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El realismo mágico y la infinita batalla entre la represión de Hispanoamérica contra el falso sueño

La idea de sentarme a escribir en vez de leer me parecía absurda.

Abrir un libro era empezar una aventura inesperada. Yo quería ser

bailarina o general. Sin embargo, mi padre creía que podía escribir

por mi afición a la lectura: en ese caso, decía, todos en casa

deberíamos de ser escritores.


Con esas oraciones la novelista, dramaturga, guionista, periodista y escritora Elena Garro logró avivar en mí una curiosidad ingente que dio por encetar en mí un hambre voraz, capaz de tragarse todo a su paso. Esa carta que ella escribió el 29 de marzo de 1980 a su amigo Emmanuel Carballo, fue lo que bastó para que pudiera sumergirme dentro de ese mar de palabras. ¿A qué se le debía tal pensamiento u ocurrencia? Si es que así le quieren llamar. Yo, siendo escritor, pensaba en cuan cierto era eso. Todos podemos ser escritores. Algo casi divino ―a mi parecer― como aquel mismísimo versículo de la Biblia que elucida el mandamiento de que todos somos llamados a ser santos. ¿Quién puede pelear contra el destino? ¿Contra Dios? ¿Contra lo místico y lo divino? Aunque viniese de cualquier otro lugar, fuera de la índole cristiana. Bien así, Garro se sirve de esta carta para hablar de su primera obra publicada y la cual marcó con gran importancia la historia de la literatura mexicana e hispanoamericana. Todo esto sin ella saberlo, pasando desapercibida detrás de sombras y oscuras manchas de brea que claro, al suponerlo, puedo confirmar que eran masculinas.


Ahora, para dejar en claro la aparición de mi extraña de curiosidad ante esta carta, es necesario hacer una pausa y unir a Garro con un punto que llevaba tiempo undulando entre mis sesos. Aquella absurda idea con la cual me había topado rato atrás y hacía eco en mi cráneo. En ciertas lecturas con las que me había topado dictaban que el término de realismo mágico se le atribuía al continente europeo, esa cuna del conocimiento y venero de la ―supuestamente― “Ilustración”. De ahí mi afán por buscar, investigar y saber más al respecto porque si bien sabía que aquel término de hecho se le atribuía a un escritor hispanoamericano, aquello que leí se me hizo extraño. Y así es como puedo explicar el cómo llegué a parar frente a las obras de Elena Garro, un camino fortuito y empedrado.


Aunque estos dos hechos parecen ajenos a sí, Garro y el realismo mágico, junto con su pelea en contra de la idea que la “iluminación” y el verdadero conocimiento vienen de Europa, tienen más en común de lo que la gente cree. Mucho más allá de mi rebusca que me llevó a la magnífica escritora, primero se debe de empezar por el principio para no crear una mezcolanza: para esclarecer mis ideas primero tengo que definir bien el concepto y de ahí ligarlo a mi punto de partida. Siempre me gusta empezar por el final para acabar en el comienzo.


En palabras de Sandro Abate, el realismo mágico fue un movimiento nacido en Latinoamérica que presentaba una imagen plurivalente de lo real y que al mismo tiempo se oponía a la previsibilidad del discurso realista[1]. En otras palabras, trata de plasmar lo cotidiano irrumpido por lo extraño y lo peculiar, algo así como una mirada de la realidad en donde tienen cabida singularidades y peculiaridades[2]. La creación de la corriente puede explicarse con los sucesos que transcurrían en Latinoamérica en aquel entonces, por ejemplo, la autora María Achitenei, señala que ésta no fue más que una posible respuesta ante la crisis religiosa del siglo XX. Algo que buscaba llenar el vacío que las nuevas dudas acerca de sus “sentimientos ancestrales” estaban dejando, por lo tanto, el carácter experimental y afectivo que el realismo mágico compartía era capaz de asumir un papel ideológico que la religión había perdido[3]. Se podría decir que más allá de una escuela nueva para la literatura, el realismo mágico fue una manera de sobrevivir al caos de un siglo y una herramienta útil para la nueva búsqueda de la identidad cultural del ser hispanoamericano. Después de la conquista y la independización del continente americano, la gente buscaba formas nuevas de como mostrarse ante la sociedad “ilustrada”. Porque después de todo, ¿quiénes eran? Esa fue la pregunta que impulsó el movimiento hacia el encuentro de una respuesta aparentemente inexistente.


De esta manera la lucha entre clases, entre conquistados y conquistadores, pintaban por completo los pasos del movimiento que desde una primera instancia trató de cortar lazos con aquella idea de la subordinación por parte de los países hispanohablantes. Más allá de la búsqueda de una nueva identidad, la escuela se vio envuelta en discusiones tales como si pertenecía o no el mérito de su existencia a pensadores europeos. Aquella baldada generalización de que todo conocimiento proviene de los países europeos porque ¿de nosotros? Eso jamás. La explicación más lógica sería que cualquier tipo de información deriva de nuestros vecinos.


La autora e investigadora Gloria Bautista, hace un buen recorrido de este supuesto hecho. Ella explica que, en 1925, un crítico alemán, Franz Roh, acuñó el término para explicar la pintura post-expresionista. Seguido de eso, en 1931, Massimo Bontempelli, lo empleó para referirse al dualismo entre realidad y misterio, a la magia escondida entre la materia y la atmósfera mágica que se puede sentir sin verse[4]. Pero para Roh era algo mucho más marcado, pues él lo concebía como el procedimiento de realización de adentro hacia afuera para desentrañar el misterio que se esconde y palpita en el mundo[5].


