Libertad

Actualizado: 21 abr 2021

No me dañaron los cristales,


ni las paredes pintadas,


ni las banderas incendiadas,


me dañaron tus palabras,



me dañaron tus golpes,


me dañó tu indiferencia


me dañó tu misoginia,


me dañaste tú



y tu crítica sobre mi cuerpo,


me dañó que me arrancaran a mi madre,


a mis amigas, a mi abuela,


a mis sobrinas, a mis primas,



a todas las mujeres


que no conocía pero sabía que existían,


me dañó tu mirada lasciva,


me dañaron tus celos,



me dañó tu posesión,


me dañaron tus cadenas,


me dañó tu autoridad,


me dañaron tus castigos,


me dañó tu represión,


me dañaron tus falsas noticias sobre mí,


me dañaron tus palabras asfixiantes,


me dañó que me señalaras a mí


y no a tu amigo que me violentó.



Me dañaste, tú,


cuando dije que pararas y no lo hiciste,


me dañó tu silencio cuando pedí ayuda,


me dañaste, tú, mujer,


que le creyó más a un hombre


que a su propia hija,


a su hermana, a esas mujeres


que fueron violentadas.



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