alto, esto el joven lo notó, así que puso su mano en su cuello ayudando a que se vieran mejor, y luego sus ojos se cerraron y sus labios se unieron en una danza.

Fin del flashback


Sus carnosos labios sobre los de ella era lo que veía cada mañana desde esa noche cuando se despidieron, mientras se veía al espejo se acariciaba los labios recordando la suavidad de los de Rider.

—Debo mantener mi mente enfocada —Se decía a si misma mientras se daba palmaditas en toda la cara.

Tomando su bolso y saliendo a toda prisa de su apartamento se dirigió al metro de su ciudad, viendo de reojo mientras esperaba a entrar a una niña pequeña de tez blanca pidiendo dinero, su ropa andrajosa y su cabello sucio denotaba que llevaba años en las calles, llamó a la niña con la mano de forma discreta y le dio algo de dinero, ella feliz salió corriendo, dirigiéndose a la que Alicia pensó que era su madre.

—Esta maldita sociedad esta podrida —Pensó para mi mientras veía como las puertas

del metro se cerraban.


***

Los gritos no dejaban de escucharse en toda la sala, los niños corrían de un lado al otro mientras sus madres se levantaban de sus lugares y levantaban la mano y la voz haciendo que no se entendieran ni el orador, ni las personas que querían dar su opinión.


—¡YA BASTA! —Gritó Alicia—. Hay que poner un orden, todas serán escuchadas, pero por favor, hay que ser civilizados.

—Gracias —Agradeció la encargada esperando a que todas tomaran asientos y la junta prosiguió—. El problema que siempre hemos enfrentado es la desigualdad de razas, los negros contra los blancos, desde tiempos inmemoriales ha sido así, siempre rezagándonos solo porque no podemos crear magia como ellos, nos las hemos ingeniado durante siglos para seguir viviendo sin magia, sin embargo, ellos no pueden hacer nada sin magia, creen que no podemos porque no nacimos con ella, pero podemos aprender a usarla y ellos a ser menos dependientes de ella.

—Eso no lo aceptarán tan fácil Grilda —Gritó una mujer hasta el fondo.

—Quizá no solo con palabras, pero ¿Y si se los demostramos?

—¿Cómo? —Habló un hombre hasta el fondo.

—Esperaba que preguntaran eso, Hopp por favor.

“Alicia”, o mejor conocida entre sus amigas como Hopp, se levantó quitándose la peluca y la gabardina que cubría su piel blanca, completamente albina, se limpio el maquillaje de los ojos y se quitó los pupilentes de color negro.

—Buenos días, me presento, mi nombre es Hopelin, pero pueden llamarme Hopp y el día de hoy les demostraré que la magia se puede aprender, como verán por mi condición, una persona normal pensaría que no hay un gramo de magia en mi sangre, pero se equivocan, siempre se equivocan.

Mientras decía esto sus manos se elevaban a la altura del pecho juntando las palmas y separándolas lentamente creando fuego puro, moviéndolas hacía arriba formando un arco de fuego haciendo que desapareciera al instante, volviendo a mover las manos esta vez hacía su silla vacía haciendo que esta se elevara por los aires y volviera a su lugar, cuando terminó, Grilda tomó a su única hija y la llevó al centro de la tarima, Hopp tomó tierra de una de sus bolsitas que colgaba de su cinturón y creó una flecha. Con sus manos hizo el ademán para dispararla como si lo hiciera con un arco y se dirigía directo a la niña, cuando

la soltó, muchos de los presentes se levantaron de su asiento lanzando gritos al aire, sin embargo, la jovencita movió sus pies y sus manos en una especie de danza, redirigiendo la flecha hacia su origen, haciendo que esta golpeara el pecho de Hopp y la empujara varios metros hacía atrás haciéndola caer de espaldas.

Un hombre de entre los presentes que vio la mágica hazaña de una niña blanca resaltó entre los demás, levantándose súbitamente y corriendo a ayudar a Hopp.

—No creí volver a verte, especialmente en esta situación.

Ella reconocía esa voz, profunda y con un toque sensual.


—¿Rider?, ¡RIDER! —Se levanta rápidamente reaccionando sobre quién era el hombre que la estaba ayudando a reincorporarse—. ¿Qué haces aquí?

—Yo debería preguntarte lo mismo, ¡Alicia!


CAPÍTULO 2


Hopp colocaba sus pertenencias en el sofá de su departamento, quitándose la peluca y el saco.

—¿Quieres algo de beber? Tengo agua, café, leche, cerveza y vino tinto.

—Cerveza está bien, gracias, Ali… quiero decir, Hopp.

Se sentaron uno en cada esquina del sofá con su bebida, él con cerveza y ella con una copa de vino, el ambiente tenso se podía cortar con un cuchillo, el silencio sepulcral se interrumpía solo por el sonido de los carros pasando por la avenida y los perros ladrando sin parar por la calle.

—Entonces…

—Si, bueno, supongo que ambos debemos explicar muchas cosas.

—Yo no necesito explicar nada, es bastante obvio, quiero ayudar a tu gente, los que no tienen poderes solo por su tono de piel. No creo que deban ser discriminados por los negros, es muy injusto, pero tú, eres albina, y tus poderes son increíbles, y son más…¿Cómo?

—Bueno —Se levantó abruptamente tomando su bebida y terminándose la de un solo trago—. Así nací.

En ese momento Rider escupió su bebida ensuciando su ropa y parte del suelo.

