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El misterio de la esperanza; ecos de Gabriel Marcel

A veces me pregunto si el sol se preocupa porque algún día dejará de brillar. Quizá por eso hay días en que irradia, ilumina y calienta más que en otros, porque piensa en eso, se angustia y decide brillar más, como si esa pudiera ser la última vez que lo hiciera… Me imagino esto cuando pienso acerca de la muerte, porque es cierto que también las estrellas mueren. Tema escabroso y de difícil abordaje que, sin embargo, siempre está presente, no sólo porque todos algún día nos enfrentaremos a ella, sino también porque no podemos hacer nada para evitarla, ni mucho menos para evitar el dolor que nos produce su repentina aparición, manifestada por el silencio que dejan las almas de nuestros queridos al dormir para soñar y no despertar nunca más.

Tristeza, dolor, melancolía… todas danzan juntas siempre alrededor de la muerte, y por ello hacemos hincapié en ella; pero el tema que ahora nos atañe no es, propiamente, ninguna de éstas, pues el motor de este escrito ha de ser más bien aquello que nos permite, por momentos, hacerlas nuestras y sentirlas como potencias de algo más, como impulsoras de una superación que nos lleva a los lindes del alma que se rasga para ser libre y alcanzar la paz: la esperanza.

Hubo un filósofo, nacido en el París de 1889, que intentó abordar el concepto, el tema, el problema de la esperanza, y que logró hacer que ésta habitara en el corazón de su pensamiento. También dramaturgo, Gabriel Marcel experimentó los tiempos calamitosos del siglo XX, la tragedia en la que naufragó la fantasía del progreso científico y tecnológico, el invisible clima árido en el que puede llegar a habitar la vida humana, la decepción…