La encrucijada de Stanislav Petrov

Veinte minutos:

Tiempo suficiente para muchas cosas.

Tomar un tren, llegar a casa, besar a tu pareja.

Dar un paseo a solas por una playa gélida.

Ver a oscuras y en silencio el inicio de una película setentera.

O tomar el lugar de Atlas y cargar con el mundo.


Diez minutos:

Las manos te sudan y la frente te tiembla,

la carga se hace más y más pesada,

hasta que de pronto ya no sólo cargas la oz y el martillo,

sino también la barra y las estrellas,

la corona rodeada de leones,

el sol rodeado de celeste,

al rojo sol naciente,

a la luna blanca con la estrella al lado,

y al resto de ojos y sonrisas

sin bandera alguna que los identifique.


Cinco minutos:

Los teléfonos no dejan de golpear tus oídos

y allá arriba algún coronel ha puesto precio a tu cabeza.

Todos esperan a que des la orden, oprimas un botón

y la tierra escupa misiles.

Sin embargo, no piensas en el botón,

ni en el comando, ni en el coronel,

ni en el precio que hay por tu cabeza;

piensas en una niña que debe estar jugando en un parque

al otro lado del mundo y en su madre que la mira desde una banca

y en el viento que mueve su pelo al igual que las hojas

y en el centenar de bichitos que habitan entre la hierba

y en los miles de seres unicelulares que pasean sobre todos los anteriores

y que, en Cuatro minutos, pueden pasar a descubrir

qué hay en el fondo de ese gigantesco abismo que llamamos muerte.


En Tres minutos la niñita puede dejar de saltar la cuerda,

voltear y ver un hongo gigante a la distancia,

a la par que una onda expansiva

se traga como ácido su pelo, su piel, sus músculos,

hasta no dejar (y eso si bien le va) algunos fragmentos de su osamenta;

y lo mismo le pasará a la madre, y al perro que pasea olfateando flores,

y a todos los insectos que ven cómo sus antenas son arrancadas y llevadas por el viento,

hasta que aterrizan en un lugar completamente distinto.


El Tres se vuelve Dos mientras tiemblas,

el Dos en Uno mientras piensas

y el Uno en Sesenta mientras te repites

que debe ser un error,

que en todo este tiempo sólo has visto

60 o puede que 59 estrellas en los 58 km alrededor de la base,

aunque puede que la respuesta se encuentre en los otros 57 que no se alcanzan a ver.

56 personas esperan que contraataques, 55 te apoyan en silencio,

mientras 54 rezan por que tengas la razón.

53 son las veces que piensas en 52 razones para mantenerte firme.

Piensas en las 51 personas que te dijeron que no lograrías nada,

en las 50 que creen en ti, en las otras 49 que te caen bien,

en los 48 amores perdidos, en las 47 veces que te enamoraste de una desconocida en la calle y que jamás volviste a ver,

en las 46 veces que olvidaste qué pasó ayer y en las 45 que te prometiste no volver a tomar.

Recuerdas las 44 veces que lo hiciste con tu esposa antes de que se casaran,

las 43 veces que se dijeron “te amo” abrazados a oscuras,

las 42 razones por las que la elegiste a ella.

Las 41 personas que te consideran su amigo,

las 40 que te odian, las 39 a las que les gustaría abrirte la garganta,

las 38 que te darían la suya si eso pasara.

Tratas de recordar otras 37 veces en que el mundo estuvo a punto de acabarse,

pero solo logras recordar 36, donde sólo en 35 se tuvo conciencia de ello.

Se te ocurren otras 34 formas en que todo puede terminar.

33 de ellas no te involucran, pero aun así 32 te ponen triste.

En el 31 sufres un colapso porque te das cuenta de que sólo quedan 30,

que se vuelven 29 y luego 28 en un santiamén a pesar de que se sienten tan largos, como si cada uno durara 27.

26 gotas de sudor aperlan tu frente, a la par que 25 aguantan las ganas de salir corriendo a pasar los últimos momentos con su familia, conscientes de que 24 no llegarán a tiempo y el 23 sólo logrará verlos, mas no hablarles ni tocarlos.

En 22 hospitales, 21 bebés nacen, a la par que 20 ambulancias llegan a 19 zonas de la ciudad; donde irremediablemente mueren 18: 17 por causas naturales (16 por vejez).

15 parejas se dan lo que puede ser su último beso (14 hace mucho que se lo dieron).

13 niños abrazan a sus madres,

12 hombres les lloran a distintas tumbas.

11 parejas de ancianos recuerdan la vida mediante un álbum

que de a poco se llena de rostros que hace tiempo dejaron de respirar.

Todos ignoran que les quedan 10.

De un problema que lo iniciaron los intereses de 9,

de los cuales 8 su rostro no es conocido.

7 personas agarran su pistola, de las cuales 6 pretenden matarte.

5 no dudarían en presionar el botón,

no comprenden lo que significaría que tan sólo 4 misiles salieran por error.

El mundo se partiría en 3 millones de escombros.

2 polos recargan su destino

sobre sólo 1

que después de todo, decidió creer en nosotros,

los que fueron, los que son y los que serán: humanidad.