A la luz de la hoguera

Sin duda la mujer ha sido parte de la historia de la humanidad desde hace miles de años, somos tan antiguas como los hombres y, al igual que estos, también nos hacemos preguntas existenciales acerca del origen y porvenir, pero lo cierto es, que la mujer tuvo que irrumpir dentro de la historia y tuvo que abrirse paso en el terreno social, científico, histórico e intelectual. La Edad Media no fue la excepción, para ser más exacta, en medio de la Inquisición, donde las mujeres sufrieron la desdicha, el despojo de sus obras y también la muerte.

Dentro de esta historia surge Margarita Porete, una autora de principios del siglo XIV de la que no tenía la menor idea hasta hace algunos meses, gracias a Nietzsche. Me encontraba en el buscador y me topé con un artículo que decía, Margarita Porete, la precursora de Nietzsche, fue entonces cuando accedí a ver de qué trataba su historia y entonces recordé otros casos similares donde el autor muere por su obra, ¿recuerdan a Giordano Bruno y su trágica historia sobre defender su obra por encima de lo demás y morir en la hoguera? ¿O a Sócrates morir a manos de la cicuta en lugar de poder irse de Atenas, porque era preferible morir antes que dejar de defender sus ideas? Bueno, pues esta mujer (seguramente no la última), lo hizo, y nadie ha estado hablando de ella como lo hacen de Giordano Bruno, que hasta tiene un monumento dedicado a él en la Piazza Campo de Fiori en Roma o la plaza que tiene su nombre y que está en la Colonia Roma en la Ciudad de México. Y no es que los culpe, yo hasta hace poco me enteré de su existencia, tuve la suficiente curiosidad para buscar más información de ella hasta toparme con la obra que la volvió trascendental tanto para la filosofía como para la teología, y también la que la puso en la mira de la Inquisición: El espejo de las almas simples.


Gracias a que el libro se conservó mucho después de su muerte, se tradujo del francés al alemán y al inglés, pudiendo llegar hasta el siglo XX donde Simone Weil, una abogada y política francesa, sobreviviente al Holocausto, descubrió esta obra logrando cautivarla, luego Romana Guarnieri, una medievalista italiana conecta la obra con su autora, logrando así que Margarita Porete logre resurgir del anonimato, reclamando su obra, considerándola de suma importancia.

Y no, esto no reside en el hecho exclusivo de que fuese mujer. Se debe fundamentalmente a que, pese al anonimato que recibe, logra cautivar a los lectores por sí misma, sumado al hecho de que defendió su posición frente a la Inquisición y fue condenada por ello. En este artículo que encontré la bautizan como la precursora de Nietzsche, y todos ustedes se preguntarán, ¿cómo una pensadora del siglo XIV tendría algo que ver con el pensador de finales del siglo XIX? Pues básicamente su pensamiento habla por ella, y sobre todo su persecución dice mucho de sus planteamientos considerados heréticos en aquel momento. Donde lejos de hablar del amor como un signo de voluntad divina, lo torna hacia el hombre y hacia el amor que éste profesa de sí mismo.

Se despide de las virtudes establecidas por los valores cristianos, dejándonos un texto donde los personajes son los mismos conceptos involucrados, quienes retoman el diálogo, en este fragmento podemos escuchar al Alma:


Virtudes, me despido de vosotras para siempre,

Tendré el corazón más libre y más alegre,

Serviros es demasiado costoso, lo sé bien […]

Era entonces vuestra sierva, ahora me he liberado. [1]


De una forma más amable, menos arrebatada que Nietzsche, pero igual de transformadora, nos dice que las virtudes que antes conformaban al espíritu, ya no lo formarán más, porque ahora ha transicionado al amor de sí mismo. ¿Les resuena esto, la transvaloración de los valores quizá?

También se burla de forma elegante de lo que piden las virtudes a cambio de formar parte de lo divino: Y resulta que las Virtudes piden honor y haber, corazón, cuerpo y vida; es decir, piden que esas Almas dejen todas esas cosas y aun le dicen a esa Alma, que les ha dado todo esto y no ha retenido nada con que confortar a Naturaleza, que << que a duras penas se salva el justo>>.[2]

Nietzsche lo dirá más tarde en el Anticristo, el <<creyente>> no se pertenece a sí mismo, sólo puede ser un medio, tiene que ser consumido, tiene necesidad de alguien que lo consuma.[3]

Ambos plantean la tesis de que las virtudes consumen al creyente, o en el caso de Porete, consumen al alma; aun cuando el creyente haya dado su cuerpo, su corazón y su vida, ni así le es al justo capaz de poder salvarse, lo mismo dice Nietzsche, el cristianismo consume, se alimenta de las almas entregadas a los valores. ¿Y al final para que les digan que esto no les asegura alcanzar las alturas?

Se sigue amparando del cristianismo, sigue ocupando valores que están dentro de este y aun así podemos ver la carga epistemológica y hasta mística en la que reside su obra. Como les mencioné anteriormente, los diálogos de los interlocutores nos dan la concepción general de lo que conforma el pensamiento de Porete.

Lo que puedo observar en su obra, a medida que seguía avanzando la lectura, es el aspecto del amor, la voluntad y la verdad dentro de un Alma que lejos de alejarse de Dios, cumple con la Voluntad de éste y sólo aceptando esto podrá llegar a la llanura de la Verdad y reposar en la montaña del Amor.[4] Pero no sólo se queda ahí, sino que acepta las tribulaciones por las que el Alma pasa sobre la tierra, y las acepta como parte de su formación ya que aceptando que el Alma cumple la Voluntad divina, todo lo que conformaría parte de lo terrible o de lo magnífico responde a Dios.