—Ni creas que voy a limpiar eso.

—¿Así naciste? Pero eso es imposible.

—No para mí, mis padres vienen de una larga línea de raza pura negra, mis dos hermanos son negros completamente, pero yo, creo que Sali defectuosa, en parte.

—Yo no creo que seas defectuosa, eres hermosa y perfecta tal y como eres, solo, no tienes color, pero la magia, corre en tus venas y puedes hacer mas de lo que cualquiera de sangre pura podría.

—Gracias por verlo así, pero no todos lo ven así, han intentado atraparme, para matarme, dicen que no debería existir.

—Así que esos letreros con recompensa son por ti, ahora todo tiene sentido.

—Sí, son por mi —Sirvió casi por completo su copa y siguió bebiendo.

—No deberías beber así, ni siquiera estas comiendo nada, te hará mal.

—Tengo buen aguante con el alcohol.


Trató de levantar su copa y seguir bebiendo, pero no podía levantarla, parecía muy pesada, cuando volvió la vista Rider tenía la mano estirada con la palma abierta, frunciendo el ceño ella siguió intentando beber, y en el momento en el que Rider dejó de usar su telequinesis la bebida se rego por completo en la ropa de Hopp, el corrió hasta donde ella se encontraba viendo como la blusa se transparentaba y dejaba ver sus pechos, así que se dio la vuelta de inmediato avergonzándose por lo que hizo.

—Pero ¿Qué te pasa? —Gritó molesta y se dirigió a su habitación para secarse y cambiarse, cuando volvió traía ropa mas holgada y cómoda para estar por casa.

—En verdad lo lamento, no fue mi intención.

—Yo creo que sí.

—Solo…. es que… estabas bebiendo demasiado.

—Te dije que sé beber.

Estaban muy cerca uno del otro, tomó gentilmente su mejilla con una de sus manos y rozó con el pulgar su labio inferior.

—El mundo es nuestro y podemos cambiarlo.

—Estarías dispuesto a traicionar a los tuyos por un futuro igualitario para todos.

—Completamente dispuesto, si es a tu lado, se que podemos causar mucho ruido, para que todos escuchen, que esta no es la mejor forma de vivir.

Ella sonrió y noto sinceridad en sus palabras, el aroma a hojas de menta impregnaba en su nariz, la suavidad de sus manos le recordaba las sábanas tersas que la abrigaban por la noche cuando sus padres no estaban en casa y el calor de su cuerpo al abrazarla evocaba la calidez de las noches cerca de la hoguera cuando su madre le contaba historias de héroes y heroínas.

—Dame el honor de estar contigo esta noche.


***


Las sábanas se encontraban en el suelo y el olor de la habitación era fuerte y penetrante, el sol entraba a raudales por las ventanas y mientras el agua caía en la regadera, Rider despertaba con el mejor de los humores, semanas, meses de planificación por fin rendirían frutos, el golpe de estado se llevaría a cabo esa noche.

—¿Estas listo para esta noche?

—Jamás me sentí mas listo como ahora —Sonreía mientras la tomaba de la cintura y la acercaba a el.


Mientras ellos terminaban de prepararse como cada mañana juntos, la junta se reunía una última vez antes del gran atentado de esa noche por un mundo mejor para vivir, mas justo y equitativo para todos.

—Ya llegamos, trajimos las cosas.

—Bien, nuestros niños deberían refugiarse ya.

—Tranquila Grilda, aún quedan 8 horas, hay que ser pacientes.

—Hemos esperado 2 años Hopp.

—Lo sé, pero hay que mantenernos serenos, tranquilos, lo hemos planificado al milímetro, nos saldrá bien, ya lo verás.


***


La noche en la casa blanca comenzaba tranquila, cuando algo estalló en el lado este del edificio haciendo que todos los guardias acudieran ahí y comenzarán sus protocolos para proteger a la familia presidencial. Sin embargo, nada de lo que pudieran hacer para evitar que el presidente saliera lastimado serviría de algo, puesto que los rebeldes se habían infiltrado gracias a su maravillosa distracción y a la ayuda interna que habían recibido por semanas para que su plan funcionara. Y funcionó.

Tenían a la familia acorralada, la sangre corría por los pasillos, y en el balcón presidencial, se decretaba el nuevo orden, libertad para los esclavos blancos, igualdad para todos y mejores oportunidades para vivir.

La magia y el amor triunfaban demostrando que todos tienen los mismos derechos y obligaciones.

—Y nadie, ante ninguna circunstancia deberá ser menos, nunca mas se subyugarán a los que no tienen magia, todos somos iguales sin importar nuestro color de piel o el poder que corra por nuestras venas, todos somos personas, todos merecemos vivir con dignidad, y que este golpe de estado, sea benéfico para todos.

Era el maravilloso discurso que daba Hopp, sacando chispas de sus manos mientras las personas blancas que habían ido con ellos gritaban felices de ser libres, luego de 100 años de esclavitud.



Sobre la autora

Raquel Alejandra Vázquez Rodríguez es una escritora mexicana, nacida en Orizaba Veracruz un 17 de junio de 2002, en el seno de una familia de 5 integrantes. Estudiante en Licenciatura en Gestión y Desarrollo Turístico. 

Su pasión por la lectura iniciada a los 14 años la incentivo a empezar a escribir como hobby, historias cortas para sus clases de español o solo para ella, gracias a un taller de lectura en donde conoce a su editor, termina su proyecto A través del tiempo; en la plataforma de Amazon.

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