No fue sino hasta el año de 1948 que el escritor venezolano Arturo Uslar Pietri utilizó el concepto enfocado hacia la nueva literatura latinoamericana que surgió durante esos años y que fue percibido como algo propio y originario de la cultura local[6]. De esta forma, el escritor y ensayista defiende que la corriente es meramente latinoamericana a diferencia de como otros intelectuales pensaban: que había nacido en Europa. Él defiende el término y hace la aclaración de que el realismo mágico que propone es una contestación a una tradición literaria que describía e imitaba a Latinoamérica. Que era cierto que existían movimientos como el romanticismo latinoamericano, el modernismo, indigenismo, surrealismo y costumbrismo, pero según el autor, nunca lograron hacerse cargo del universo complejo de la realidad latinoamericana[7].


Por lo tanto, el realismo mágico proponía más que una “fantasía escapista”, sino que englobaba y trataba de explicar la magia que los escritores y postuladores de esta escuela observaban en Latinoamérica. Sin mencionar que de forma inconsciente estos ingresaban a una lucha silenciosa para ganar la nacionalidad del término porque incluso después, se creía que éste provenía del surrealismo francés como lo mencionaban ciertos escritores. Sin embargo, había otras teorías como la de Alejo Carpentier, quien la expresó en la fórmula de lo real maravilloso y quien defiende la verdadera originalidad del arte latinoamericano, explicando que esto difiere por completo de lo “maravilloso europeo”[8]. Él cree que este milagro latinoamericano es autentico porque tiene como bases la misma cotidianidad y realidad del continente, ganando peso a favor de su postulación. Explicando que el movimiento es valioso e importante porque encuadra aquel costumbrismo mágico que caracteriza a los países latinos y que no necesita nada más para considerarse valioso. Es válido por sí mismo porque se sostiene de cosas reales y hechos verídicos. Algo así como una paradoja cíclica en la que explica que la corriente gana peso por las características que en ella misma se enlistan.


De ahí fue como acabé frente a la escritora Elena Garro que para mi sorpresa fue una de las principales autoras del realismo mágico con su primera novela Lo recuerdos del porvenir (1963). Después de la línea del tiempo del término y esa discusión de saber si ceder esta victoria al continente continuo o si seguir defendiendo lo que es nuestro. Y eventualmente, así es como he concluido que ―para mí― la escritora es una de sus principales exponentes a diferencia de otros intelectuales que prefieren hablar y exaltar a personajes como Juan Rulfo o Gabriel García Márquez dentro del área. Para mi hace más sentido darle el lugar a Garro, con toda la historia y trasfondo que he planteado parece correcto. Porque si vemos el concepto como una bandera revolucionaria, una ola que intenta apartarse de la falsa “ilustración” de los países europeos, para mí hace demasiado sentido que una mujer como Elena Garro sea quien defienda y sostenga este mástil. Si no, ¿quién más? Al fin de cuentas es una batalla infinita y ella mencionaba que soñaba con ser general. Tal vez por fin se ha cumplido su deseo.



Bibliografía:

Abate, Sandro. “A medio siglo del realismo mágico: balance y perspectivas,” Añales de

Literatura Hispanoamericana 26, no. 1 (1997): 145-159.

Achitenei, María. “El realismo mágico. Conceptos, rasgos, principios y métodos,” Boletín

electrónico de la Asociación de Egresados y Graduados PUCP 11, (2005): 1-12.

Bautista, Gloria. “El realismo mágico: historiografía y características,” Verba Hispánica 1,

no. 1 (1991): 19-25

Carpentier, Alejo. El reino de este mundo. México: Compañía General de Ediciones, 1973.

Imaginario, Andrea. “Realismo mágico.” Cultura General. Consultado el 7-7-2023.

Kofman, Andrey. “Las fuentes del realismo mágico en la literatura latinoamericana,” La

Colmena, no. 85 (2015): 9-17.

Vela, Fernando. “Realismo mágico: problemas de la pintura europea más reciente de Franz

Roh,” Revista de Occidente 16, (1927): 274-301.


Notas [1] Sandro Abate, “A medio siglo del realismo mágico: balance y perspectivas,” Añales de Literatura Hispanoamericana 26, no. 1 (1997): 146. [2] Andrea Imaginario, “Realismo mágico.” Cultura General, consultado el 7-7-2023, https://www.culturagenial.com/es/realismo-magico/ [3] María Achitenei, “El realismo mágico. Conceptos, rasgos, principios y métodos,” Boletín electrónico de la Asociación de Egresados y Graduados PUCP 11, (2005): 2. [4] Gloria Bautista, “El realismo mágico: historiografía y características,” Verba Hispánica 1, no. 1 (1991): 19. [5] Fernando Vela, “Realismo mágico: problemas de la pintura europea más reciente de Franz Roh,” Revista de Occidente 16, (1927): 274. [6] Andrey Kofman, “Las fuentes del realismo mágico en la literatura latinoamericana,” La Colmena, no. 85 (2015): 10. [7] Imaginario, “Realismo mágico”. [8] Alejo Carpentier, El reino de este mundo (México: Compañía General de Ediciones, 1973), 3.

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