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Objeto de deseo: eterno forastero

“Ensimismada

Sola

Vacía

En paz

De nadie.”

Cerrada noche humana, Idea Vilariño

 

 

Fragmentos de una mujer ajena. Una mujer extranjera de sí misma… la “feminidad” hecha pedazos, mutilada, tan dispersa que desgarra el límite corpóreo. Las pesadas y frías piezas de porcelana desordenadas, voluminosas. Cómo dominó, sin haber caído en un orden específico, pero a la vez evidentemente premeditado.


La figura con atributos femeninos que se nos presenta en la foto parece estar incompleta, sin embargo, mirar por 5 minutos seguidos La poupée (1935) de Hans Bellmer son suficientes para que el espectador (pero especialmente la espectadora) complete y dé sentido al discurso que comenzó el artista. Materializa la pesadilla de la deformación corpórea, pero ¿cómo ha llegado hasta ese punto?


Ya se han traído a la luz dudas sobre la capacidad del cuerpo para contener el alma, el espíritu e incluso la psique del ser humano… así se han creado los abismos románticos en los que nos gusta sumergirnos con frecuencia. Sin embargo, es necesario que se reflexione en mayor medida en dónde se integra o hacia dónde se desbordan las percepciones externas que, inevitable y desgraciadamente pasan a formar parte determinante de la concepción personal. Es decir, preguntarnos cómo es que internalizamos (y paulatinamente somatizamos) las impresiones, apreciaciones e imposiciones provenientes del otro.


Para Bellmer, amante de Freud era menester que sus obras, aún con deformaciones delirantes, fueran un objeto erótico pues traería así a foco lo oculto, lo que, según el padre del psicoanálisis, se refleja en el inconsciente. Pero ¿qué pasa con ese objeto de deseo? Claro que en este se imprimen los anhelos caprichos y pasiones. Mismos cambiarán para siempre su composición óntica pues, ya no sería lo que cree ser en sí misma, sino estará, su esencia, estipulada por quien la ansía.


Así entonces, Hans Bellmer hace protagonista a la anatomía femenina mutilada por las circunstancias exógenas que se han adherido a lo que encierra: Una mujer, una mente, un alma, espíritu, un inconsciente. Un ser que puede llegar a sentirse mitificado por lo que le han dicho “debe”, “necesita”, “tiene” que ser; cómo existir, para quién vivir, si es suficiente o si es demasiado.


De esta manera comienza la histeria, la contorsión y el insoportable rompimiento entre lo físico y lo espiritual, pues no es más algo familiar, se transforma en algo irreconocible, grotesco y totalmente ajeno. Se vuelve una representación de Hans Bellmer que te confronta una y otra vez, te reta a buscar y recoger los fragmentos dispersos de tu ser visible e invisible. El espectador (pero especialmente la espectadora) queda desarmado ante el ineludible espejo del creador polaco.


Hans Bellmer (Katowice, Polonia, 1902 – París, Francia, 1975). La Poupée, 1935. Impresión de gelatina de plata sobrepintada con témpera blanca. 65.6 x 64 cm.
Hans Bellmer (Katowice, Polonia, 1902 – París, Francia, 1975). La Poupée, 1935. Impresión de gelatina de plata sobrepintada con témpera blanca. 65.6 x 64 cm.

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