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Los libros como peligro para la fe: El Índice de libros prohibidos de la Inquisición

Actualizado: 30 abr 2021

La Inquisición tenía una poderosa arma contra los disidentes: el “Índice de libros prohibidos” (Index Librorum Prohibitorum), el cual duró cuatro siglos. Era un listado de libros que, según la Iglesia, se consideraban dañinos para la fe, ya sea por tener erotismo, ideología marxista, carecer de virtudes capitales, hacer difusión de materialismo filosófico, burlas a la Iglesia –o a sus integrantes–, nihilismo, desesperanza, herejía o deficiencia moral; por ello “condena frases, imágenes, títulos y autores”[1]. Fue en 1559 que salió la primera edición oficial en Roma por obra de la Inquisición romana y bajo la observación de Pablo IV, quien antes de ser Papa fue inquisidor supremo, luego se siguió editando con Pío V y la Congregación de la Inquisición romana.


Como la Inquisición, el índice papal tenía antecedentes: “Los sumos pontífices y obispos consideraron desde tiempos inmemoriales su deber sagrado y derecho divino de censurar, prohibir y aniquilar toda obra teológica, científica o literaria que les pareciera inconveniente”[2], los primeros sacerdotes cristianos se esforzaron en eliminar la literatura griega y romana, posteriormente, con el texto canónico de la Biblia, las demás variantes o apócrifos se desecharon. Pasó lo mismo con obras de los heresiarcas del cristianismo primitivo y Edad Media.