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Muertos

Otro día más en el trabajo.

Muertos en la 10.

Muertos en la 8.

La 7 y la 5 quieren la cuenta.

Haz números rápido.

¿En cuánto está la carne?

¿Es más cara cuanto más duele?

Estudios dicen que no.

Tiene que ser cuidada, mantenida, masajeada,

atendida de la mejor manera,

hasta que se considere a sí misma carne.

Un producto.

Hasta que provea futuros productos.

Hasta que sean arrancados de ella

y se lleve al matadero por propia voluntad.

Eso hizo Marisela, ¿no?

¿Pero en cuánto está la carne?

¿Los huevos, la leche, los panes que crecen en el horno?

A cuarenta y tres el sándwich.

¿Por qué?

No sé. No recuerdo.

¿Pero no se ve el huevo en el pan, verdad?

No se ve la sangre en el jamón, ni se escuchan los chillidos del pollo.

Quiero comer bien y, ¡oye! ¡cht, cht!

¡Te estoy hablando!

Perdón, no lo había escuchado.

Tak, tak, ¡a ver a qué hora!

Disculpe, tenemos poco personal.

¿Pero qué no ves qué hay muertos por todos lados?

¡Sólo escoge uno y ponlo a hacer algo!

¡Flojos!

Disculpe, intentaremos brindar el servicio más rápido.

Van a empezar a apestar dentro de poco.

Y lo mueve con la punta del pie.

Y dentro de ti hierve todo.

Ves rojo.

Te silban los oídos.

El té está listo.

Tienes atrasados seis capuchinos y tienes que cantar lo de cocina.

Te preguntas si preferirán el son de la salsa o del narcocorrido.

Sólo tres horas más, suspiras, mientras lavas trastes.

Revisas esa foto del café que tu amiga subió hace dos minutos.

Y te llega el mensaje:

“Muertos en la 12”

¿Y Sofía?

¡Chop, chop! Te encamotas muy fácil.

No es mentira.

Trabajas turnos de 10 al día,

lavando trastes, trapos, tripas y tristezas.

A estas alturas sabes que el alcohol correcto hace maravillas.

Te entregas al que más arde. 

Concentras el dolor en otro lado:

lo filtras, lo destilas y lo sirves con un perico de limón.

Y sigues adelante, recogiendo muertos,

lavándolos,

dejándolos presentables y oliendo a rosas.

Sólo así, maquillados,

fingiendo que luego los regresarán vivos,

es como en palacio no los repudian.

Y atiendes a la siguiente persona con una sonrisa.

No, no sé preocupe, no se ve nada.

Sí, puedo quitarle lo que no le guste.

Pones unas lindas flores naranjas al centro y sonríes.

Tú sólo eres el inter-medio.

Reemplazable.

Y si no te gusta que te traten como perra,

Tal vez uno podría hacer tu trabajo mejor que tú.

Vendería más. Protestaría menos.


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