Puede que en estos tiempos la figura de Dios haya menguado, que otros pensadores lo atribuyan a un simple concepto metafísico, pero Porete es una creyente más, siempre lo fue, tanta fue su fe en esta creencia que plasmó en papel, que decidió permanecer un año encerrada mientras el juicio en su contra seguía vigente, y no es que ella se creyera víctima del sistema, siguiendo con sus ideas, ella creía que la Voluntad le había dado la capacidad para escribir y para difundir sus conocimientos, realmente no importaba mucho si era retenida por la Inquisición, estaba cumpliendo con su destino, lejos de lo que pudieran decirle los otros en función de hacerla temer y hacerla retirarse.

No hay que confundir su fe y devoción por Dios con una creencia ciega hacia la Iglesia, ¿recuerdan que fue llevada al tribunal de la Inquisición por ideas heréticas? Pues resulta que estas “ideas heréticas” más bien participaban de una independencia de estas Almas de las que ella habla, es decir, que no responden más que a Dios. “Y nada que ha sido creado entra en sus almas sino solo Dios que las creó. Así que nadie conoce a tales Almas sino Dios que está en ellas”.[5]

Lutero no fue el único que se dio cuenta de lo que la Santa Iglesia hacía con sus feligreses, Porete nos lo deja bien claro, aquellas almas que residen en estos cuerpos mundanos no responden a nadie más que a Dios, es decir, no necesitan de un intermediario para alcanzar la gloria divina, solo ellas, si son capaces de seguir la Voluntad, pueden estar seguras de que están sirviendo a Dios, porque Dios vive dentro de ellas.

Este ingenioso argumento que puede resultar inofensivo en nuestros días, hizo que se expusiera y no le importó en lo más mínimo, porque lejos de responder a la Iglesia como una beguina, es decir, siendo una mujer que no era monja pero que se dedicaba a ayudar a los pobres y desamparados, estaba respondiendo como mística y ese carácter en el que ella se concibió a sí misma le dio todo el poder y resiliencia que necesitaba para mantener su postura.



Su obra fue quemada, naturalmente. Pero estoy segura de que los clérigos no estaban tranquilos a la luz de la hoguera viendo como una de las copias se carbonizaba junto con ella, porque justamente era eso, una copia. Sabían que había más circulando por ahí, en conventos, en lugares sagrados. Donde lejos de defender la imagen del sacerdote y no sólo del sacerdote, sino de la Iglesia, defendía la autonomía de las almas, y al defenderla, estaba defendiendo su propia individualidad como mujer.

Ahí donde nadie veía grandeza, la veo yo. Ahí donde los valores deben ser cuestionados, veo a Margarita. Ella, que dio su vida por demostrar su conocimiento y que logró ser rescatada de la historia ubicándola como autora de esta obra, así hay millones que todavía siguen perdidas, que no han sido rescatadas del anonimato.

Me pregunto qué hubiese pasado si este texto hubiese llegado a manos de Nietzsche, me pregunto si le hubiera hecho caso a sus ideas y le sirvieran para complementar su obra. La historia ciertamente sería diferente. Quizá se burlaría de la ingenuidad con la que habla del Amor y la Caridad, pero no nos equivoquemos, estos personajes simbólicos en la obra de Porete cumplen una función de interlocutores, cada uno hablando por sí mismo, cada uno con una razón de ser distinta que no se basa en una ingenuidad pueril como se llegaría a pensar.

Puso en jaque a los clérigos solo hablando del Amor y de la Caridad, ¿eso debe de significar algo, no? Ciertamente que lo hace.

A la luz de la hoguera es donde se descubre que Porete aparte de tener una gran conciencia intelectual, también estaba segura de sí misma, como un Sócrates con la cicuta o un Giordano Bruno. Antes me preguntaba que si existía una salida como dejar de publicar, tener la posibilidad de retractarse o de irse de la ciudad, por qué seguían tomando esa opción. Cada uno enfrentándose a sus propias posibilidades, escogiendo un solo camino, el camino que conduce a la muerte.

Ahora más grande, puedo decir que luchar por lo que crees y llevarlo hasta sus últimas consecuencias puede llegar a marcar a otros, puede despertar sus deseos de lucha, hacerlos desear más y comprometerse con algo que ellos consideran más grande que sus vidas, suena muy soñador, pero quiero creer que allá afuera hay algo por lo que vale la pena luchar, así como lo hizo ella. Así como lo hacemos todas.


Bibliografía:

Porete, Margarita. El espejo de las almas simples, Siruela: 2015.

Morós, Adrián. Margarita Porete, la precursora de Nietzsche https://afcarmedia.com/2018/10/16/margarita-porete-la-precursora-de-nietzsche/ recuperado el 06 de marzo de 2021.

Nietzsche, Friedrich. El Anticristo. Alianza: 1973.


Notas [1] Porete, Margarita. El espejo de las almas simples, p. 26. [2] Ibid., p.28. [3] Nietzsche. El Anticristo, p. 118. [4] Porete, Margarita. El espejo de las almas simples, p. 29. [5] Ibid., p.41.

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