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La trilogía del sinsentido

EL CLICHÉ DE “tú eres arte”

i

Escribir, por ejemplo, un poema de amor inspirado en tus ojos; un ensayo sobre la belleza basado en tu cuerpo; una sonata virtuosa al compás de tu sonrisa; un cuento de hadas que tú protagonices; una tesis sobre los lunares de tu piel.

ii

Sea como sea siendo tú la fuente de mis enormes ansias por describirte, intentando plasmar tu arte, dejando un vestigio de un amor que pudo ser en otro tiempo, nuestro tiempo. ¡Pero qué idiotez! Si tú ya eres arte, a cada momento, el más grande arte, sublime, emocionante, no cabes en una sinfonía, en ningún tratado, ni en un mural, ni en un ensayo. Tristemente no cabes ni siquiera en mi corazón, pues lo desbordas de tan solo mirarte y si acaso he de amarte caeré muerto en ese mismo instante.



LOCURA

i

Últimamente no puedo pensar mucho. No puedo ofrecerle ni un poco de orden a mis esquemas mentales. Estoy perdiendo la cordura. En efecto, me estoy volviendo un loco. Estoy generando una locura que, sin embargo, arrulla, mese, abraza la irreflexión… Reflexión que se pierde en el poema de tus ojos… Poema que acelera mi corazón, desgraciado delator, manojo de nervios y vergüenzas… Poema que condiciona incluso mis sueños y me conduce a la agonía de despertar sin saberte mía.

ii

Despierto de mi sueño y te imagino bailando al compás de la lluvia, empapada de belleza y con un toque de melancolía, segura de tu encanto y frágil, cual lujoso cristal, ante las manos de la vida. Te soplo al oído un aliento prohibido, te deshaces como el viento y te cuelas en mis huesos dejándome un lamento. Me he dado cuenta que sigo soñando.

iii

Y entonces me levanto y te escribo para darme cuenta que a estas alturas yo ya he plenamente enloquecido y que tú, completa, eres una estrella junto a la luna…


Empiezo a creer que nada nunca

de lo que escribo

te hará justicia en tu belleza

que nunca nada, ninguna palabra,

será suficiente para plasmar

lo cuánto te siento; lo cuánto te quiero y te deseo.


Imagino una mariposa violeta posada sobre tu nariz,

recuerdo a las gotas de lluvia que recorrieron tu rostro,

que humedecieron cada rincón de tu cuerpo

y siento una tremenda envidia de ellas.

Quisiera ser esa lluvia e inundar tus ojos;

ser bebido por tu boca y absorbido por cada poro de tu piel

y volverme eterno adentro de ti.


Si tú no te mueves yo me quedo contemplando,

sin ninguna responsabilidad,

el brillo de tus ojos.

Si tú te quedas en donde estás yo me quedo sentado,

en el tope de tu corazón,

esperando cualquier temblor para arrogarme a tu abismo de carmín helado.


Imagino un colibrí dándote de besos

caer fulminado de tus labios mareado.

Recuerdo la sonrisa de tus manos, volverse un suspiro del pasado

y llenarme de caricias en el futuro.

En conclusión de todo esto,

y siendo bien concretito,

Solo quería decirte, en lenguaje certero,

que te amo.


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